Colmado Carpanta: del pollo a l’ast al éxito en Sarrià
En este barrio de Barcelona hay un pequeño bar-restaurante de cocina tradicional que siempre está lleno, gracias a una propuesta sencilla, sabrosa y accesible
En Sarrià, Carpanta realza los platos caseros de toda la vida. Foto: María Algara Photography.
Había una vez un gigante llamado Carpanta, nacido en un tebeo español en 1947, que por más que comía y comía, siempre tenía hambre. Décadas después, dos niños de Barcelona que leían aquellas historietas en la revista Pulgarcito eran apodados por sus abuelas con ese mismo nombre, en alusión a su voracidad infantil. Eran Guillem Pico y Adrián López, quienes durante años de amistad soñaron con “montar algo” relacionado con la gastronomía y con su pasión por comer bien.
Y ese día llegó: en junio de 2024 abrieron una tienda especializada en pollo a l’ast en el barrio barcelonés de Sarrià. En homenaje a aquel apodo familiar —y al deseo de tener siempre el apetito satisfecho— la bautizaron como Colmado Carpanta.

De casas de comida a restaurante
La tienda se convirtió rápidamente en un éxito, no solo por ese pollo prêt-à-porter de los domingos, sino también por otros platos que se preparaban en su pequeña cocina. Al poco tiempo añadieron una barra y, visto que el negocio seguía creciendo, en el verano de 2025 decidieron vaciar el almacén lateral para transformarlo en la sala de un pequeño restaurante.
Carpanta comenzó como casa de comidas especializada en pollo a l’ast y, al año, ya estaban vaciando el almacén para convertirlo en bar-restaurante
Sin interioristas ni estudios de diseño, les bastó el instinto para dar forma a un espacio con taburetes altos, sillas de rojo intenso, mesas de mármol y madera, y una decoración que recuerda en todo momento que estamos en una casa de comidas: latas de tomate y conservas en formato XXXL, botellas de vino, una báscula antigua y cabezas de animales de cerámica que luego reaparecen en los platos: cordero, vaca, cerdo y gallo.

Carta breve y tradicional
La carta de Colmado Carpanta es breve, pensada para decidir rápido y dedicar el tiempo a la conversación con la pareja, los amigos o la familia. Los platos, de tamaño pequeño a mediano, están concebidos para compartir desde el centro de la mesa. Así lo comprobamos con la bomba de la Barceloneta, una relectura de este tradicional entrante individual, y con los dados de salmón, que en realidad son una especie de nigiri sobre una galleta tipo airbag rellena de salsa de queso trufado.
La ensaladilla rusa, los buñuelos de bacalao, las croquetas de pollo a l’ast y la empanada de atún son otras opciones para abrir el apetito, aunque conviene hacer una escala técnica en alguna de sus tres tortillas: la clásica (con o sin cebolla), la de callos cap i pota y la de sobrasada con membrillo. Probamos esta última, y vimos como esta combinación de dulce y salado funciona muy bien.

A mediodía, el colmado sigue sirviendo pollo a l’ast, pero como aquí nada se tira y todo se transforma, el ave también se recicla en platos más contundentes, como el canelón de pollo con manzana, que no dudamos en pedir; o los macarrones a la cardenal con pollo, que vimos pasar hacia la mesa de al lado y resultaban especialmente tentadores.
Otros principales a tener en cuenta son los callos, el bonito en salsa, las albóndigas con sepia y garbanzos, la carrillera de cerdo con manzana y los fideos a la cazuela, entre otros.

La dulce conclusión
En los postres, uno siente que está en casa de la abuela: torrijas, flan, arroz con leche, buñuelos de viento con Nutella y la tarta del día (“si nos da tiempo”, aclaran en la carta).
La bodega reúne vinos de distintas DO españolas, con una apuesta interesante por bodegas pequeñas y producciones limitadas. Algo parecido a lo que ocurre con Colmado Carpanta: no hace falta pensar a lo grande para convertirse en un éxito. Aunque la idea haya nacido, precisamente, de un gigante que siempre tenía hambre.