Recuperación insuficiente para que la banca reduzca 220.000 millones de activos improductivos

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GRAN LASTRE, JUNTO A LOS TIPOS, EN LOS BENEFICIOS

Juan Carlos Martínez

Ana Botín, presidenta del Banco Santander, Francisco González, del BBVA, Isidre Fainé, de CaixaBank, i Josep Oliu, de Banc Sabadell.
Ana Botín, presidenta del Banco Santander, Francisco González, del BBVA, Isidre Fainé, de CaixaBank, i Josep Oliu, de Banc Sabadell.

desde Madrid, 22 de noviembre de 2015 (20:52 CET)

Las entidades financieras españolas continúan inmersas en la senda de recuperación iniciada hace dos años, con todos los márgenes mejorando, en líneas generales, por encima de los dos dígitos respecto al año anterior. Gracias sobre todo a la aportación de los negocios del exterior, la mayor caída del coste del pasivo frente a la rentabilidad del activo y una menor morosidad que reduce las provisiones por minusvalías.

Pero existe un dato, que sigue ahí acechando, y cuya disminución es mucho más lenta de lo que sería deseable, como es el volumen de activos improductivos. Sumando los créditosdudosos que mantienen empresas no financieras y particulares, a los adjudicados que entran en los balances por ejecuciones de las garantías tras impagos, los bancos españoles mantenían, hasta junio pasado, 224.000 millones de activos improductivos, casi el 9% de los activos del negocio en España.

Más o menos los que se contabilizarán a final de 2015, ya que la reducción a la baja de los dudosos se minorará con nuevas entradas, entre las que destaca las incorporaciones que ha tenido que efectuar el BBVA al consolidar en sus cuentas la integración de Catalunya Banc.

BBVA aumenta exposición por Catalunya Banc

En este sentido, al finalizar el tercer trimestre, la entidad presidida por Francisco González reconocía una exposición inmobiliaria neta, descontados los 12.827 millones de euros provisionados, de 12.835 millones, casi 300 más de los contabilizados al cierre de 2014.

A la vista de la desagregación que el Banco de España ha hecho en su último Informe de Estabilidad Financiera de estas variables, que lo único que hacen es presionar negativamente sobre las cuentas de resultados de las entidades mermando su generación de beneficios –no generan ingresos y solo consumen recursos y costes, tanto en provisiones como por su mantenimiento–, la mayoría llevan meses controladas. Pero, no todas.

50.000 millones menos de créditos dudosos

Parece clara la reducción progresiva de los créditos dudosos, que llevan camino de disminuir en cerca de 50.000 millones en 2015, dejando los 167.000 millones existentes al cierre del pasado ejercicio en el entorno de los 125.000 millones un año después.

Una bajada que se produce al ser mayores las recuperaciones que las nuevas entradas en mora (69.000 y 60.000 millones, respectivamente, entre junio de 2014 y junio de 2015), y también por la definitiva catalogación de activos dudosos como fallidos que, en ese periodo, fueron un total de 27.000 millones.

Pero resulta mucho menos consistente en la disminución de los activos adjudicados. Al final de 2015 seguirán estando por encima de los 75.000 millones de euros que se contabilizaban en junio de 2013, tras la definitiva transferencia a la Sareb de los activos problemáticos de las cajas que tuvieron que ser rescatadas.

Activos adjudicados erráticos

Estos activos adjudicados, procedentes de los impagos de los créditos promotores y de las ejecuciones de los préstamos hipotecarios que las familias no pueden afrontar, alcanzaron su máximo valor, 100.000 millones de euros, en junio de 2012 –un mes antes de que España se tuviera que acoger al programa de rescate impuesto desde Bruselas–, y se redujeron a esos 75.000 millones un año después, tras los traspasos al banco malo.

Pero la situación económica dejó en evidencia que esos activos problemáticos eran mayores, lo que motivó que hasta diciembre de 2014 los adjudicados en manos de los bancos se incrementaran hasta 82.500 millones de euros. Desde entonces, la disminución está siendo progresiva, pero muy tenue, de manera que acabará el presente ejercicio en el entorno de esos 80.000 millones.

26.000 millones en suelos sin salida

En el desglose de estos activos adjudicados, el peso del suelo sigue siendo muy elevado. Aunque se atisba una cierta reducción, motivada por la puesta en valor de algunos terrenos para satisfacer la incipiente recuperación del mercado inmobiliario, al final de 2015 los bancos seguirán teniendo en sus balances terrenos por valor de unos 26.000 millones de euros.

Las crecientes ventas de inmuebles también están provocando un descenso mantenido de los edificios terminados, que cerrarán el presente ejercicio en un valor inferior a los 20.000 millones. Los siete bancos cotizados lograban, hasta septiembre, vender activos inmobiliarios por 5.200 millones, y confían en cerrar el año con ventas conjuntas que rondarán los 7.500 millones de euros.

No obstante, estos descensos pronunciados en los activos adjudicados de suelos y edificios terminados, no acaban de ser tan potentes en el caso de las hipotecas y de los inmuebles que se quedaron a medio construir por culpa de la crisis. Todavía hasta junio de 2015 apuntaban incrementos interanuales del 0,5% y del 6,6%, respectivamente.

Ejecuciones hipotecarias de viviendas

En el caso de los activos adjudicados procedentes de ejecuciones hipotecarias de viviendas, la tendencia sigue siendo poco clara, alternando trimestres en los que esos activos aumentan con otros en los que se reducen. Hasta junio, el conjunto de las entidades financieras contabilizaba unos 17.500 millones en viviendas tras proceder al lanzamiento de las mismas de sus propietarios.

Junto a los bajos tipos de interés, este todavía elevado volumen de activos dudosos y adjudicados sigue presionando la rentabilidad de los bancos en España.

Aunque las entidades han vuelto a niveles positivos de rentabilidad sobre fondos propios (ROE), en el entorno del 5% para su negocio en España, siguen muy lejos de los que se registraban a mediados de la pasada década, y se sitúan por debajo del coste del capital, lo que plantea un reto a las entidades españolas en relación a su actual modelo de negocio.

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