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La decisión del partido de Ada Colau de no participar en el 1-O deja a Puigdemont en un callejón sin salida y provoca la irritación del independentismo

Manel Manchón

Economía Digital

Ada Colau y Carles Puigdemont, que sigue esperando que los socios catalanes de Podemos apoyen el 1-O. EFE/Andreu Dalmau

Barcelona, 09 de julio de 2017 (10:23 CET)

Una bronca total contra CatComú, el partido de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. El soberanismo ha saltado a la yugular de Colau, con todo tipo de comentarios en las redes sociales, irritado con su decisión de no participar en el referéndum del 1-O, y verlo sólo, si llega el caso, como una mera movilización de protesta contra el Gobierno de Mariano Rajoy.

El partido de Colau era y es –se espera forzar la situación y contar en el último minuto con CatComú—la esperanza del presidente Carles Puigdemont para lograr una participación amplia en el referéndum, y, lo que es más importante para el soberanismo: la posibilidad de que haya un porcentaje sustancial de ‘noes’, para poder ganar legitimidad, y hacer ver que se trata de un referéndum con todas las garantías.

El 'no' de Colau a participar en el referéndum deja a Puigdemont con lo puesto

La coordinadora nacional del partido de Colau aprobó este sábado, con el 76% de los votos, la apuesta de la dirección, de Ada Colau y Xavier Domènech, que pasa por no hacer una campaña por el referéndum, y participar sólo si plantea como una gran movilización, y en todo caso sin considerar el posible resultado como vinculante.

Se trata de un chasco y un jarro de agua helada para Puigdemont y el bloque soberanista. Puigdemont se enfrenta ahora al Gobierno español con menos músculo, con más dudas, y camina hacia el 1 de octubre con lo puesto: Junts pel sí y la CUP.

Puigdemont se apresuró y retuiteó, en su cuenta de Twitter, un comentario del coordinador del Fons Català de Cooperació, el republicano David Minoves. Su tono sarcástico es el denominador común de todo el soberanismo sobre la actitud de CatComú: “Las municipales de 1931 no legitimaban proclamar la República si no contaban con garantías acordadas con el Rey de España, sería eso,¿no?”, aseguró Minoves, rápidamente apoyado por el presidente de la Generalitat, en alusión a las garantías que pide el partido de Colau para poder participar en el referéndum.

Las burlas, las pullas y las severas críticas al partido de Colau reflejan ahora el nerviosismo del soberanismo, que llega a la recta final, de cara al 1-O con muchas dudas, y con graves contradicciones internas en el seno del Pdecat, el partido de Puigdemont.

También otro miembro del Govern ha ironizado por la actitud de Colau y de Pablo Iglesias, que ha defendido no votar en el referéndum. Se trata del consejero de Justicia, Carles Mundo, apoyado en sus retuits por el diputado en el Congreso, Gabriel Rufián.

 

 

Iglesias y Colau defienden lo mismo: participar en el 1-O si es una movilización de protesta

Los planes de Puigdemont y de las entidades soberanistas pasan por lograr una participación cercana a los tres millones de catalanes, o, incluso, superar esa cifra. Todas las esperanzas están depositadas en que, si el Gobierno no logra pararlo antes, el 1-O se transforme en una enorme participación ciudadana, con su voto en las urnas, que lleve a las instituciones europeas a reclamar al Gobierno español que negocie con el Gobierno catalán.

El partido de Colau ha especulado con su posición desde hace meses. Pero ha ido concretando su proyecto, junto al líder de Podemos, Pablo Iglesias, que ha asegurado que él no votaría en el referéndum, y que sólo se avalaría la participación si se transforma en un gran acto de protesta, y que puede pasar por el voto en locales de entidades sociales, sin ninguna validez jurídica posterior. En Cataluña, Podemos lo ve de forma distinta, y su líder, Dante Fachín, defiende el referéndum con todas las consecuencias. Sin embargo, es el partido de Colau el que se ha alineado con Iglesias.

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