Urovesa emerge como objeto de deseo de fusiones tras la ruptura entre Indra y Escribano
El crecimiento y la especialización de la compañía gallega de vehículos militares la sitúa como una alternativa deseable para los gigantes del sector, aunque la firma de Valga, con un accionariado familiar, nunca ha optado por la venta
Justo Sierra, CEO y presidente de Urovesa, explica que el Vamtac, el vehículo especial que fabrica su empresa, concentra cerca del 70% de la cifra de negocio de la compañía. Montaje fotográfico: Pablo Ares Heres
Urovesa, el gigante gallego pionero en la construcción de vehículos especiales, emerge como objeto de deseo de las grandes del sector en pleno boom del gasto en defensa. Más aún después de que, al menos de momento, la integración de Escribano Mechanical & Engineering en Indra haya fracasado. No obstante, distintas fuentes empresariales consultadas por Economía Digital Galicia dan por hecho que la familia Sierra, dueños y fundadores de la compañía con base de operaciones en Valga, no tienen ninguna intención de vender un grupo en plena expansión.
Inmersa en una hoja de ruta de crecimiento orgánico e inorgánico –a principios de año acordó la compra de Hispasat e Hisdesat fortaleciendo su rama de negocio espacial– Indra consideró estratégica la adquisición de Escribano Mechanical & Engineering. No obstante, el conflicto de interés evidenciado por el Gobierno derivado del hecho de que Ángel Escribano era, hasta este mes de abril, presidente de la compañía y copropietario de EM&E, tiró por tierra la fusión, un desestimiento que se comunicó a la CNMV a mediados del mes de marzo.
Desde entonces hasta ahora, no han sido pocas las voces dentro del sector de la defensa que aseguran que Indra mantiene abierta la posibilidad de crecer mediante la compra de otras empresas. Tal y como adelantó Economía Digital, en las quinielas figuran, como alternativas claras a Escribano, nombres como Oesía, Sapa, GMV –la dueña de la startup de Nigrán Alén Space– la zaragozana Instalaza y, también, la propia Urovesa. Sin embargo, muy pocas parecen abiertas a explorar una venta.
Interés por los vehículos militares
Pero, ¿Dónde radica el atractivo de la compañía gallega? Los números de Urovesa no son comparables a los de Escribano. EM&E cerró 2025 con una facturación de 488,3 millones y de 355 millones en 2024 frente a los 122 de la firma gallega, que, previsiblemente, habría ya sobrepasado en la actualidad los 150 millones en ingresos, a la espera de conocer sus datos relativos al último ejercicio. Pese a que su negocio es mucho más pequeño, es cierto que su crecimiento al calor de los contratos de defensa y su alta especialización en el área de los vehículos militares son un gran reclamo.
Durante la etapa de Ángel Escribano como presidente, Indra redobló su apuesta por lo vehículos militares y, al margen, trató de hacerse con Iveco Defence Vehicles, que finalmente quedó en manos de Leonardo, así como Santa Bárbara, otro factor que también ha hecho que Urovesa acapare las miradas del sector en este momento.
Los números de Urovesa
Urovesa es una compañía atractiva por sus números y, sobre todo, por sus expectativas. Sus últimos datos oficiales remitidos al Registro Mercantil son los correspondientes al ejercicio 2024, cuando alcanzó una cifra de negocios de 122 millones de euros, casi un 12% más. Su beneficio neto se incrementó otro tanto, anotándose avances de doble dígito: de 15 millones de ganancia en 2023 pasó a 17 millones.
Las previsiones de la compañía, dadas a conocer hace unos meses, pasaban por cerrar el ejercicio 2025 enfilando los 150 millones de cifra de negocio. Una cantidad que, con toda seguridad, crecerá aún más en los próximos ejercicios debido a los contratos de defensa y al aumento de su capacidad productiva. Con una inversión de más de 50 millones de euros, la firma gallega tiene en marcha un ambicioso proyecto para la ampliación de sus instalaciones en Valga en más de 100.000 metros cuadrados.
El proyecto contempla la construcción de nuevas naves de producción, almacenes logísticos, áreas de tratamiento de pintura y una gran pista de pruebas para la homologación de sus vehículos. Los de Justo Sierra prevén que esta ampliación les permitirá duplicar su capacidad productiva, pasando de 2.500 unidades anuales a un máximo potencial de 5.000 vehículos al año.
Además, es de las pocas empresas españolas del sector de defensa, al margen de los gigantes Indra, Airbus o Navantia, que ha logrado millonarios contratos de Defensa. Solo el año pasado, según un reciente informe del Observatorio de Seguridad Nacional, amarró contratos por valor de 420 millones. La parte principal de este importe se debe a la segunda fase del acuerdo para el suministro de vehículos de exploración y reconocimiento terrestre (VERT) al que dio luz verde el Consejo de Ministros y que representa 321,4 millones.
Por otro lado, el Consejo de Ministros acaba de dar luz verde a un nuevo acuerdo marco por importe de 724 millones de euros “para el suministro de vehículos autobastidores de 1.500 kilos de carga útil de alta movilidad táctica en todo terreno en el ámbito del Ministerio de Defensa”, características que se corresponden con el Vamtac, el vehículo de alta movilidad táctica que ha colocado a Urovesa en la primera división del sector de la defensa.
Sin ganas de vender
Con estos datos sobre la mesa queda claro que Urovesa es, cada vez, más atractiva para los gigantes de la defensa. Pero tan cierto como eso, también lo es que no hay visos de que esté abierta a explorar una integración. Fuentes empresariales aseguran a Economía Digital Galicia que en los últimos años, la compañía de la familia Sierra ya habría rechazado distintas ofertas.
En la misma línea, esta misma semana Expansión aseguraba que Urovesa lleva tiempo en el radar de Indra, aunque la firma gallega “tampoco quiere un acuerdo con la empresa cotizada”.
Presidida por Justo Sierra y con sus hermanas, Cecilia y Cristina Sierra, también en el consejo de administración, Urovesa, como la mayoría de las grandes multinacionales gallegas, es una compañía con un accionariado familiar que se mantiene al frente de una empresa saneada y que, además, reparte jugosos dividendos dados sus beneficios.
Según sus últimas memorias anuales remitidas al Registro Mercantil, en los ejercicios 2024 y 2023, en plena expansión, la compañía no repartió dividendos a cuenta. Sí lo hizo en 2022, cuando distribuyó entre sus accionistas seis millones de euros.