Las carreteras secundarias más alucinantes del Mediterráneo

Entre Girona y Almería y sin pisar autovías ni autopistas, estas carreteras permiten descubrir playas y calas, pero también bosques y viñedos, valles, puertos y poblaciones que atesoran la belleza más auténtica y salvaje del litoral

Carreteras secundarios para (re)descubrir el Mediterráneo. Foto: Jorge Salvador | Unsplash.

Entre Girona y Almería hay un total de 878 km que pueden recorrerse en alrededor de 8 horas y media -si la situación del tráfico es normal- por autopista y autovía, concretamente las famosas AP-7 y A-7.

Si el tiempo no es factor determinante, sin embargo, hay otras opciones que permiten realizar este viaje evitando los estragos que la urbanización desmedida y la destrucción de paisajes litorales han causado en la costa del Mediterráneo. Puede que sumemos algunos kilómetros extra, pero recorreremos hermosas carreteras secundarias que, aunque sigan la línea costera, invitan a explorar el interior siempre y cuando los paisajes y poblaciones deparen alguna sorpresa lo suficientemente agradable, ya sea en forma de bosques mediterráneos, viñedos, sierras, antiguos teatros romanos, palacios renacentistas, ondulantes campos de olivos, sorprendentes lagunas o pequeñas playas de arena dorada.

La Selva y el Montseny: las carreteras más bonitas de Cataluña

Partiendo de Girona, el primer tramo de esta ruta comprende 154 km por carreteras secundarias, necesarios para conectar la ciudad con Terrassa (Barcelona) a través de algunas de las carreteras más hermosas de Cataluña, las que atraviesan la comarca de La Selva y el Parque Natural del Montseny.

Parque Natural de Montseny. Foto: David Oliva | Unsplash.

Tras un tramo por la N-141 entre Girona y Anglès se toma la GI-542, que regala 25 km de ‘slow driving’ hasta Sant Hilari Sacalm siguiendo el curso del sinuoso río Osor entre masas de alcornoques, robles, castaños y plátanos.

La carretera a Viladrau continúa el festival de vegetación, con alcornoques y castaños que en algunos puntos se entrecruzan sobre la calzada creando una suerte de túnel vegetal colorido y cambiante. Después de llegar prácticamente a la cima del Turó d l’Home (1709 m) se inicia una atractiva bajada que disfrutamos antes del festín visual que nos reserva la vía a su paso por el Parque Nacional del Montseny (también protegido como reserva de la biosfera y parte de la cordillera Prelitoral Catalana, a la que también pertenece la famosa montaña de Montserrat). El paisaje aquí merece cada metro extra de la ruta, con bosques mediterráneos y atlánticos y preciosas panorámicas de los montes que parecen precipitarse sobre profundos valles.

Los bosques cambian de color todo el año. Foto: Turisme Montseny.

Además de detenerse en el centro de interpretación del parque natural hay que hacer una parada en Sant Celoni, con su bonita iglesia de Sant Martín. La C-251 es el último tramo de esta primera parte, con la que llegamos a Granollers, Sabadell y, finalmente, Terrassa, una ciudad que también merece la visita ya que, por su importante pasado industrial, especialmente en el sector textil, cuenta con un urbanismo singular, con hermosos ejemplos de arquitectura modernista como el mercado de abastos.

Montserrat, Montsant y El Priorat

Hasta tres zonas vinícolas se atraviesan en este tramo –Conca de Barberá, Montsant y Priorat– en un recorrido de alrededor de 180 km que arranca en la localidad de Monistrol y finaliza en Tarragona.

A nuestro paso, la montaña de Montserrat, en el parque natural del mismo nombre, con sus escarpadas paredes y su original morfología que se elevan entre encinares y robledales y que además cobija a la Mare Déu de Montserrat, patrona de Cataluña en el monumental monasterio de Sant Benet. Para admirar las mejores panorámicas se recomienda dejar el coche y tomar uno de los dos funiculares (el que sube a Sant Joan o el que conduce a la Santa Cova).

Una zigzagueante carretera conduce a Montserrat y el monasterio. Foto: Turismo de Catalunya.

Al dejar el lugar, la carretera desciende en un recorrido en zigzag que deja también preciosas vistas y que, de hecho, es una de las carreteras panorámicas más hermosas de toda Cataluña.

Tras superar Igualada, la ruta se adentra en la Conca de Barberá en un trayecto sinuoso que rebasa el valle del Francolí, ya en la provincia de Tarragona. Desde Vallverd de Queralt a Montblanc espera un paisaje tapizado de viñedos de la D.O. Conca de Barberá.

