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Rajoy reclama a los empresarios que no saquen sus empresas de Cataluña y se compromete a restituir la confianza tras el 21-D

Manel Manchón

Economía Digital

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, junto al presidente de Foment del Treball, Joaquim Gay de Montellá (i) y el presidente de la CEOE, Juan Rosell (d), posa para los medios gráficos momentos antes de presidir esta noche en Barcelona la entrega de l

Barcelona, 23 de noviembre de 2017 (04:55 CET)

Conexión directa. Sin intermediarios. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se dirige a los empresarios catalanes sin representantes de la Generalitat. Rige el artículo 155 de la constitución, a una sola semana del inicio de la campaña electoral, y a todos ellos, en la entrega de premios de la patronal Foment del Treball, les reclama la máxima unidad, que vayan con él para salir airosos tras el 21-D.

La escena es extraña, pero se ha llegado “donde nunca quisimos llegar”, como recordó este miércoles Rajoy en el auditorio de Foment. El presidente del Ejecutivo español justificó la aplicación del 155 para “restituir” el autogobierno catalán, con la intención de que se recupere lo antes posible, con la convocatoria de las elecciones. Rajoy reclamó a los empresarios que tengan confianza y que no saquen las empresas de Cataluña, con la promesa que, tras el 21-D, “el Gobierno hará lo que sea necesario para recuperar la confianza en la economía catalana”.

Eso le llevó a pronosticar que, si se entra de nuevo en un clima de normalidad institucional, se podría llegar a un crecimiento del PIB, a lo largo de 2018, del 3%, recuperando unas cuatro décimas que se han dado en las últimas semanas por perdidas con el clima político de confrontación.

Rajoy es consciente ahora de que el empresariado catalán mira con atención a Miquel Iceta

Rajoy busca ese apoyo empresarial, porque sabe, si atiende los intereses partidistas del PP, que buena parte del empresariado catalán ha dirigido su mirada hacia el socialista Miquel Iceta, que pretende llenar un espacio central en la política catalana que no se ocupa, con la intención de iniciar un diálogo interno en el seno de la propia sociedad catalana. “Confío en la capacidad de los catalanes para encabezar una profunda rectificación de la deriva que hemos visto, para propiciar un retorno a la realidad y a la convivencia, para reorientar toda la energía que de forma estéril se ha malgastado a ocuparse de los problemas cotidianos de las personas”, aseguró, tras indicar que seguirá exigiendo el respeto a la Constitución y a las leyes tras el 21-D, aunque insistió en que hablará “con todos”.

Foment se lo había puesto fácil. Su presidente, Joaquim Gay de Montellà, defendió la “lealtad institucional” y pidió que se mantenga la apuesta por el diálogo. No desaprovechó la ocasión el presidente de la patronal para pedir un plan que incentive el retorno de las empresas que se han marchado. Y Rajoy incidió en que el Gobierno hará lo necesario para recuperar “la confianza” y el dinamismo empresarial.

El clima, con la presencia del delegado del Gobierno, Enric Millo, y del primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona, Gerardo Pisarello, además del presidente de la CEOE, Juan Rosell, era idóneo para que Rajoy buscara la máxima complicidad con el empresariado catalán.

Rajoy insiste en que se debe recuperar la "normalidad" frente a los "disparates" de Puigdemont

Y es que Foment concedió este año las medallas de honor y los premios Ferrer Salat a personas plenamente identificadas con esa “lealtad” que se reclama. Rajoy elogió la propia figura de Carles Ferrer Salat. Así, Foment concedió la medalla de honor in memoriam al difunto expresidente del COI, Juan Antonio Samaranch, “un ejemplo” para Rajoy para todos los catalanes “frente a los disparates y a los caminos que no conducen a ninguna parte”. Pisarello abría los ojos con perplejidad, porque la figura de Samaranch, precisamente, ha sido motivo de polémica, después de que el Ayuntamiento que dirige Ada Colau retirara una escultura que había donado el propio Samaranch, en nombre del COI, por su pasado franquista.

Otro de los premios, además de a Ana Botín, en el capítulo de Empresario del Año, fue para Alfred Molina, --medalla con mención especial—que fue presidente de Foment, y que cuenta con 94 años de edad. Rajoy ensalzó su figura, “siempre pendiente de España y Cataluña”.

El mensaje era claro. Lo quería difundir Rajoy y lo quería facilitar Foment. “El mejor concepto de Cataluña es inseparable de horizontes abiertos, apertura al mundo, cosmopolitismo. Es todo esto lo que se ha visto minimizado y encogido en los últimos años”, señaló Rajoy.

Rajoy elogia a Ferrer Salat y Samaranch, y charla con el exconsejero Santi Vila

Y tuvo un detalle con un exconsejero de la Generalitat, que quiso estar presente. Rajoy quiso desplazarse a la mesa donde se encontraba Santi Vila, y charló con él unos instantes. Vila se apartó de la vía secesionista en el último segundo, antes de que se votara la proclamación de la república en el Parlament, al presentar su dimisión. Pasó una noche en prisión, pero quedó libre bajo fianza, tras ser llamado a declarar en la Audiencia Nacional. Fue el único eslabón entre la Generalitat y el Gobierno español, en la entrega de premios en Foment, mostrando la anomalía en la que vive la sociedad catalana.

Pero Rajoy insistió en que el único camino es restablecer el autogobierno después de las elecciones, sin entrar en el posible resultado. Lo que reclama es que se cumpla la Constitución, porque en caso contrario, volverá a aplicar el 155.

Con una cierta distancia, aunque la complicidad fue clara, el empresariado catalán espera que los resultados del 21-D puedan suponer un nuevo comienzo, pero también sabe que está ligado ahora a la suerte del Gobierno, de que sólo tiene un camino: ir junto con el Ejecutivo español para poder remontar el vuelo, para recuperar la confianza en la propia economía, que se ha visto muy dañada con la fuga de empresas. “No os llevéis las empresas fuera de Cataluña”, espetó Rajoy, sabedor de que estaba casi como en casa, y no tanto por sus aciertos en los últimos años, si no por haber parado una situación que había llegado al límite por el proyecto independentista del Gobierno de Carles Puigdemont.

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