Patrocinado por

La carta de Zoido con la puja por BME ve la luz una década después

Acepta una integración, presionada por la 'Tasa Tobin' española, sin lograr despegar en beneficios y con Antonio Zoido ya sólo con cargo institucional

El pasado mes de junio se cumplieron 13 años desde que Bolsas y Mercados Españoles (BME) registrara su folleto de salida a bolsa. Aquella operación, liderada por el entonces presidente ejecutivo del grupo, Antonio Zoido, vino acompañada del morbo de que, el post- debut, estaría protagonizado por una oferta de adquisición.

Más de una década después, con Zoido habiendo traspasado hace muy pocos meses los poderes ejecutivos a Javier Hernani, actual consejero delegado, y con la amenaza de una ‘Tasa Tobin‘ española flotando en el aire, que podría reducir los volúmenes de negociación de la bolsa nacional, la oferta por fin se ha convertido en realidad.

La bolsa suiza, Six Group, por ahora ha puesto sobre la mesa más de 2.800 millones en efectivo para tomar el control de BME, lo que supone una prima superior al 30% sobre el precio de cierre en bolsa el viernes de la compañía.

Desde Finanzas.com no descartan que llegue otra ofertaEuronext confirmaba la mañana del lunes que había mantenido contactos con el consejo de administración de la española-, pero la de la firma suiza ya cuenta a priori con el respaldo del consejo de administración, que ha valorado el precio ofrecido como “razonable” y calificado el acercamiento como amistoso.

El mejor ejemplo de que existe fair play, es que Six Group será indemnizada con un 0,5% del importe de la oferta, si se liquida otra competidora. Sería un importe testimonial (14 millones de euros), pero ya suficiente para escenificar que se han producido conversaciones entre comprador y adquirido. De acuerdo con la ley de ofertas públicas de adquisición, se podía haber fijado hasta una comisión del 1%.

En las últimas horas, además, se han vuelto a disparar los rumores de que el primer pretendiente que le salió a BME hace una década, Deutsche Börse, también podría replantearse su interés por la española. El gigante germano, que sufrió el veto de la Comisión Europea a su fusión con la London Stock Exchange hace unos años, era el que rondaba a la española en 2006, tal como esta reconocía en la documentación de su oferta pública de venta (OPV).

Deutsche Börse podría mantener su interés por BME trece años después de su famosa misiva

“El pasado 30 de mayo, Deutsche Börse se dirigió mediante carta a BME manifestándole su interés en entablar un diálogo con el fin de explorar posibles vías para combinar sus respectivos negocios. Se trata de una iniciativa unilateral de Deutsche Börse, de la que la Comisión Ejecutiva tuvo conocimiento el 15 de junio de 2006 y acordó que cualquier acción al respecto quedaría aplazada, en todo caso, para después de la salida a Bolsa. Asimismo, el consejo de administración de BME tomó conocimiento de la citada carta en su reunión del 15 de junio de 2006, sin haber formulado contestación alguna”, señalaba el documento registrado en la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

De hecho, esta expectativa (y el escenario macroeconómico previo al estallido de la crisis) tuvo en parte la culpa de que entonces no llegara la prevista opa. Aquellas especulaciones ayudaron a BME a alcanzar su récord en valor de mercado el año después de su debut en bolsa, cuando rozó los 4.300 millones. En 2015, conquistó un segundo pico, al superar los 3.500 millones, pero el valor medio en su historia como cotizada (2.200 millones) es inferior al de la oferta presentada el lunes por Six Group.

BME, rentable para una adquisición

Bolsas y Mercados Españoles conserva más de una década después una las principales característas que la convertían antes de la crisis en una empresa muy atractiva para un comprador: una situación financiera muy desahogada, que le permite obtener una rentabilidad por encima de la media (su ROE en los nueve primeros meses del año superó el 30%). Esto facilita que los compradores puedan ofrecer una buena prima y pagar una operación en efectivo.

Su rentabilidad hasta septiembre fue del 31,2%, frente al 18,6% del sector

En lo que, sin embargo, no ha tenido el mismo éxito es en hacer crecer al grupo. La lucha de Antonio Zoido, presidente ejecutivo durante diecisiete años, por mantener la independencia de BME a fuerza de tratar de consolidar nuevas líneas de negocio no ha tenido el efecto esperado: ni el Latibex, ni el Mercado Alternativo Bursátil, que en su corta vida ya ha vivido una fuerte crisis por el escándalo contable de Gowex, ni el MARF han sido suficientes para acelerar la cuenta de resultados.

De hecho, sus beneficios e ingresos se han quedado estancados. En 2007, de acuerdo con datos de Bloomberg, el grupo español marcó su récord en las dos magnitudes con 223,9 millones y 376,9 millones, respectivamente. En contraste, las previsiones del consenso de analistas apuntan que este año tenía muchas cartas para ser uno de los peores de su historia como cotizada, con un beneficio de 125 millones y unos ingresos de 284 millones.

Si a esta debilidad le sumanos la posible tasa sobre Transacciones Financieras que podría recuperar el gobierno de coalición de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, la tentación de aceptar una oferta mejor ahora que en un año parece grande. Probablemente, Corporación Financiera Alba, que es su principal accionista, ha sido sensible a ello, y ha comprendido que es una forma de hacer caja más rápido, que poner en marcha los planes de crecimiento que había anunciado; más, con la sospecha de que la economía se está frenando.

BME desarrolla un negocio cíclico, muy ligado a la evolución de los volúmenes de negociación y la implementación de este nuevo impuesto -especialmente si no se hacía de forma conjunta con toda Europa- se ve como un factor adicional para retraer el dinero negociado en el mercado bursátil.

La compañía había solicitado rating para emitir deuda y facilitar su expansión, por ejemplo mediante adquisiciones, pero a lo largo de la búsqueda de candidatos ha optado por cambiar de papel y volver al que le ha otorgado el mercado durante toda su vida como cotizada.

El Ejecutivo español, sin embargo, tendrá que dar su visto bueno a la operación. Como sucedió con la adquisición de Abertis, BME es una empresa estratégica para España. Sebastián Albella, presidente de la CNMV, ya dejó entrever que podrían imponerse algunas condiciones. La suiza, por si acaso, ha puesto sobre la mesa algunos planes claros que aseguren, al menos temporalmente, de su españolidad.