Las sorpresas continúan en el siguiente tramo, de Montblanc a Reus y Tarragona, con alrededor de 20 km excepcionales por la N-240 de l’Espluga de Francolí y la T-700 que conduce al monasterio de Poblet, con su monumental arquitectura, producto de seis siglos, que sigue las directrices de la orden del Císter y que cuenta con varios perímetros amurallados que hoy se franquean a través de tres puertas (portal Vell, puerta Dorada y Puerta real).

Monasterio de Santa María de Poblet. Foto: Turismo de Catalunya.

Seguimos conduciendo hasta Prades entre pinos, castaños y acacias con parada en la pequeña localidad de Acacias, desde donde se obtiene una hermosa panorámica, la de un mar de viñedos protegidos por las sierras de la Musara y del Montsant (de sus uvas salen los afamados vinos de la D.O. Montsant).

Por delante, entre Cornudella y Alforja, un nuevo territorio vinícola, en este caso de la D.O. Priorat, para visitar después la preciosa Siurana de Prades y, ya por la N-420, llegar a Reus, segunda capital del modernismo tras Barcelona. Tarragona con sus vestigios romanos (Patrimonio de la Humanidad por la Unesco), sus ramblas y agradables plazas supone el final de este tramo.

La localidad de Siurana, Tarragona.
Siurana pende sobre un peñón de roca. Foto: Marc Pascual | Pixabay.

La Costa Dorada en coche

Con Salou como punto de origen, comenzamos a bordear el litoral costero rumbo a Castellón. Tras superar Cambrils, se toma la N-340 -por cierto, la más larga de las carreteras nacionales, con 1.250 km entre Barcelona y Puerto Real, en Cádiz- que discurre entre suaves ondulaciones y campos de olivos y va dejando a la izquierda playas y pueblos como L’Ametlla de Mar y L’Ampolla, desde donde tomamos la desviación hacia el delta del Ebro.

Tierras mucho más llanas conducen a Deltebre y Poblenou, desde donde recomendamos la visita a la playa de Trabucador, enclave aún natural del Mediteráneo. Los siguientes km se hacen por el Parc Natural del Delta de l’Ebre entre lagunas de agua dulce y salada, hogar de interesante vida animal y vegetal, así como campos de cultivo en una sucesión de preciosos paisajes. Ya en la Comunidad Valenciana, la ruta tiene su broche en Vinarós, capital del Baix Maestrat.

Delta del Ebro. Foto: Santiago Lacarta | Unsplash.

La Costa del Azahar en coche

Desde Vinaròs hasta el cabo de la Nao, donde arranca la Costa Blanca, todo un segmento litoral de 237 km tiene un común denominador: un paisaje de naranjos perpetuo que, en primavera, desprende la intensa fragancia de las flores de la que toma su nombre la Costa del Azahar.

La N-340 es la referencia para este itinerario y, aunque discurre paralela a la AP-7, suele tener también bastante tráfico, por lo que no es recomendable en periodos vacacionales.

Peñíscola. Foto: Turismo Comunitat Valenciana.

A nuestro paso, localidades turísticas como Benicarló, Peñíscola (requiere un pequeño desvío), Alcalà de Xivert y Oropesa. Merece la pena abandonar la vía principal para acercarse a los humedales del Parque Natural del Prado de Cabanes-Torreblanca y a Benicasim, con su larguísima playa sus coquetos ejemplos de arquitectura modernista que remiten a la Belle Époque en el paseo marítimo.

La N-340 rodea Castellón de la Plana para adentrase, una vez superadas las factorías cerámicas, por una zona de huertas al abrigo de la sierra de Espadán hasta llegar a la histórica Sagunto.

Sierra del Espadán. Foto: Turismo Comunitat Valenciana.

A continuación, y dejando Valencia por la CV-500, ponemos rumbo a El Saler y La Albufera, para seguir rodando, en paralelo a la sierra de Murta, hasta Cullera y Gandía.

Ruta por las sierras de Alicante

Siempre hacia el sur por el litoral mediterráneo, unos 143 km separan las localidades de Gandía y Alicante, aunque aquí el valor paisajístico hace más recomendable desviarse hacia el interior por la CV-7158. Tras bordear un sector del Parque Natural del Marjal de Pego-Oliva y cruzar el valle de Pop, donde se ubica la población de Parcent, se sube a coll de Rates (780 m) desde donde se admiran buenas vistas de un territorio prácticamente cubierto de naranjos y mandarinos. Más adelante, paisajes de bancales con almendros y la curiosa localidad de Tárbena, de identidad más mallorquina que valenciana.

