Albarada: así se come en el restaurante más alto de Barcelona
Junto con la coctelería 1925 Vermutería, este restaurante ofrece una propuesta de alta gama en un hotel que tiene a la capital catalana a sus pies
La terraza de Albarada ofrece las mejores vistas de la ciudad. Foto: Hotel METT.
Llegar no es fácil: para acceder al hotel METT hay que recorrer un trecho de 10 minutos de curvas y más curvas por la carretera de Vallvidrera, en la sierra de Collserola, hasta alcanzar la cima del Tibidabo. Pero, una vez que se entra en este establecimiento -que ha llegado a los 125 años en un excelente estado de salud gracias a su última renovación-, uno siente que ha puesto el pie en un mundo diferente.
La elegancia de sus salones, el silencio interior y las vistas que se despliegan lo convierten en un sitio único, de esos de los que uno no quiere irse por más que pasen las horas.

La transformación estética y de servicios impulsado por su nuevo propietario, el grupo Sunset Hospitality Group, ha respetado la larga tradición del antiguo hotel Florida. Y eso también se ha reflejado en sus dos espacios gastronómicos: el restaurante Albarada y la coctelería 1925 Vermutería.
Disfrutar en las alturas
Dada su ubicación, a casi 500 metros sobre el nivel del mar, sin duda la mejor ocasión para venir aquí es al mediodía, cuando las panorámicas hechizan desde el primer vistazo. Pero de noche el lugar adquiere otra magia, porque desde la terraza se despliega la alfombra de luces de Barcelona.
La estética de Albarada, a cargo de Astet Studio, se inspira en el Mediterráneo y en la corriente noucentista, donde los materiales naturales dialogan con la artesanía local y los colores suaves -cremas y marrones- evocan las sierras catalanas. Atención también al detalle del olivo en el centro de la sala.

En esa misma línea, el chef Rubén Briones firma una carta breve, basada en productos locales y de temporada, en la que el mar, a apenas un par de kilómetros, funciona como despensa madre.
Cocina de territorio
Los entrantes de Albarada son pequeños, pensados para pedir varias opciones y así potenciar la diversidad. En nuestro caso, probamos el steak tartar, elaborado con carne madurada durante 24 meses y servido sobre un tuétano asado, con el toque final del flambeado. Llegó junto a una ensalada de raíces, con tres tipos diferentes de remolacha y un puñado de chips de boniato.
Tanto al mediodía como por la noche, las impactantes panorámicas desde 500 metros de altitud suman puntos al restaurante y la coctelería
Otras alternativas para abrir el apetito son la presa ibérica, el carpaccio de cigala con aceitunas gordal, la berenjena a la parrilla, el foie gras, las almejas con salsa verde o el plato de jamón ibérico.

Ya en los principales, hay media docena de opciones de mar y montaña. Para hacerlo salomónico, optamos por una tierna chuleta de cerdo con puré de manzana y una lubina salvaje con salsa de puerro y perejil. Pero sepan que otros futuros clásicos son la paletilla de cordero, las gambas rojas con mantequilla de ajo, el arroz de setas de cardo y, si hay ganas de comer algo más abundante, el arroz con bogavante o la chuleta de vaca a la brasa.
Para rematar con los postres, nos sirvieron para compartir una porción de tarta de queso al horno, y quedará para otra oportunidad probar el tiramisú, el flan de chocolate o la piña asada.
Vermut 5 estrellas
La idea de 1925 Vermutería, nos apuntaron, es recuperar la tradición del vermut de mediodía. Y la fórmula está teniendo éxito, dicen, no solo entre los huéspedes —casi siempre turistas internacionales—, sino también entre residentes de Barcelona, Sant Cugat, Terrassa y otros municipios que suben hasta el Mett para disfrutar de las vistas con una copa en la mano.

Su decoración es un maridaje de tradición y modernidad: un espacio que, de noche, transmite una elegancia discreta con sus luces tenues, pero que de día se llena de luz gracias a sus grandes ventanales. Aunque, salvo que el clima lo impida, casi todo el mundo sale a la terraza con alguno de sus cócteles —clásicos o de autor— o con uno de sus vermuts.
De estos últimos hay seis variantes, elaboradas con vermuts de alta gama, como el excelente Negroni Locuaz (vermut rojo Dos Déus Mediterranean Mulled, mezcal Casamigos, Campari, jugo de pomelo y limón). En cuanto a los cócteles de autor, las ocho propuestas también cuentan con destilados de primeras marcas, que además sirven de base a media docena de clásicos como el paloma, el old fashioned o el negroni, entre otros.
Platillos y terraceo
Los destilados también se pueden beber solos. Y, si uno es más de vinos, tanto en Albarada como en 1925 Vermutería tienen una interesante carta de tintos, blancos, rosados, espumosos y generosos de España, así como de Francia, Hungría, Portugal y otras latitudes.

Para evitar beber con el estómago vacío, en 1925 Vermutería se ofrecen también platillos fríos para el picoteo, como el salmón curado, la tosta de sobrasada ibérica o las ensaladas; así como opciones calientes que van desde el muslo de pollo hasta la morcilla con pimientos del piquillo, pasando por el pulpo a la gallega o el pepito de ternera.
Y allí, con Barcelona a los pies, sea de día o de noche, uno desea que el tiempo se detenga y que esos momentos duren para siempre.