Sologamia

El paralelogramo de fuerzas políticas en Andalucía ya hacía presagiar el resultado. Parecía que podían gobernar todos, incluso por separado, bien cada fuerza por sí misma o bien por familias

Alberto Núñez Feijóo y Juan Manuel Moreno Bonilla

Imagen de archivo de Alberto Núñez Feijóo y Juan Manuel Moreno Bonilla

Todavía no sobrepuestos ante los inquietantes e impúdicos bailes de una vicepresidenta de Gobierno valenciano imputada por delitos de enorme gravedad, el estupor cada vez tiene menos sitio en nuestra inteligencia emocional cuando se debate sobre tendencias casi universales que vienen a cuestionar las ya siempre cuestionadas formas de relacionarse. Más de lo mismo. Después de seguir manteniendo la interesada confusión entre sexo y género, dando lugar a numerosas formas de intercambio carnal o no como el sexo asexuado, el género no binario o el fluido, con o sin fluidos, entre otras, aparece expelido, de repente como la seta «pedo de lobo» tras la lluvia, aunque este sin sonido identificable, otro modelo de relación líquido, más bien gaseoso al que procedemos a ponerle nombre culto: monadogamia (con permiso de Leibniz), abreviado para utilizar en redes, monagamia.

Yo mí me conmigo

Pero el imaginario populero opta por otro término, la Sologamia, palabro inventado para nominar una situación, esta sí novedosa, y darle con ello carta de existencia real. Como todavía no está muy aceptado, el corrector de Word, lo subraya en rojo. A decir de los entendidos, la Sologamia es una tendencia, supuestamente cada vez más extendida, a casarse con un (o una) mismo. ¡Mira que no hay problemas en el mundo para buscarse más líos! La Sologamia se centra en la idea de disfrutar de la vida y ser feliz sin necesidad de tener pareja. Pero, ¿y eso qué tiene que ver con casarse o no? Complejidades del ser humano.

Pues nada, va la autoridad y se pone picajosa. Que la legislación en Europa y en Estados Unidos no reconoce la Sologamia… ¡Vaya hombre (Uy! y mujer, perdón)! ¡Ya estamos con las discriminaciones! Pero si solo se trata de darse amor, asumir un compromiso de quererse sin esperar este sentimiento de otros. Es como gobernar en solitario, vaya, la última querencia en política pero, eso sí, con ceremonia, invitados y convite, como tiene que ser; aunque eso sí, solo.

Sologamia en Andalucía

Pero la solución, una vez más, la tiene Elon Musk, el nuevo imperativo categórico en la ética de los negocios; Kant revisitado; los coches, además de autodirigidos, una doble redundancia, ya no precisan de retrovisores, ¿Para qué? Pues como el chiste, paraguayo. No importa lo que venga detrás, ¿la oposición? No la necesito, ¿para qué? La democracia se basa en la obtención de la felicidad para el individuo. Pues eso, yo mismo con mi mismidad. En fin…

El paralelogramo de fuerzas políticas en Andalucía ya hacía presagiar el resultado. Parecía que podían gobernar todos, incluso por separado. Bien cada fuerza por sí misma o bien por familias: el PP, anhelando en solitario; Ciudadanos se autoproclamaba imprescindible para gobernar; Olona, con la arrogancia del triunfo cantado, casi ya gobierna desde antes del escrutinio; el PSOE le susurra a las dos fuerzas de nominación andaluza “sin ti no soy nada con Amaral de fondo musical; curiosamente, si no gana la derecha, gana la izquierda. Y como diría Josep Pla: “Y a todo esto, ¿qué dice Piqué?”, voz más que autorizada en el deporte del ombliguismo.

Sologamia en el CIS

Pues bien, hagamos política ficción como si fuésemos máxima jerarquía del CIS, asistamos a la boda de Tezanos consigo mismo, una vez más. Van los electores y deciden por su cuenta y dan la mayoría a quien consideran. Los nuevos modos de hacer política parecen olvidar eso que llaman la soberanía popular. Aviso a navegantes.

Si aún hubiera tiempo, que ya no lo hay, le hubiésemos recordado a Mónica Oltra, en política desde los quince años, que optase, en su momento, por la Sologamia; pero no pudo ser, cosa de los fluidos. Y van entonces en su partido, Copromís, y la arropan con el desconocimiento de la existencia del onanismo casamentero, “si tocan a una, nos tocan a todos”. Mal vamos para cumplir así con los preceptos de la Sologamia. También en una única palabra y a repartir, el problema de la derecha siempre es uno y el mismo, la ética; pero el de la izquierda también lo es pero, en su caso, resulta serlo la estética.