Así funcionan los pasaportes de vacunación en el resto de los países del mundo

Los expertos advierten sobre los riesgos que conlleva este instrumento para levantar las restricciones internacionales de movilidad entre las grandes potencias del mundo

Pasajeros a su llegada al aeropuerto de Palma de Mallorca. EFE/CATI CLADERA./Archivo

Los pasaportes de vacunación suponen nuevos desafíos para la privacidad de los ciudadanos en todo el mundo.

La Comisión Europea presentó a mediados de marzo su instrumento. Se conoce como certificado verde digital y las autoridades comunitarias evitan en la medida de lo posible referirse a él como “pasaporte”.

Se trata de un documento que permitirá levantar las restricciones a la movilidad entre las fronteras de los 27 siempre y cuando los ciudadanos presenten el resultado de una prueba COVID-19 negativa o demuestre haber sido vacunado contra la enfermedad que provoca el nuevo coronavirus.

El instrumento es una aplicación con un código QR que las autoridades leerán en los aeropuertos y puertos de Europa. Al leer el código, la plataforma del certificado verde se comunicará con la base de datos de cada país para comprobar que la vacunación o la prueba COVID es verdadera.

La validación la harán los propios centros certificadores, responsabilidad que la Comisión Europea deja caer en “un hospital, un centro de tests o una autoridad sanitaria”. Cada una de ellas tendrá “su propia firma digital”.

Con su proyecto, Europa tiene la oportunidad de volver a influir en “estándares globales” y de liderar el despliegue de una herramienta “basada en los valores europeos”, según unas declaraciones del comisario de Justicia, Didier Reynders, que recoge la CNBC.

Pero el europeo no es el único intento en el mundo para desarrollar un certificado digital que demuestre que un ciudadano es inmune al COVID-19.

El papel de Google, Apple y otras grandes tecnológicas


Europa se ha apurado en desarrollar su propuesta de pasaporte inmunitario digital para evitar precisamente lo que ya ocurrió con el desarrollo de las apps de rastreo de contactos.

Varios consorcios público privados europeos ya estaban trabajando en crear la tecnología Bluetooth necesaria para que los móviles se comunicaran entre sí y poder desplegar aplicaciones garantistas con la privacidad de los ciudadanos que ayudasen a las autoridades sanitarias a detectar, prevenir y cortar cadenas de contagios de COVID-19.

Son las que después se conocieron como apps de rastreo de contactos. El principal consorcio, el PEPP-PT, planteaba un esquema con muchos de los datos centralizados en un servidor europeo. Investigadores como la española Carmela Troncoso, que investiga en una universidad suiza, defendió junto a varios colegas un esquema descentralizado que se dio a conocer como el DP-3T.

Pero fue en balde. Finalmente Apple y Google anunciaron que estaban trabajando juntas en el desarrollo de un protocolo también descentralizado que se impuso como estándar. El protocolo de Apple y Google es el que utilizan la mayoría de las aplicaciones europeas de rastreo, como la española RadarCOVID. El Gobierno español criticó la imposición de las dos multinacionales.

Aunque estas apps han demostrado ser funcionales, se han encontrado con el freno administrativo, lo que ha provocado que el número de contagios y exposiciones al virus detectadas en las plataformas hayan sido ínfimos en comparación con las cifras que arrojaron la segunda y tercera ola de la pandemia.

Europa quiso evitar que Apple y Google volviesen a imponer su estándar con el pasaporte digital de vacunación. Sin embargo, la UE, destaca la CNBC, planteó que las dos tecnológicas ayudaran a la Organización Mundial de la Salud. No obstante, la OMS rechazó esta posibilidad.

Un pasaporte británico con reconocimiento facial

Expertos en ética y derecho tecnológicos como Gemma Galdon o Sergio Carrasco han advertido en Business Insider España los riesgos que suponen estos pasaportes digitales.

Galdon advertía que el uso de la tecnología podría “problematizarlo” todo al tener que incluir información sanitaria (muy sensible) en una base de datos. El segundo fue más allá advirtiendo que si la mayoría de la población no ha podido optar de momento a ninguna dosis de la vacuna, estos pasaportes generarían desigualdad.

