Norah, el restaurante de diseño que invita a vivir un verano eterno en Madrid

Luz, aceite de oliva y cocina de todo el Mediterráneo junto a un diseño sofisticado y un ambiente que invita a alargar las comidas sostienen el éxito de Norah, el restaurante de moda en Chamberí

El diseño de Norah es de Trueba Studio.

Sol y aceite de oliva. Son los ingredientes que comparten todas las cocinas alrededor del Mediterráneo, afirma el chef Eli Shtein, detrás del concepto gastronómico de Norah, en Madrid. Por eso son los grandes pilares sobre los que se articula la cocina del que se ha consolidado como uno de los restaurantes de moda en el céntrico barrio de Chamberí.

A unos pocos pasos de Colón y Alonso Martínez, en la misma calle que tienen su palacete Norman Foster y Elena Ochoa, Norah (Calle del Monte Esquinza, 15), el restaurante no solo trata de ofrecer platos de las diferentes orillas del Mediterráneo, sino algo aún mejor: la cultura en torno a la mesa, el disfrute compartido, las sobremesas que se alargan con otra copa de vino y otro café. Y, eso, en un momento en que cada vez más restaurantes imponen turnos de comidas y te avisan al sentarte de la hora en que tienes que haber terminado, es de por sí refrescante.

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El Mediterráneo en Madrid. Foto: Norah.

Norah, el place to be en Chamberí

El concepto del restaurante, explica Natalia Dzidziguri a TENDENCIASHOY, se inspira en la historia de Gerald y Sara Murphy, una pareja de millonarios estadounidenses que escaparon en los años 20 de sus respectivas presiones familiares y convenciones sociales para instalarse en la Riviera francesa y crear un pequeño paraíso privado entre playas desiertas y su mansión, la famosa Villa América.

Allí recibían a artistas e intelectuales entre los que figuraban Scott y Zelda Fitzgerald (el escritor se inspiró en la pareja y en su refugio en Cap d’Antibes, en la Costa Azul, en su obra Suave es la noche), Ernest Hemingway, Pablo Picasso, Dorothy Parker, Cole Porter, Stravinsky, Archibald MacLeish, John Dos Passos, Fernand Léger o Jean Cocteau.

“Aquella forma de vida que crearon alrededor del Mediterráneo: el sol, las comidas largas, el vino, los amigos y ese círculo de artistas y escritores que se reunía a su alrededor” encandiló a los socios del proyecto: Téa Khuade, Gio Goglidze y Grigor Vlasyan y el mencionado Eli Shtein.

La luz y el color del Mediterráneo se trasladan al interiorismo. Foto: Norah.

 “Nos sentimos muy identificados con esa manera de vivir y compartir, y de aquella conversación empezó a construirse el universo de Norah y, más adelante, nuestro Born in the Mediterranean”, el lema que usan como leitmotiv y que vemos incluso bordado en las servilletas -que sí, son de tela-.

El sol del Mediterráneo en Madrid

Natalia, que viene del marketing y del desarrollo de negocios y está detrás también del restaurante madrileño Persimmon’s, se declara firme defensora de los “conceptos con identidad propia, donde la experiencia vaya mucho más allá de la comida”.

Por eso su cocina, aunque tiene pinceladas de diferentes países mediterráneos, “busca transmitir una forma de entender la cocina y la mesa que todos ellos comparten. Born in the Mediterranean habla de una manera de vivir: del producto, de la sencillez, de compartir, de cocinar con luz, aceite de oliva y mucha naturalidad”.

Platos de todo el Mediterráneo. Fotos: Norah.

La carta no pretende así ser un “recorrido geográfico” por España, Turquía, Italia, Grecia o Túnez, sino una “interpretación contemporánea de esa cultura mediterránea, donde conviven influencias de distintos lugares sin perder una identidad propia”.

“La carta de Noah interpretación contemporánea de esa cultura mediterránea, donde conviven influencias de distintos lugares sin perder una identidad propia”

Contribuye a ello la visión del chef que, en su opinión, “entiende la cocina mediterránea de una forma muy especial. Siempre dice que «our mutual product is the sun and olive oil», y esa frase resume perfectamente su manera de cocinar”.

Steak tartar con crackers de aceite de oliva. Foto: Norah.

Por eso, más que adaptar recetas de unos lugares y otros, “interpreta la cocina mediterránea desde su propia sensibilidad. No busca reinventar platos, sino respetar su esencia y aportarles su mirada”.

Desde la curiosidad y el respecto, afirma Natalia, “observa cada producto, cada elaboración y siempre encuentra algo nuevo que aprender. Es una forma muy natural de entender la cocina y creo que eso se refleja en todo lo que hace”.

