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Referente pionero de la economía circular local
El Atlas Urbano de la Sostenibilidad en Galicia demuestra que las brechas que nos separan de Europa no son un lastre geográfico, sino una agenda de trabajo pendiente; la mayoría de los retos detectados dependen de decisiones de política pública municipal que pueden activarse ya
El Atlas Urbano de la Sostenibilidad en Galicia demuestra que las brechas que nos separan de Europa no son un lastre geográfico, sino una agenda de trabajo pendiente. La mayoría de los retos detectados dependen de decisiones de política pública municipal que pueden activarse ya
Como coordinador de esta iniciativa, me complace presentar la cuarta edición del Atlas Urbano de la Sostenibilidad en Galicia. Desde su inicio en 2023, nuestro compromiso ha sido informar del estado de nuestras ciudades a través de las evidencias estadísticas. Pero lo que aquí se pone a disposición no es solo un informe más; es un ejercicio de vanguardia metodológica, que sitúa a las urbes gallegas en un mapa de análisis donde muy pocas ciudades europeas lo han logrado.
A menudo, la sostenibilidad se debate en foros nacionales o regionales, pero se olvida que la economía circular se logra o no en la calle: en el contenedor que el ciudadano tiene a cien metros de su casa o en la eficiencia de la red de agua que nos suministra. Sin embargo, existe una barrera que se repite: la falta de datos municipales homologables. Mientras que la Unión Europea dispone de métricas precisas para los estados, el vacío informativo a escala local en España es la nota dominante.
Por eso, este Atlas es pionero. Hemos decidido no esperar a que las estadísticas oficiales bajen al nivel del ayuntamiento y hemos construido nosotros mismos los indicadores necesarios para medir la realidad urbana en Galicia a este respecto.
El esfuerzo metodológico de esta edición ha sido, por tanto, la nota predominante. Y, a pesar de las dificultades, hemos logrado alinearnos con el Marco de Seguimiento de la Economía Circular de la Comisión Europea. A través de un sistema de 45 indicadores únicos y el uso de aproximaciones funcionales (proxies), este Atlas ofrece un informe técnicamente robusto de esos estándares europeos.
Para aproximarnos a la presión que ejercemos sobre los recursos, hemos analizado el consumo de agua, la generación de residuos y la relación de cada ciudad con su espacio natural y sus infraestructuras básicas. Para medir la circularidad, hemos reunido tasas de reciclaje, porcentajes de impropios (los residuos en contenedores equivocados), el tejido empresarial verde o el uso modal del transporte. El resultado es una radiografía comparativa que permite analizar a nuestras ciudades según su comportamiento circular, hablando el mismo lenguaje conceptual que Bruselas.
En Galicia, la tasa de circularidad apenas alcanza el 15 %, lo que significa que solo aprovechamos esa pequeña parte de los recursos que utilizamos, situándonos todavía muy lejos del 65 % que la Unión Europea marca como objetivo para 2035. El informe también revela que en las urbes gallegas se respira mejor de lo que se descansa, con una calidad del aire superior a la acústica; y, además, nos recuerda una asignatura pendiente: seguimos gastando agua muy por encima de la media europea.
Pero este Atlas también demuestra que las brechas que nos separan de Europa no son un lastre geográfico, sino una agenda de trabajo pendiente. La mayoría de los retos detectados dependen de decisiones de política pública municipal que pueden activarse ya: desde la mejora en la transparencia informativa hasta la implantación definitiva de la recogida de biorresiduos o el pago por generación de los mismos.
Este último punto, conocido internacionalmente como ‘pay-as-you-throw’, supondrá, sin duda, un reto de aceptación social. Sin embargo, esa cultura de la responsabilidad es imprescindible: necesitamos que la tasa de basura deje de ser un recibo plano y se convierta en un incentivo directo para quien mejor recicla.
En resumen, espero que este documento sirva como hoja de ruta para hacer más sostenibles nuestras ciudades. Pero lograr una economía circular hay que conseguirlo entre todos, desde las autoridades competentes a la ciudadanía.