Un pasajero cruza una de las salas del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. EFE/Emilio Naranjo/Archivo
Un pasajero cruza una de las salas del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. EFE/Emilio Naranjo/Archivo

China ya ha aprobado su pasaporte e Israel lo viene usando desde hace semanas: allí se han producido incluso manifestaciones. La principal diferencia es que mientras que el pasaporte europeo pretende levantar las restricciones de movilidad entre países, en otros lugares del mundo esta herramienta tecnológica se está utilizando para poder ir a bares, restaurantes o gimnasios.

En Reino Unido algunas firmas tecnológicas están estudiando la posibilidad de asociar esos certificados de vacunación con tecnologías de reconocimiento facial.

El Gobierno de Boris Johnson abundó hace unos días en que estos instrumentos se podrían usar para que los ciudadanos británicos pudiesen volver a los bares al terminar su confinamiento. Firmas tecnológicas como iProov, que ya apoyaron al Gobierno de Reino Unido con el desarrollo de su app de rastreo, ahora estudian implementar técnicas de reconocimiento facial, según The Times.

Cualquiera que esté en la puerta de un bar tendrá que enseñar su certificado para que se lo escaneen, el portero tendrá que leer su nombre, su fecha de nacimiento, y pedirle su DNI. Tendrá que comprobar en el carnet su nombre y su fecha de nacimiento, así como comprobar que la persona que aparece en la foto es la persona que dice ser”. “Esto no va a ocurrir”. Así de contundente se expresaba en el diario británico Andrew Bud, el CEO de iProov.

El uso de estas tecnologías de reconocimiento facial en el pasaporte de vacunación británico abriría la puerta a que estos documentos no sean tan fácilmente falsificados: en la dark web los ciberdelincuentes ya están vendiendo pasaportes de vacunación de Reino Unido falsos por muy poco dinero.

Preocupación de los activistas de la privacidad en Nueva York


IBM ya está trabajando con el Estado de Nueva York para crear también un pasaporte de vacunación digital. Este no utilizará un mero código QR como el caso europeo: utilizará tecnología blockchain para verificar que verdaderamente el usuario se ha hecho un test COVID o se ha puesto una de las vacunas contra el coronavirus.

La plataforma va a comenzar a probarse a partir de abril en galerías de arte y en el pabellón Madison Square Garden. Tanto la administración regional como la compañía tecnológica han insistido en que los datos sanitarios de los usuarios seguirán siendo confidenciales gracias al uso del blockchain, ya que los registros se almacenarán en varias bases de datos.

Pero Albert Fox Cahn, abogado y fundador del Proyecto de Observatorio de Tecnologías de la Vigilancia en Nueva York consideran que las autoridades están utilizando “palabrería”. “Tengo más documentación técnica sobre el impacto en mi privacidad de cualquiera de las apps que tengo en mi teléfono que de la que este pasaporte sanitario me ofrece”, advierte

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Personal sanitario atiende a un paciente durante la pandemia de coronavirus en Estados Unidos. EFE/Justin Lane/Archivo
Personal sanitario atiende a un paciente durante la pandemia de coronavirus en Estados Unidos. EFE/Justin Lane/Archivo

“IBM y el gobernador están usando palabrerías, pero no explican cuál es el modelo criptográfico [de este pasaporte]”. “No están explicando ni la seguridad ni su implementación. Y estos pasaportes son enormemente reveladores: no solo detallan el estado de salud del usuario, también su nombre y su fecha de nacimiento”.

Cahn ha hecho estas declaraciones a Gothamist, y también ha advertido que la administración apueste por un sistema que requiere del uso de un teléfono móvil, lo que a su juicio crearía una “nueva segregación”.

Unos términos similares a los que el consultor y abogado tecnológico Sergio Carrasco ha venido haciendo en Business Insider España, y es que aunque parezca absurdo, no todo el mundo tiene un smartphone en su bolsillo. Ni tiene por qué tenerlo.

Noticia original: Business Insider

Autor: Alberto R. Aguiar

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