Torra, a la derecha, con su vicepresidente, Pere Aragonès (ERC), en el Parlament. EFE/Toni Albir
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Entre apelaciones a recuperar la unidad, el president rechaza la vía dialogada de Junqueras y suscribe la tesis de la confrontación permanente de Puigdemont

Barcelona, 21 de agosto de 2019 (04:55 CET)

El verano del año pasado, Quim Torra empezó a hacer apelaciones a los “sacrificios” necesarios en aras de conseguir la república catalana. Torra era partidario de hacer entender a la ciudadanía independentista algo en lo que tanto Artur Mas como Carles Puigdemont habían evitado abundar cuando le antecedieron en la presidencia de la Generalitat: que el de la secesión no era un camino de rosas, y que exigiría esfuerzo y renuncias no solo por parte de los líderes políticos, sino también del conjunto de la población.

El president pretendía insistir en esa idea en la conferencia con la que a principios de aquel septiembre de 2018 retomaría el curso político, pero finalmente, esas referencias al lado más áspero de la lucha por la independencia cayeron del texto, que fue consensuado por Junts per Catalunya (JxCat) y ERC, los dos socios que integran el gobierno catalán, entonces ya abiertamente enfrentados a raíz de la suspensión de los diputados procesados en el Parlament.

Este martes, casi un año después de aquella conferencia, Torra dio otra, esta en Prada de Conflent, en el marco de la Universitat Catalana d’Estiu. Y tampoco habló de sacrificios, pero sí, en una clave muy similar, de los “riesgos” que es necesario asumir en la que considera que es la única vía posible para mantener el pulso por la independencia: el de la “confrontación democrática”, el del choque, pacífico pero sostenido, insistió, con el Estado

Un choque con dos frentes, porque lo es con el gobierno y con el poder judicial. Con el primero, porque no acepta negociar la autodeterminación. Con el segundo, porque este otoño caerá la sentencia de la causa del procés en el Tribunal Supremo. Y se trata, según la visión de Torra, de aprovecharla como un nuevo impulso que permita culminar el proceso independentista, varado desde la aplicación del 155.

Puigdemont, Junqueras y Torra: réplicas y contrarréplicas 

 El problema es que, con JxCat y ERC de nuevo abiertamente enfrentados, como hace un año, esta vez las apelaciones a la recuperación de la unidad independentista de Torra las ha decidido el president sin encomendarse a sus socios de gobierno. Como las referencias a la necesidad de retomar el camino de la “ruptura democrática” con España, desobedeciendo “leyes injustas” y apelando al “ho tornarem a fer” con el que el presidente de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart, advirtió al Supremo y que Torra no tardó en convertir en lema propio.

No, esta vez no solo el discurso del president no se ha consensuado en el seno del govern sino que se antoja una réplica a las declaraciones del líder de Esquerra, Oriol Junqueras, que el día antes, en una entrevista por escrito concedida a Catalunya Ràdio, había abogado en cambio por perseverar en el camino del “diálogo” y la “democracia”, el único, entiende el exvicepresidente catalán, que puede conducir a una resolución del “conflicto”.

Lo de Junqueras era una enmienda a las tesis defendidas por Puigdemont, que considera que la vía pactada no tiene recorrido y que el referéndum pactado es “una fantasía”, así que, en consecuencia, en su último libre, Re-unim-nos, apuesta por una “confrontación de largo recorrido” con el Estado. Y lo de Torra, que se alineó con ese planteamiento del expresident, una enmienda a Junqueras. “No nos mintamos ni nos engañemos a nosotros mismos. Descartado un gobierno español que nos considere interlocutores para pactar un referéndum, solo nos queda la confrontación democrática y pacífica”, zanjó.

La Diada, la sentencia y las elecciones anticipadas

Torra, que tiene previsto dar otra conferencia en Madrid el 5 de septiembre, situó la Diada, este año convertida por la Assemblea Nacional Catalana (ANC) en arma arrojadiza contra los partidos independentistas —lo que ha generado un agrio enfrentamiento entre la entidad y ERC— como el momento a partir del cual empezar a rehacer la unidad independentista con la que pretende dar una respuesta a la sentencia del Supremo, y la sentencia como el nuevo momentum para reimpulsar la secesión.

Pero la realidad es que las apelaciones a rehacer esa unidad perdida las lanza Torra de forma unilateral, ratificando de paso una postura, la de su maximalismo de línea dura —al menos en términos retóricos— de la que hace mucho que Esquerra se desmarcó. El president, también al contrario que un Junqueras que apuesta por ir a elecciones, aboga públicamente por tratar de prolongar la legislatura. Pero al mismo tiempo, y a base de ahondar en las diferencias con sus socios, Torra y su partido, JxCat, también toman posiciones de cara a una nueva cita con las urnas en Cataluña que quien más quien menos en el gobierno catalán asume que se producirá más pronto que tarde.

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