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Puigdemont ha provocado una división interna en el Pdecat que obligará a rehacer el espacio de la vieja CDC en función del éxito o del fracaso del referéndum

Manel Manchón

Economía Digital

Carles Puigdemont y Artur Mas en la votación del congreso convergente, que podría acabar en una nueva refundación del Pdecat tras el 1-O. / EFE

Barcelona, 10 de julio de 2017 (05:55 CET)

Un año de la fundación del Pdecat. Un consejo nacional extraordinario –este pasado sábado—repleto de abrazos y voluntarismo. Medias sonrisas y la promesa de que todo el partido irá hasta el final, al lado del presidente de la Generalitat, para sacar adelante el referéndum. Pero Carles Puigdemont, con su determinación, forzará la refundación del Pdecat tras el 1 de octubre, porque todo el espacio de la ex Convergència está en juego, y porque existen dos bloques claramente enfrentados.

Puigdemont ha querido demostrar que no iba de farol. Quiere convocar un referéndum, aunque se le acumulan las malas noticias –la última la decisión del partido de Ada Colau de no comprometerse con la consulta—y para ello no ha dudado en cesar al consejero Jordi Baiget tras sus dudas sobre si era la mejor opción.

Con Puigdemont está Artur Mas, confuso y pendiente de que el Tribunal de Cuentas se decida y le investigue por los gastos públicos en el 9N, pero coincidente con el presidente en forzar la máquina y provocar un enorme pulso al Gobierno español desde las plazas públicas, con protestas que puedan durar días y días.

Y en esa tesitura no está el grueso del partido. No lo está la cúpula del Pdecat ni numerosos alcaldes que se jugarán su reelección, y que, desde el soberanismo, quieren trazan un calendario más adecuado, buscando mayorías sociales en Cataluña.

Puigdemont intentó que Vila fuera el presidente del consejo nacional del Pdecat. Ganó Conesa

Puigdemont ha realizado una jugada con riesgo. Ha colocado a su lado, como su principal cómplice, a Santi Vila, que sustituye a Baiget al frente del departamento de Empresa. Y, aunque para algunos dirigentes del partido, eso podría implicar que Vila fuera el candidato a la Generalitat, en la cúpula del Pdecat no se quiere ni oír hablar.

Carles Puigdemont lo intentó hace un año, cuando quiso aupar a Vila como presidente del consejo nacional del partido. Perdió. La elegida fue Mercè Conesa, la presidenta de la Diputación de Barcelona y alcaldesa de Sant Cugat, que arremetió la pasada semana, precisamente, contra la decisión de prescindir de Baiget, defendiendo, casi con las mismas palabras, que el voluntarismo de correr contra un muro con el referéndum lleva al partido a un “callejón sin salida”.

Las relaciones entre todos los dirigentes son complejas, con grupos entrelazados. Puigdemont cuenta con tres dirigentes, cada vez más ajeno al Pdecat: con el propio Vila, amigo personal; con Elsa Artadi, su consejera en asuntos económicos, directora general de coordinación interdepartamental –una economista que estudió y dio clases en Harvard promovida por Andreu Mas-Colell--; y con Neus Munté, como portavoz del Govern.

Los alcaldes cobran protagonismo en el Pdecat, como Marc Solsona, que buscan una opción posibilista

Elsa Artadi es la conexión también de Puigdemont con Artur Mas, y con Marta Pascal, la coordinadora del Pdecat, que mantiene su frialdad con el presidente –una frialdad recíproca--.

Una pieza sustancial será Neus Munté, que mantiene su apuesta por el referéndum, hasta el final y a la espera de lo que pueda ocurrir. Ella es la dirigente que conecta con buena parte del grueso del partido, con Meritxell Borràs, consejera de Governació, --son amigas--; con la propia Mercè Conesa; con el presidente parlamentario de Junts pel Sí, Jordi Turull, y con Josep Rull, consejero de Política Territorial.

Pero hay otros elementos importantes que asumen un mayor protagonismo, como Marc Solsona, alcalde de Mollerussa y diputado en el Parlament. Solsona es el presidente del Consell d’Acció Municipal, el órgano que coordina el poder municipal del partido, con un enorme poder.

El camino hacia el referéndum se intuye en el Pdecat como un desastre, que obligará a reconstruir el espacio

Otro flanco importante es el grupo parlamentario en Madrid, con dos veteranos parlamentarios, aunque jóvenes: Jordi Xuclà y Carles Campuzano, que comparten el análisis de la cúpula del Pdecat, con Marta Pascal y David Bonvehí.

Y el denominador común de todos ellos es que tras el 1 de octubre las cosas se deberán redefinir de nuevo, con la búsqueda de un candidato y con un principal deseo: rehacer el espacio ideológico, y clarificar que el Pdecat no puede seguir ni un minuto más al lado de la CUP ni de ERC.

Una opción para poder recuperar el terreno perdido sería quedarse en la oposición, y preparar el terreno para recuperar el poder, dando por hecho de que el espacio existe, pero nadie, ahora, acierta en representarlo.

No hay ninguna garantía de éxito. Los dirigentes consultados rechazan una posición concluyente, pero entienden que Puigdemont, ahora sí, les forzará a una refundación, cuando apenas han cumplido un año de vida. Para Vila, aunque algunos le den alguna posibilidad, no queda sitio, porque ha aceptado un camino que –se lamenta en privado—acabará en un desastre, que provocará una gran frustración en buena parte del soberanismo, cuando se acepte que no se podrá realizar el referéndum.

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