Junqueras, en primera fila, ignorando el saludo de Torra a los acusados en una sesión del juicio del procés. EFE/Emilio Naranjo
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El independentismo cierra la semana previa a la Diada sin acuerdo para la respuesta a la sentencia y con otra colisión frontal de Junqueras y Puigdemont

Iván Vila

Economía Digital

Junqueras, en primera fila, ignorando el saludo de Torra a los acusados en una sesión del juicio del procés. EFE/Emilio Naranjo

Barcelona, 07 de septiembre de 2019 (04:55 CET)

A falta de acuerdos, el independentismo encaraba esta semana previa a la Diada con un objetivo: el de que entidades y partidos dejaran de despellejarse para tener la fiesta del 11 de septiembre en paz. Pero ese compromiso adquirido por unos y otros en la cumbre que celebraron en Suiza el pasado fin de semana ha durado lo que muchas de esas conjuras para salir del pozo de las plantillas de equipos de fútbol en crisis que sirven para dar un titular pero duran lo que la cuenta atrás hasta el siguiente partido. Luego, empieza a rodar el balón y la conjura se disuelve como un azucarillo.

El callejón sin salida estratégico en el que sigue atascado el soberanismo se ha ido camuflando a duras penas base de patadas hacia adelante. La última, la del pasado fin de semana, tras el cual unos y otros optaron por vender optimismo empaquetado en un par de  productos de calidad dudosa.

Para empezar, unos supuestos “avances”, por supuesto sin concretar, en la hasta ahora infructuosa negociación para pactar una respuesta unitaria de partidos y entidades a la sentencia del Supremo, esa en la que Quim Torra siempre ha visto el momentum que necesita el independentismo para culminar la secesión.

Los analistas de La Plaza debaten en el episodio de esta semana sobre los tumbos de la política catalana y su repercusión nacional

Y, en segundo lugar, una nueva entidad, bautizada como Tsunami democrático, presuntamente impulsada desde la sociedad civil pero sin caras visibles detrás que lo acrediten, que anunció una primera acción esta misma semana y que se pretende que opere como un catalizador de ese nuevo Santo Grial que es la recuperación de la unidad de acción independentista.

Pese a todo, a Torra le tocaba dar alguna pista sobre el sentido de esa respuesta en su conferencia del jueves en Madrid, así que JxCat se reunió el martes y el miércoles con Carles Puigdemont en Bruselas y, tras el encuentro, el expresident desenredó el ovillo: ¿que en qué consistirá la respuesta? Pues en fortalecer las instituciones y "recuperar la iniciativa" política, explicó. Ese es el nuevo mantra que Torra repitió disciplinadamente al día siguiente en su visita a la capital.

Más concreta ha sido ERC, la única que, juegos retóricos aparte, ha puesto hasta ahora sobre la mesa posibles respuestas. Dos, concretamente: un adelanto electoral que ponga fin a una legislatura que todo el arco parlamentario catalán salvo JxCat considera que no da más de sí, una opción con la que los republicanos flirtean desde hace meses, y la formación de un gobierno de concentración que incorporara a la CUP y Catalunya en Comú Podem (CECP).

Puigdemont y Junqueras, a dentelladas

La primera de esas dos opciones es precisamente la que ha dinamitado la frágil tregua dictada el pasado fin de semana entre los dos socios mal avenidos del govern Torra. En su comparecencia del miércoles, Puigdemont no se privó de lanzar un misil a los de Oriol Junqueras, y remarcó que retomar la iniciativa no es compatible con “las prisas electorales” porque unos comicios “debilitarían claramente” las instituciones catalanas. Y, al día siguiente, Torra, pese a dar su charla en condición de presidente del gobierno de coalición que hay en la Generalitat, no de dirigente de JxCat, también insistió en el argumento.

ERC se tomó su tiempo para replicar. Lo hizo ya el viernes, y por boca, o mejor dicho, por Twitter, del propio Junqueras, que no se andó con paños calientes. “No se había visto nunca que alguien diga que el hecho de que la gente vote debilite las instituciones. ¿Desde cuándo el ejercicio democrático del derecho de voto debilita las instituciones de un país”?, tuiteó.

Que la encargada de rebatir a Junqueras por parte de JxCat fuera la portavoz del govern, la también consellera de Presidencia Meritxell Budó, no hace sino enturbiar más la relación entre los socios. Budó, que en sus ruedas de prensa evita pronunciarse sobre cualquier asunto que no se haya tratado en las reuniones semanales del ejecutivo catalán, se alineó en declaraciones a EFE con Puigdemont y Torra. Unas nuevas elecciones, argumentó, “podrían alterar” la mayoría independentista en el Parlament.

Lo que no hizo Budó, como tampoco Puigdemont, Torra ni ningún otro miembro de JxCat, es mojarse sobre la segunda de las opciones que ERC ha puesto sobre la mesa, la de explorar un gobierno de concentración.

Quién sí lo hizo este mismo viernes fue la CUP, que dejó claro que no está por la labor de incorporarse a un ejecutivo que considera que sigue instalado en el autonomismo por más retórica que le eche al asunto. Y el portazo se suma además al que ya dieron el lunes los otros invitados a esa fiesta, los comunes, refrendado también este viernes por Ada Colau.

Graupera, contra Junqueras

Así las cosas, y por si faltaba ruido para envenenar la cuenta atrás de la Diada, el filósofo Jordi Graupera, representante significado de los sectores más recalcitrantes del independentismo, replicó en las redes sociales a Junqueras echándole en cara la predisposición de Esquerra, expresada el miércoles por Gabriel Rufián, a facilitar la investidura de Pedro Sánchez.

Para el que fue candidato de Barcelona és Capital a las municipales en la capital catalana, cuando Rufián abogó el otro día por evitar “la ruleta rusa” de unas nuevas elecciones generales para presionar a Podemos estaba usando el mismo argumento que Junqueras le afea a Puigdemont.  “El precio que hacéis pagar al país, desarmando las ideas, debilitando la lengua, secuestrando las emociones, pactando con los carceleros, vaciando el autogobierno a cambio de controlar el gallinero y ser los reyes del cementerio , es demasiado alto, demasiado cínico y cutre”, espetó Graupera.

¡Ah! ¿Recuerdan aquella primera acción anunciada por ese Tsunami Democrático ya criticado en las redes porque en su manifiesto fundacional no menta la palabra independencia? Pues consistió en pegar unos centenares de carteles en distintos municipios catalanes. “Cambiemos el estado de las cosas”, rezan. Otra conjura.

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