En Callosa de la Ensarrià se abandona la CV-7158 para tomar la CV-755 y adentrarse en la sierra de Aitana, en una vía cada vez más sinuosa que nos lleva a puertos como el de Ares (966 m) y el de Tudons (1027 m) o localidades como Abdet, todos ellos dominados por el pico Aitana (1588 m).

Guadalest. Foto: Manuel Torres Garcia | Unsplash.

De nuevo hacia la costa, la N-332 conduce a El Campello y Alicante entre larguísimas playas de arena, aunque casi sin trechos libres de urbanización.

En coche por la Costa Blanca y el Mar Menor

La N-332 es la carretera que, con recorrido alternativo a la AP-7, sirve de columna vertebral a esta ruta entre Alicante y Cartagena (150 km) que, sin embargo, no logra escapar de la masificación en puntos como Santa Pola o Torrevieja.

Sí nos regala, en cambio, hermosas vistas de las salinas de Santa Pola, de valor tanto económico como medioambiental -de hecho, está protegido como parque natural-, la mayor parte del año con flamencos sobre las finas láminas de agua.

Laguna rosa de Torrevieja. Foto: Willian Justen de Vasconcellos | Unsplash.

Tras sobrepasar Guardamar, un sistema de dunas se extiende a lo largo de la costa hasta La Mata y Torrevieja y, más adelante, la laguna de Torrevieja, con reserva de millones de toneladas de sal y un importante valor para la avifauna, además de un pintoresco color rosado. Más adelante, la salina de San Pedro del Pinatar, también rodeada de dunas.

Tras un tramo sin interés por la N-332 hasta Los Alcázares, se suceden otros pueblos marítimos como Los Urrutias y Los Nietos, hasta acceder al Mar Menor, La Manga y, finalmente, La Unión -marcada por la extracción minera de zinc- y Cartagena.

La costa de Almería en coche

Dejando atrás las zonas con más presión urbanística y turística, nos centramos ahora en el tramo entre Cartagena y Almería en una ruta de algo más de 230 km con algunas carreteras panorámicas impresionantes que nos sitúan literalmente entre el azul del cielo y el azul del Mediterráneo.

Cala San Pedro Parque natural del Cabo de Gata-Níjar. Foto: Archivo fotográfico Turismo de Andalucía.

Es el caso de la RM-332 antes de llegar al puerto de Mazarrón o, más incluso, la RMD-14 dirección Garrobillo, que nos hace escalar hasta un promontorio desde el que se divisa el territorio del Parque Regional del Cabo Cope y Puntas de Calnegre alcanzando a ver la escarpada geografía costera con el contrapunto de las abruptas crestas de la sierra de Almenara tierra adentro.

Otro tramo espectacular es el que conecta San Juan de los Terreros, ya en la provincia de Almería, y Garrucha, unos 28 km de estrecho corredor entre paredes rocosas y el mar Mediterráneo que permite acceder a pequeñas calas y playas que dan lugar a un atractivo litoral.

También idílico el zigzagueante tramo, una vez rebasado Mojácar-Costa, que trepa hacia la Punta del Santo, que deja entrever el paisaje desértico, casi lunar, que caracteriza la costa de Almería. Con el mirador de La Granadilla en su punto culminante, la ruta desciende después hacia Carboneras para entrar en uno de los parques nacionales más especiales de la península, el de Cabo de Gata-Níjar.

Isleta del Moro. Foto: Turismo de Andalucía.

Apenas hay que desviarse de la carretera para sentirse en el escenario de una película de ciencia ficción, entre riscos y colinas desérticos, pitas y pueblos blancos que parecen precipitarse a un azulísimo Mediterráneo plagado de calas y playas tan especiales como Los Muertos, Cala de Enmedio, Cala San Pedro, el Playazo o las más conocidas Los Genoveses y Monsul.

Además, pintorescas localidades como Agua Amarga, Rodalquilar, con un importante pasado minero que aún se aprecia en el urbanismo, o San José.

Para visitar el faro de Cabo de Gata y el arrecife de las Sirenas hay que retroceder a Pozo de los Frailes y tomar la carretera AL-3201, que también nos lleva hasta Almería vía Ruescas y El Retamar.

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