Acogerse a sagrado

Asistimos, cada vez más, a la eclosión y predominio del medio sobre el mensaje, cuando creíamos ya que con las redes sociales habíamos conseguido enterrar a Marshall McLuhan

Yolanda Díaz, Macarena Olona y Ana Pontón

Acogerse a sagrado o asilo en sagrado fue una práctica de origen medieval en la que la iglesia amparaba, bajo su protección, a quién se lo requería, siempre y cuando no fuesen delitos de suma gravedad. Los templos, de la convicción que fueran, siempre se consideraron lugares de refugio, aunque no necesariamente hayan de tener cubierta para resultar de acogimiento.

Para quien lo desconozca, el asilo en sagrado estuvo regulado en España desde el siglo V, siendo incluso trasladado más allá del océano Atlántico por los españoles a tierras americanas. Llegará hasta nuestros días y acabará abolido por la Constitución de 1978. O eso creíamos… Tres destacadas mujeres dedicadas a la política lo han puesto de moda estas últimas semanas.

Acogerse al rural

Fue en O Courel el lugar elegido por Yolanda Díaz para presentar en sociedad su ya no tan nueva iniciativa denominada “Sumar”. Idílico enclave, reivindicación evidente, entre “toxos e xestas”, de nuestro pasado como “buenos salvajes” cuando vivíamos sin contrato social, como antiguos mileuristas, sin contrato, vaya. Nada, para sumar hay que hacer un “nuevo contrato social”, que también, cómo no, afecta a la despoblada España vaciada, hoy más bien calcinada, que tiene su emblema en Lugo, epítome del rural. Le sugerimos a nuestra particular ambición rubia que cuando haga su presentación en suelo hispano, la organice en Las Hurdes, a pesar de su actual desgraciadamente paisaje cenizo, por seguir la gira en la España requemada.

Sugerimos también que, en la medida de lo posible, desde Sumar haga públicos los artículos que puedan componer el nuevo contrato. Vamos, por saber…

Acogerse al Camino

Otra política de renombre, o eso cree ella, que utiliza una ubicación como respaldo, este sí ya casi sacro y no tan profano como la agreste sierra lucense ha sido Macarena Olona, esta vez, “in itinere”. Como una peregrina más, Macarena, a quien de andaluza parece que únicamente le quede el nombre, se ha encontrado a sí misma, paseando. Lejos quedan aquellos tiempos en los que O Camiño suponía un tránsito espiritual, para convertirse en un lugar adecuado para las reivindicaciones y las declaraciones politiqueras embutidos en zapatillas de marca y elásticos de Decathlon. Todo un recital de trepping ideológico en la ruta que antaño fue un vertebrador cultural de rango europeo para acabar convertida en una autóctona corredoira más para el senderismo.

Solicitamos también a Olona, no sabemos si todavía ¡presente! en su partido, artista de lo escueto con su efectivo y efectista “¿Y..?”, que pudiera aclararnos algunos aspectos de su imaginado pasado e incluso de su ya futuro apostolado. Pues va y nos deleita (¿será una nueva marca de leche?) con un “ahora estoy caminando y confiando. No estoy pensando en política”. Maca, corazón, el Camino es para eso, para pensar…

Acogerse al tópico

Y ya finalmente, nuestra portavoz del Gobierno autóctona, Ana Pontón, coincidente con Isabel Rodríguez en peinado, responsabilidades territoriales y portavocía, esta última de una Galiza (a ver si nos aclaramos de una vez con la denominación, que non foi sen tempo!) que solo puede estar en el imaginario colectivo del BNG. Recurre Pontón a los seculares problemas de una Galicia anclada en una mentalidad netamente Beiras, acompañada por una melodía interpretada al piano que suena a lamento, a “negra sombra”. El desastre de la sanidad, el eterno fuego en los montes, la denostada enseñanza pública, la “galegotarifa” eléctrica, en fin, un desastre de Xunta. Pero nada sobre las necesidades digitales, la caída de tramos de la autopista o el voto negativo del BNG al penúltimo, nunca ha de ser el último, Real Decreto del Gobierno favorable a los ciudadanos. Vamos, una Galiza con Z de Zetapeido.

Asistimos, cada vez más, a la eclosión y predominio del medio sobre el mensaje. Cuando creíamos ya que con las redes sociales habíamos conseguido enterrar a Marshall McLuhan y su celebérrimo “el medio es el mensaje”, pues nada, va este y revive, especialmente en verano. Debe de ser el calor… Por cierto, “xa viña ben unha auguiña!” Y tenía razón el profesor canadiense, seguimos viviendo en la “aldea global” (concepto aparecido en su obra “La Galaxia Gutenberg” de 1964, ¡donde va!); cada vez más.