Luces y sombras de la agroalimentación ibérica: superávit récord de España y déficit crónico de Portugal

La balanza comercial de productos agroalimentarios de España en 2023 superó los 15.500 millones de euros, cifra que se vería incrementada casi un 24% un año después, cuando se superaron los 19.200 millones, mientras que en Portugal el saldo negativo ambos ejercicios superó los 5.000 millones

Mujer comprando en un supermercado

Foto: Pexels

Cara y cruz en la balanza comercial de la península ibérica. Mientras España se posiciona como una de las principales potencias de la Unión Europea, solo superada por Holanda, Portugal presenta un “déficit crónico” en el sector que se ha ido agravando desde principios del milenio, tanto en productos agrícolas no procesados como en los procesados, así como en los pesqueros. 

Según los datos explicados por Fernando González Laxe, catedrático emérito de Economía Aplicada de la Universidade da Coruña y expresidente de la Xunta, durante la XXXIV Asamblea General del Eixo Atlántico, celebrada el pasado jueves, en la que presentó el Informe Socioeconómico Anual 2024 del que es autor junto a Arlindo Cunha, catedrático de Economía de la Universidade Católica do Porto y exministro de Agricultura en el Gobierno de Cavaco Silva y de las Ciudades en el Ejecutivo de Durão Barroso. 

En 2023 la balanza comercial de España superó los 15.500 millones de euros, cifra que se vería incrementada casi un 24% un año después, cuando se superaron los 19.200 millones. Situación diferente se ha registrado en suelo luso, donde la balanza comercial de productos agroalimentarios cerró el 2023 con un saldo negativo de 5.700 millones. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística portugués, esta cifra se habría recortado hasta los 5.120 millones. 

Gráfica con la balanza comercial agroalimentaria de la UE por Estado Miembro
Balanza comercial agroalimentaria de la UE por Estado Miembro. Fuente: Informe Socioeconómico 2024 Eixo Atlántico

“El saldo negativo medio en Portugal entre los años 2020 y 2024 en productos agroalimentarios aumentó hasta los 2.600 millones, lo que corresponde a cerca del 20% del déficit comercial entre ambos países y a casi la mitad del déficit agroalimentaria total de Portugal”. 

Tal y como apuntó Laxe, el comercio agroalimentario entre los dos países “es de enorme importancia, siendo España el principal destino de las exportaciones portuguesas de estos productos y al mismo tiempo el principal origen de sus importaciones”.

Balanza comercial europea 

La Unión Europea es uno de los mayores importadores y exportadores de productos agroalimentarios, alternando la hegemonía con Estados Unidos. En 2024 el saldo de la balanza comercial pasó de los 63.000 millones, resultante de los 235.000 millones de exportaciones y los 172.000 de importaciones. 

“Tiene una balanza comercial positiva en la mayoría de los productos de consumo masivo y, al mismo tiempo, en productos más indispensables para la nutrición humana, como carnes, cereales, frutas y verduras, así como otros productos como el vino y diversas preparaciones alimenticias”.

Por su parte, es deficitaria en los productos tropicales y subtropicales como café, cacao o bananas, así como en azúcar, trigo, oleaginosas o proteínas vegetales, especialmente aquellas destinadas a la alimentación animal (soja, girasol, cacahuetes, habas, garbanzos, guisantes o lentejas). 

Tendencias alimentarias

Fernando González Laxe también abordó durante la presentación las principales tendencias alimentarias actuales con especial énfasis en el creciente individualismo en los hábitos de consumo, algo que implica la personalización de los productos para satisfacer diversas necesidades y gustos; la segmentación del mercado; o una mayor sensibilización y conciencia sobre aspectos de la salud y el bienestar

Otra de las tendencias actuales está relacionada con el factor tiempo y la aceleración de los ritmos en una sociedad condicionada por la limitación de espacios y movilidad y una mayor conciencia del tiempo. La mayor participación de la mujer en el mercado de trabajo también estaría relacionada con las nuevas tendencias alimentarias en la medida en que supone un “reequilibrio de las funciones, tareas y contribuciones familiares”. 

A todo ello habría que sumar la mayor responsabilidad y compromiso con la naturaleza, lo que supone una mayor distinción por parte de los consumidores entre productos artificiales y naturales y una mayor apuesta por lo “bio” y lo “eco”. 

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