Christine Lagarde tomó el testigo de Mario Draghi en la presidencia del BCE en otoño de 2019. EFE/EPA/BERND KAMMERER / POOL

El coronavirus somete a Lagarde a su primera gran prueba de fuego

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La falta de visibilidad sobre las medidas que tomará la banquera central el jueves animan a los inversores a atacar a algunos bancos europeos

Cristina Triana

Economía Digital

Christine Lagarde tomó el testigo de Mario Draghi en la presidencia del BCE en otoño de 2019. EFE/EPA/BERND KAMMERER / POOL

Madrid, 09 de marzo de 2020 (04:55 CET)

Mario Draghi ha pasado a la historia por su célebre frase de 2012 "haré lo que haya que hacer, y créanme, será suficiente". Aquel año, el ex presidente del Banco Central Europeo (BCE) respondía de esta manera a la pregunta de qué haría para asegurar el euro, en un contexto de máxima tensión para la Eurozona por la crisis de la deuda griega. Siete años después, los mercados están echándole de menos, porque no saben si Christine Lagarde será igual de contundente este jueves.

Draghi se inventó durante su mandato el programa de recompra de bonos del BCE -entre ellos de deuda soberana- y llevó por los tipos de interés en la zona euro a terreno negativo. Además, supo entender el lenguaje de los mercados y muchas veces, solo con insinuar medidas, supo convencerles de que se movieran como le interesaban. Además, se dice que durante su mandato remó para su casa -Italia-, beneficiando indirectamente a España y al resto de PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España).

Pocos meses después de la salida del italiano, la crisis del coronavirus está pidiendo a Christine Lagarde que también escriba alguna frase para la historia. Los inversores la están retando con una fuerte corrección en la bolsa; en lo que parece un desafío para tomarle la medida. La banquera central prometió tener su propio estilo y, a la espera de su intervención el próximo 12 de marzo, cuando el BCE revisará su política monetaria, por el momento han sido otros los que han ido hablando por ella.

El presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, que sonó para presidente del banco central, reconocía hace pocos días que el coronavirus era un riesgo para la economía, pero insistía en que el precio del dinero en la zona ero era acomodaticio. En una entrevista con Bloomberg también recordaba que el mandato del BCE está ligado con la estabilidad de los precios, resucitando fantasmas del pasado.

Durante el mandato de Draghi, el ala dura del BCE, en la que se encuentra Weidmann, estuvo bastante silenciada, pero uno de los temores es que su influencia en Lagarde sea mayor, como sucedió durante del mandato de Jean Claude Trichet. El galo subió los tipos de interés en 2011, a pesar de la debilidad de la economía, para controlar los precios. Ese movimiento actuó como antesala de la crisis de la deuda soberana.

Christine Lagarde es un interrogante

El BCE hasta el momento solo ha hecho un comunicado sobre el coronavirus, lo que contrasta con la decisión la semana pasada de la Reserva Federal (Fed) de bajar el precio del dinero en Estados Unidos de imprevisto y fuera de una reunión; algo que no sucedía desde la caída de Lehman Brothers. Otros bancos centrales, como Australia o Japón también han dado el paso.

"El brote de coronavirus es una situación de rápido desarrollo, que crea riesgos para las perspectivas económicas y el funcionamiento de los mercados financieros. El BCE sigue de cerca la evolución y sus implicaciones para la economía, la inflación a medio plazo y la transmisión de nuestra política monetaria. Estamos preparados para tomar medidas apropiadas y específicas, según sea necesario y acorde con los riesgos subyacentes", señaló en un comunicado el pasado 2 de marzo.

Sin más pistas, y con una oleada de revisiones a la baja de las expectativas de crecimiento económico (Bank of America, Goldman Sachs, S&P o Moody's han reducido sus expectativas para la zona euro en los últimos días), los inversores están poniendo pies en polvorosa de las empresas turísticas y también de la banca.

Aunque las pérdidas del sector bancario español fueron significativas la semana pasada, el mayor castigo se lo están llevando la banca italiana -el país de la zona euro con un mayor número de casos-, pero también la alemana o la francesa. Por ejemplo, el italiano Banco BPM, expuesto a la zona más afectada de Italia, fue el peor banco entre los principales europeos la semana pasado (aquellos que forman parte del índice Stoxx 600 Banks), con una caída que rozó el 24% en cinco días.

Los hedge funds están sacando partido a esta inestabilidad y varios han abierto posiciones para aprovechar las posibles caídas en el BPM, como Citadel, que ya casi rozarían el 5% del capital. Junto a él, el alemán Commerzbank, y los franceses Natixis y Société Générale, se han dejado más de un 15% las últimas sesiones en bolsa.

Bajada de tipos de interés, compra de activos y cortafuegos bancario

Ante la falta de precedentes sobre la actitud que la ex gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) puede adoptar el próximo jueves, se barajan muchas posibles medidas para el próximo día 12: reducción de tipos en la facilidad de depósito, hasta el -0,6%; un plan de recompra de activos más fuerte; o incluso una reducción del tipo de referencia, que ahora mismo se sitúa en el 0%.

Los inversores también esperan alguna iniciativa que mitigue el efecto de la posibles medidas de estímulo económico en la banca. En este sentido, auguran una mejora del modelo del sistema de protección, que se inauguró el pasado otoño. Desde entonces -y como una de las últimas medidas de Draghi- en vez de cargarles un 0,50% de interés sobre la reserva total de dinero en BCE, solo se aplica sobre los depósitos obligatorios y sobre el exceso de dinero a partir de que multiplique por seis el nivel anterior.

Solo la posibilidad de que se pusiera en marcha un modelo de contención, ya sirvió para frenar la caída del euríbor a 12 meses -sobre el que la banca española calcula una parte importante de los intereses de su cartera hipotecaria-. Este indicador marcó su nivel histórico más bajo en el -0,399% en agosto de 2019.

En las últimas semanas, en paralelo a la expansión del coronavirus ha regresado hasta mínimos de septiembre, al retroceder hasta el -0,362%; retrasando la recuperación de la tendencia a mejor de los ingresos bancarios que se esperaba para finales del próximo ejercicio.

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