Actualizado
Adiós central nuclear, hola paraíso verde: así es la ruta en barco por los fiordos burgaleses
Desde el pantano cuyas aguas refrigeraban la central nuclear de Garoña, este viaje desvela un Burgos inesperado entre cañones, bosques, miradores y vías ferratas
El cañón del Ebro ha sido rebautizado como ‘los fiordos’ burgaleses. Foto: Sodebur.
Segunda en abrir sus puertas en España, cuando se inauguró, en 1971, Santa María de Garoña era la central nuclear más potente de Europa. Ubicada en el Valle de Tobalina, entre las comarcas de Las Merindades y Bureba-Ebro (Burgos), dejó de producir electricidad 41 años más tarde, en 2012, cuando se desconectó de la red eléctrica y comenzó su desmantelamiento.
El embalse de Sobrón, situado en el punto exacto donde el río Ebro hace de frontera natural entre Euskadi y Castilla y León, proporcionaba el agua necesaria para la refrigeración de su reactor. Unas aguas que ahora, trece años más tarde, albergan una experiencia completamente diferente.

“Siempre hubo un embarcadero en el pantano de Sobrón desde donde se realizaban actividades como kayak y piragua”, explica Araceli Bermejo, técnico de la Sociedad para el Desarrollo de la Provincia de Burgos (Sodebur). “Sin embargo, tras el cierre de la central nuclear, y con el foco puesto en la reconversión de su entorno, la zona se ha convertido en un modelo turístico sostenible con la puesta en marcha de nuevas propuestas”.
La estrella del plan -PSTD Garoña- que impulsa la Diputación de Burgos y que afecta a un total de 23 municipios se desliza ahora suavemente sobre las aguas del Ebro: un barco electrosolar que se adentra entre desfiladeros, hoces y por los ya bautizados como ‘fiordos burgaleses’.
El barco de los fiordos burgaleses
El Pico Humión, la cumbre más alta de los Montes Obarenes, vigila la travesía. Partiendo en el embarcadero de San Martín de Don en el embalse de Sobrón, un barco de 60 plazas movido por energía solar se desliza tranquilamente (y sin emisiones) por la lámina de agua.


El murmullo del agua y el canto de los pájaros acompañan durante el recorrido en este barco electrosolar; un trayecto que, en realidad, pueden ser dos. De hecho, en función del nivel del agua del pantano, el barco hace una ruta u otra. El más impactante, sin duda, es el que pone rumbo al desfiladero del Ebro y permite navegar por el Valle de Tobalina entre cortados y cañones, bajo la atenta mirada buitres leonados y halcones peregrinos que anidan en los roquedos.
Un paisaje encajonado que el río Ebro ha ido cincelando a lo largo de miles de años y que, por sus formas abruptas y sinuosas, salvando las distancias, se ha comparado a la zona con los fiordos, los valles estrechos y profundos de origen glaciar inundados por el mar característicos de Noruega.
Más allá de las paredes de roca caliza, que en algunas zonas alcanza un desnivel cercano a los 300 metros, asoman las copas de encinas, hayas, bojs y secuoyas de los bosques del Parque Natural Montes Obarenes-San Zadornil, una gran masa forestal de que ha valido a la zona el sobrenombre de ‘El Nueva York de los bosques’ y que, una vez en tierra, es perfecto para recorrer a pie o en bicicleta por alguno de sus senderos.

El recorrido en el barco, de unos siete km y una hora de duración, tiene un precio de 10 euros (adultos), 5 euros (niños de entre 3 y 8 años) y gratuito para menores de 3 años. En funcionamiento desde el pasado verano, sale todos los días con varios horarios de 11.00 a 19.00 horas.
Vías ferratas, ‘pajareo’ y rutas entre cascadas
Una vez en tierra, y ya que estamos en el llamado Territorio Obarenes, que articula los paisajes y experiencias en esta zona burgalesa que se extiende entre Las Meridandes y Bureba-Ebro, hay que probar otro tipo de emociones que ofrece la naturaleza.
Es el caso de las vías ferratas: subidón de adrenalina asegurada en cualquiera de los cinco nuevos itinerarios que se reparten entre los enclaves más impresionantes de la zona, los de Silanes, Tobera, Pancorbo, Oña y Bozoó.

