Mas-Colell y Ruiz, ejecutaron los recortes más duros sufridos por Cataluña

Cataluña, en el lado oscuro de la globalización

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AVANCE EDITORIAL

27 de julio de 2015 (22:00 CET)

Economía Digital avanza los extractos más apasionantes del primer capítulo de Andreu Mas-Colell, el minnesoto que fracasó en política, escrito por Gonzalo Baratech y Josep Maria Cortés. Tras el prólogo de Joan Boada, el libro de ambos periodistas arranca con el capítulo Cataluña, en el lado oscuro de la globalización cuyos principales pasajes se reproducen a continuación.

La economía es una partida de ajedrez a ciegas. Entra en juego el automatismo de la defensa india, muy utilizada por Gari Kaspárov, una notación algebraica en la que las negras ceden el centro del tablero mientras emprenden un ataque vertical contra el rey contrincante. Parece haberla  utilizado sin éxito el consejero catalán Andreu Mas-Colell en la elaboración del presupuesto de la Generalitat para 2015, un documento que destina fondos para costear las llamadas estructuras de Estado. Agencia Tributaria propia, Seguridad Social y Agencia de Seguridad Nuclear son los tres pilares de estas estructuras cuya aplicación fue anulada por el Consejo de Garantías Estatutarias de la misma Generalitat, integrada por miembros nombrados todos a propuesta de CiU y ERC, los partidos soberanistas. ¿Traición? Sí, pero esta vez, Judas Iscariote no actúa por cuenta de los gentiles. Como en el Evangelio de Pablo, la salvación solo espera al pueblo escogido y los gentiles tienen que convertirse en judíos antes de llegar a ser cristianos.

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Lejos de imponer su estrategia sobre el tablero, se diría que Mas-Colell se bate en retirada tras el dictamen de los expertos que entierra la intención confesada de la política económica de la transición nacional. ¿Pero es la realidad o solo su apariencia? Y, ante esta encrucijada, ¿cuál es la determinación íntima del consejero? ¿Avanzar, aplazar o bloquear para siempre el proceso de nunca acabar? Sea cual sea la salida, su cara de pocos amigos y la pupila atenta ante cualquier contratiempo nos hablan de un hombre desconfiado hasta el extremo. Tal vez descreído de la política, cansado del abuso desmedido de la estadística, metido en el tradicionalismo de buena cepa. Su elección, basada en el silencio, le ha encajonado en un camino sin retorno tal como le han pronosticado algunos de sus colegas, los economistas teóricos a los que él alumbró antes de hacerse cargo de la consejería de Economía y Conocimiento.

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Llevados al extremo, los asuntos del euro tienen solución siempre que el Banco Central Europeo mantenga su compra de deuda pública (QE) y arrase los picos de la prima de riesgo en el segundo mercado de Londres, donde las entidades operan a diario. Mientras el Eurogrupo busca un encaje de bolillos para el caso griego, Cataluña se ve obligada, una vez más, a negociar a la baja su participación en los ingresos del Estado ¿Por qué no podrá Mas-Colell acorralar a Montoro con la defensa india de Kaspárov? Porque España, apéndice de Madrid, es un país en el que la Hacienda Pública es un diseño virtual, cuyos flujos monetarios se deciden arbitrariamente. Es un modelo federal asimétrico en el que las diputaciones forales de País Vasco y Navarra rompen el esquema apoyadas en los viejos fueros carlistas. La concesión dinástica ha tenido más fuerza que la modernización territorial. Y, desde luego, Montoro no temblará ante la estrategia de Mas-Colell. No tendrá ni que decir que no. Se limitará a obviar al profesor emérito de Harvard, con la displicencia propia del que desprecia todo aquello que voluntariamente quiere ignorar. Es una forma de dormir tranquilo.

Mas-Colell actúa como lo haría un reaccionario lúcido frente a la apoteosis del discurso crítico centrado en la insatisfacción de la mayoría. Y existen motivos evidentes para la queja: los salarios reales de los catalanes han perdido el terreno ganado en las dos últimas décadas del siglo pasado para situarse a niveles de 1977. Los del 1% con mayores ingresos han subido un 200% y la pérdida de cohesión social es el coste del incipiente remonte del PIB. Los economistas radicales que analizaron la sostenibilidad han quedado borrados, pero no por el llanto del planeta como ellos preveían, sino por la desesperación de miles de seres humanos descolgados para siempre de las rentas mínimas.

Castigo a los pensionistas

Habitamos el lado oscuro de la globalización. Cataluña, la cancelación de la esperanza, destaca por innovar en materia de sanidad incluso castigando a sus pensionistas con el euro por medicamento. Explora la colaboración público-privada gracias al hacer del consejero Boi Ruiz. No se limita a los conciertos y externalizaciones, sino que juega incluso con la felicidad de los enfermos poniendo sobre el tapete los dudosos beneficios de la información, a través de la ficha médica digital o del lamentable programa VISC , dedicado a la venta vergonzante de historias sanitarias sin el consentimiento de los afectados. Por medio de la Fundación TicSalut, se adentra en la captación de logros públicos, obtenidos gracias al esfuerzo del erario, para destinarlos a fines privados. Fue lamentablemente Marina Geli la que empezó estas prácticas, situando en el patronato de TicSalut empresas farmacéuticas como Esteve o Roche; tecnológicas, como Indra, y consultoras como Applus o Deloitte. De aquellas lluvias recogemos estos lodos. La economía opaca de los pecados veniales suma cantidades ingentes de dinero, unos fondos que se detraen de lo público y que ayudan a Mas- Colell a cumplir objetivos de déficit mientras engordan bolsillos privados.

En plena refriega soberanista, Artur Mas pidió de nuevo el voto de los catalanes en 2012. Se lo dieron, esta vez con muy poco entusiasmo; y su equipo económico decidió, como respuesta, infligir a la población un dolor excesivo que no provocó ni un pestañeo de los espíritus refinados de la emulsión nacional: el real decreto 16/2012, que dejó sin tarjeta sanitaria a casi 900.000 personas en menos de 24 horas. Un ahorro irreflexivo que exige todavía hoy un correctivo penal a sus responsables. Fue denunciado por Médicos del Mundo, pero ha pasado olímpicamente a la hemeroteca Mascolelliana del ajuste fino. En pleno Obamacare americano, la Generalitat se puso al lado de la manifestación neoliberal que une a las élites catalana y española, mal que les pese a tantos, en una sola y única estrofa: "La libertad solo implica asumir la propia responsabilidad". El prójimo, si no es capaz de soportar el potro de la selección natural, que se chinche.

Dolor ajeno

No hay que regresar a la Inglaterra de Thatcher para ver las fauces al lobo. Aquí tenemos nuestros propios verdugos: recortes en educación, salud, sanidad; rentas mínimas de inserción y salarios de bronce, como los que consagró Ferdinand de Lassalle en el ochocientos. Nos hemos dado con un canto rodado: políticos desalmados esquilman derechos que han dejado de ser universales para adentrarse en el eufemismo de la llamada "proporcionalidad de la capacidad económica del ciudadano". ¿Valía la pena tanta alforja territorial para este viaje a la ruina? ¿Qué ven cuando se miran al espejo los hombres y mujeres del equipo económico de Mas, con Mas-Colell al frente? ¿Tienen derecho a decretar el dolor ajeno en nombre de una idea?

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