Manifestantes en los alrededores del centro penitenciario de Lledoners, este miércoles. EFE/Susanna Sáez
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El soberanismo reacciona al gesto de distensión de Sánchez redoblando la protesta por la situación de los procesados, y el Gobierno prefiere contemporizar

Iván Vila

Economía Digital

Manifestantes en los alrededores del centro penitenciario de Lledoners, este miércoles. EFE/Susanna Sáez

Barcelona, 05 de julio de 2018 (04:55 CET)

Hace tres semanas, un histórico del socialismo español, el exministro de Defensa y expresidente del Congreso José Bono, lanzaba una advertencia a Pedro Sánchez. Para Bono, trasladar a prisiones catalanas a los líderes encarcelados por el procés “quizá sí estaría bien “desde el punto de vista humanitario”, pero también podría suponer convertir los patios de las cárceles “en platós de TV3”.

Puede que Bono exagerara, porque la Generalitat ha aclarado que no puede modificar el régimen de los presos –y eso incluye las visitas o entrevistas–, y los sindicatos de funcionarios de prisiones han advertido que supervisarán que no tengan privilegios.

 El Gobierno ha reactivado el gen más abiertamente activista del soberanismo, aunque no muestra mucha preocupación al respecto

Pero de momento, nada más llegar los seis primeros encarcelados a Lledoners, en Sant Joan de Vilatorrada, y Puig de les Basses, en Figueres, el independentismo, tan dividido cuando se trata de redefinir estrategias, ha vuelto a reaccionar como un solo hombre y a movilizarse para reclamar su liberación ante ambos centros penitenciarios, convertidos de pronto en los puntos más calientes de la actualidad política.

Así que, acelerando finalmente el traslado, para formalizarlo antes de la reunión que el lunes mantendrán Sánchez y el president Quim Torra, el Gobierno ha reactivado el gen más abiertamente activista del soberanismo, de capa caída los últimos meses. Pero, pese a todo, el Gobierno prefiere contemporizar a la espera de iniciar unas conversaciones en las que tampoco hay depositadas muchas esperanzas

Las concentraciones convocadas por las entidades independentistas frente a las prisiones obtuvieron una respuesta masiva

Al fin y al cabo, las concentraciones, convocadas por las entidades independentistas frente a las prisiones y jaleadas y secundadas por los principales líderes soberanistas, con el Govern a la cabeza, tuvieron un éxito relativo: acudieron medio millar de personas a Figueres, según los Mossos d'Esquadra, y un par de miles a SantJoan de Vilatorrada. Nada que ver con las citas multitudinarias a las que se había acostumbrado el soberanismo.

Con todo, la verdadera piedra de toque de la actual capacidad de movilización del independentismo será la manifestación convocada el 14 de julio en Barcelona por la liberación de los presos

Torra, antes de saludar a los concentrados, visitó a Oriol Junqueras, Raül Romeva, Jordi Sànchez y Jordi Cuixart en la cárcel de Lledoners –a donde también está previsto que sean trasladados en breve Josep Rull, Jordi Turull y Quim Forn–, mientras que el presidente del Parlament, Roger Torrent, se entrevistaba en Puig de les Basses con Carme Forcadell y Dolors Bassa.

Presos y 155

En las protestas participaron las primeras espadas de los partidos soberanistas. No en vano, la denuncia de la situación de los presos es uno de los ejes en los que Junts per Catalunya (JpC), ERC y el gobierno que integran ambos sustentan la parte más explícitamente reivindicativa de su estrategia política. El otro es el de la denuncia de las consecuencias de los siete meses de intervención de la Generalitat, y también este miércoles se le dio un empujón: el Parlament aprobó crear una comisión de investigación sobre la aplicación del 155.

Esa línea de denuncia de la situación de los presos y los efectos del 155 no solo tiene la ventaja de ser compartida por el conjunto del independentismo, dividido en lo que se refiere al nuevo guión a seguir una vez finiquitada la vía unilateral, sino que pone de acuerdo incluso a los comunes, que votaron a favor de la comisión de investigación y que también tuvieron presencia en las protestas con las que fueron recibidos los presos.

Parte del guión

El Gobierno, sin embargo, asume el ruido y los alrededores de las prisiones convertidos en foco de atención o tal vez incluso en platós televisivos como parte del guión, y cuenta con que no llegará la sangre al río. Y como muestra para avalar esa presunción, además del tibio seguimiento de las protestas, un botón: a la hora de la verdad, este mismo miércoles ERC y el Pdecat le permitieron a Sánchez aprobar finalmente en el Congreso la renovación de la cúpula de RTVE.

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