Cerco a PSA: investigación en Francia por ocultar emisiones contaminantes

Peugeot sigue los pasos de Renault y Volkswagen y es imputada por haber usado, presuntamente, un programa para encubrir las emisiones contaminantes; la compañía ha depositado 10 millones de fianza

Peugeot

Imagen de archivo de un Peugeot 2008 en la feria Bangkok International Motor Show 2021 / EFE (Diego Azubel)

Golpe a Peugeot en su país natal. La Justicia francesa ha abierto una investigación contra la marca del grupo Stellantis (antigua PSA) por la presunta utilización de programas para encubrir las emisiones contaminantes de algunos motores diésel de generaciones precedentes.

Se trata del mismo proceso que esta misma semana se abrió contra Renault y Volkswagen en el país vecino. Stellantis ha salido al paso de la noticia a través de un comunicado en el que explica que los jueces instructores que dirigen esas pesquisas la inculparon este miércoles por un supuesto fraude en la venta de vehículos diésel Euro 5 comercializados en Francia entre los años 2009 y 2015.

Stellantis, que abre la puerta a recurrir la medida, ha tenido que desembolsar una fianza de 10 millones de euros (8 millones por eventuales daños y multas y los otros dos por posibles costes de representación ante los tribunales) y ha presentado una garantía bancaria de 30 millones para hacer frente a hipotéticas indemnizaciones.

Fiat y Citröen, ¿tras los pasos de Peugeot?

Además de Peugeot, otras dos filiales (Citroën y Fiat), deben comparecer ante los jueces instructores de esta investigación, lo que abre las puertas igualmente a que sean objeto de acusaciones similares, aunque desde Stellantis aseguran que sus diferentes marcas están «firmemente convencidas de que sus sistemas de control de emisiones respondían a todas las exigencias aplicables entonces y siguen respetándolas ahora».

En este sentido, desde el consorcio que agrupa a las antiguas PSA Peugeot Citröen y FCA Chrysler, avanzan que cooperarán plenamente con la Justicia para resolver este asunto «rápidamente» y desmarcarse así del escándalo del llamado dieselgate. Este estalló en Estados Unidos, donde las autoridades encargadas del control de la contaminación se dieron cuenta de que Volkswagen había instalado programas para encubrir la contaminación de sus motores diésel en condiciones reales de conducción.

En concreto, esos dispositivos detectaban el protocolo de pruebas y en ese caso los motores trabajaban a un ritmo que permitía limitar las emisiones de partículas y respetar las normas de contaminación en vigor para, posteriormente, disparar las emisiones en condiciones normales de circulación.