El fin de la renta antigua dispara la caza de locales en el centro de las ciudades

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Los interesados en los establecimientos que quedarán vacíos en enero de 2015 negocian ya con los propietarios

Calle Real, en el centro de A Coruña | EFE

17 de mayo de 2014 (20:53 CET)

Quedan pocos meses para que se dé carpetazo a los alquileres de renta antigua en locales comerciales y los interesados en establecimientos en la zona centro de las grandes ciudades están ya ojo avizor. Cada vez hay menos espacio libre en los corazones de las grandes urbes, pero el hecho de que a partir del 1 de enero del año que viene concluya definitivamente la prórroga de la Ley de Arrendamiento Urbano (LAU) de 1964 ha propiciado que las negociaciones entre hipotéticos nuevos inquilinos y arrendadores comiencen ya.

A partir de 2015, todas las personas que firmaron un contrato de arrendamiento previo al 5 de mayo de 1985 y que continúan, a día de hoy, acogidos a la denominada renta antigua, deben actualizar sus acuerdos de alquiler con sus propietarios. O bien abandonar los inmuebles, un hecho que ha llamado la atención de todos aquellos interesados en determinados locales regidos por esta ley que se encuentran en los centros históricos de las ciudades. El próximo 1 de enero concluirá definitivamente el efecto de la norma, a la que el ministro Miguel Boyer dio carpetazo definitivo en 1985. La LAU permitía la prórroga forzosa de los contratos de alquiler, una cláusula que se pierde a cierre de este año, como quedó establecido en la Ley de Arrendamientos Urbanos firmada en 1994.

Derecho preferente

Así, el próximo 1 de enero los locales comerciales con este tipo de contrato perderán sus privilegios, salvo en aquellos casos en los que siga al frente del negocio el titular original del contrato, o bien su cónyuge. Estos quedan blindados hasta su jubilación o fallecimiento. Si el contrato está a nombre de algún descendiente, o de una sociedad (en la mayoría de los casos es así), el acuerdo de arrendamiento quedará sin efecto. Eso sí, a la hora de volver a negociar un nuevo alquiler, los actuales inquilinos tendrán derecho preferente.

Sin embargo, según explica Javier Roldán, del despacho de abogados Garrigues, en la mayoría de los casos, el fin de la renta antigua irá ligado a la desaparición del negocio actual o bien a la jubilación de los inquilinos, por lo que se abrirá una bolsa de suelo importante en el centro de las ciudades. Así explica el caso de un local de renta antigua en el centro de A Coruña cuya mensualidad es de 1.500 euros y que, ahora pasará a 5.500 euros.

Hasta 2020 en casos especiales


“En este momento ya han comenzado las negociaciones de interesados en los locales con los arrendadores”, indica. Al tener derecho de arrendamiento preferente los titulares de renta antigua, cabe la posibilidad de que el dueño del local comunique a su inquilino la oferta que ha recibido, para que este pueda valorarla y, si no hay respuesta, se de por acabado el período de preferencia, explica.

La ley tiene sus recovecos, no obstante. Si el cónyuge del titular de la renta antigua hubiera traspasado el negocio antes del 1 de enero del 1995, la renta antigua se podrá mantener hasta 2020.

"Hay muchas zonas que se han revalorizado y el fin de las rentas antiguas puede ser un reactivador económico", opina Roldán. El propio decreto Boyer ya apostaba porque era necesario limitar la prórroga forzosa de los alquileres para "reactivar" economicamente determinadas zonas.
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