Destaca especialmente la vía ferrata de Silanes, de un nivel K3+ (dificultad media – alta). Situada en pleno desfiladero de la Canaleja, con el río Silanes agitándose bajo los pies, dispone ahora de un péndulo, tres puentes colgantes y una tirolina.
Aunque se pueden hacer de forma libre, conviene informarse bien y, si es posible, acudir de la mano de algunas de las empresas que organizan estas actividades en la zona.
El Territorio Obarenes es también perfecto para los amantes del birdwatching, ya que en la zona anida el buitre leonado, el ave rapaz de mayor tamaño de toda Europa.

Además de esta majestuosa ave, se dejan ver sobrevolando bosques y roquedos el águila real o el halcón peregrino, entre otras otras muchas aves. Existen hasta seis miradores en Oña, San Zadornil o Pancorbo especialmente ideados para los amantes del ‘pajareo’ y la ornitología.
Diferentes vías ciclistas y un parque de 50 bicis eléctricas de uso público permiten descubrir cómodamente los rincones más impresionantes de Territorio Obarenes
Entre las propuestas de la zona, las vías ciclistas en Medina de Pomar, Frías y Cillaperlata son otro de los atractivos que, además, se pueden recorrer fácilmente gracias a un parque de 50 bicicletas eléctricas disponibles para el alquiler (se cogen en Oña, Cubo de Bureba, Frías, Santa Gadea, Pancorbo y Busto de Bureba).
Entre los paseos más recomendables, el del río Oca, entre Oña y Trespaderne por el Camino Natural del Ebro, la Vía Verde del antiguo tren Burgos-Santander, o el camino que une la preciosa localidad de Frías, uno de los pueblos más bonitos de Burgos, con Tobera, atravesado de cascadas.

El nuevo Pueblo Más Bonito de España
Y parada obligada en este Territorio Obarenes es también la nueva incorporación al selecto club de Los Pueblos Más Bonitos de España al que ya pertenecen, en la comarca de Burgos, Frías, Puentedey, Castrojeriz, Lerma, Covarrubias, Caleruega y Poza de la Sal.
Se trata de Santa Gadea del Cid, una pequeña localidad por la que perderse sin prisas para recorrer su casco histórico medieval, declarado Bien de Interés Cultural, con sus casas de entramado de madera rellenos de ladrillo de tejar o sus soportales bajo los que se celebraban los mercados.

Antiguamente rodeado de una hermosa muralla, hoy se conservan varios tramos así como las dos puertas del siglo XV que permitían el acceso a la ciudad medieval: ‘Encima de la Villa’, en la que se situó la antigua cárcel, y ‘Arco de la calle de Abajo o de las Eras’, ambas flanqueadas de torres.
Su castillo del siglo XV, encaramado en una roca, nos da la pista del importante papel defensivo que tuvo Santa Gadea del Cid en la Edad Media y que debía a su ubicación estratégica para la defensa de la frontera entre los reinos de Castilla y Navarra.
Levantado sobre una antigua fortaleza del siglo XI, desde aquí se puede disfrutar de una vista privilegiada sobre el río Ebro. En su interior, un patio de armas sobre el que se alza, imponente, la torre del homenaje.

Además de visitar la hermosa iglesia de San Pedro, un templo gótico que también sirvió de estructura defensiva, como confirma su torre almenada, hay que acercarse al antiguo Hospital de San Lázaro (1465), un lugar que recogía a pobres, enfermos y transeúntes y que hoy, convertido en un bar, acoge a otros viajeros que, por ejemplo, pueden degustar la Cerveza Gadea, que se elabora artesanalmente en una fábrica de la localidad.
Comprar miel 100% natural directamente a los apicultores de mielybellotas.com o llevarse un recuerdo de flores de Mavi Preservadas, conocer el proyecto de cultivo y transformación de lavanda de finca del Granero de San Francisco, con su curiosa forma típica de las construcciones norteamericanas. Un poquito más alejadas, también hay que visitar la románica ermita Virgen de las Eras (siglo XII) y el hermoso Monasterio de Nuestra Señora del Espino, de estilo gótico.