El resultado son platos como la ensalada de cordero, que destila frescura con su mezcla de hierbas aromáticas y salsa tzatziki, los crudos, como carpaccios, donde el producto habla por sí solo (el de gamba roja, chile tatemado y aceite aromático es un platazo), y las pastas hechas a mano, como el pici con pecorino y pimienta negra o los fetuccine con calamar, ajo, aceite y tomate picante.

El pici con pecorino es uno de los platos estrella. Foto: Norah.

Convertidos en auténticos best sellers de la carta, son propuestas “que reflejan el trabajo artesanal y el cuidado que hay detrás de cada elaboración y que resumen muy bien nuestra manera de entender la cocina: producto, sencillez y mucho detalle”.

Un menú perfecto (y con un precio medio de 50€) también incluiría las piparras, que se acompañan de sal negra y un glaseado de ajo y limón, el steak tartar con semillas de mostaza acompañado de crackers de aceite de oliva, y algún plato de brasa, como la corvina o el pulpo, mejor con una ración de patatas baby asadas, skordalia griega y ajo confitado.

Para terminar una muy recomendable tarta de limón con crème fraîche y ralladura de limón para la que siempre hay hueco.

Siempre hay hueco para la tarta de limón. Foto: Norah.

Nada es azaroso en la carta, detalla Natalia, “cada uno de los platos tiene una historia, un sentido dentro de la carta y una razón por la que está ahí. Nos gusta pensar que cada cliente encuentra su favorito y vuelve por él”.

Mediterráneo embotellado

También muy interesante, la bodega, responsabilidad del sumiller Alberto Ruffoni -ganador, entre otros, de los prestigiosos concursos de Cata por Parejas de Vila Viniteca y de Spanish Wine Master- busca que el vino acompañe ese viaje por el Mediterráneo que ofrecen los platos sin limitarse a un país.

Foto: Norah.

De ahí que convivan referencias españolas con otras francesas, italianas, griegas o libanesas, desde el Albillo Real de Madrid hasta el Albariño Leirana de Rías Baixas, pasando por Chablis en Francia, Marche en Italia o Santorini en Grecia.

“Más que buscar una colección extensa, buscamos una selección coherente, con vinos que dialoguen con la cocina y que inviten a descubrir nuevas regiones y productores”, recalca Natalia.

Esta propuesta se completa con la coctelería de autor de Julio de la Torre que, apuesta por combinaciones frescas y veraniegas de inspiración Mediterránea, como Chipre, elaborado con zumo de pepino natural, tequila, mezcal y lima, o el toque cítrico de Santorini, que combina ginebra, lima fresca, angostura y refresco de jengibre.

Cócteles para alargar la cena. Foto: Norah.

Un diseño que invita a quedarse

Otra pata importante del discurso del restaurante descansa en el interiorismo, tan importante como la cocina o el servicio: “desde el principio entendimos que Norah no podía explicarse solo desde la cocina. El espacio, diseñado por Trueba Studio, ayuda a crear exactamente la atmósfera que buscábamos: cálida, relajada y muy natural”.

La luz, claro, entra con fuerza por las enormes cristaleras y el ambiente va cambiando a medida que lo hace el sol, transitando de los almuerzos con luz natural a atmósfera nocturna más íntima, marcada por una iluminación tenue bajo la luz de las velas, la barra y los cócteles.

El ambiente del local cambia de mediodía a la noche. Foto: Norah.

Los colores del Mediterráneo están por todo el espacio: bancos alicatados con azulejos azules, cojines en tonos arena, maderas con diferentes vetas y acabados, mesas revestidas con mosaicos, apliques de pared que evocan algas, cerámica en tonos rojizos y blancos en la barra.

El resultado es una atmósfera envolvente y acogedora, que hace que tengas ganas de quedarte, de alargar la comida. También de volver y, en cierto modo, de crear su propia comunidad, siguiendo la estela de Gerald y Sara Murphy.

“En estos primeros meses ya vemos cómo muchos clientes se conocen entre ellos, vuelven varias veces al mes o nos recomiendan de forma muy natural. Esa sensación de comunidad está apareciendo de una forma muy orgánica y creemos que es la mejor señal de que el proyecto va en la dirección correcta”.

El objetivo del restaurante, menos de un año después de su apertura, pasa por “seguir consolidándolo, evolucionando cada día y cuidando cada detalle para que la experiencia sea cada vez mejor. Creo que todavía tenemos mucho margen para seguir creciendo y esa es nuestra prioridad ahora mismo”, concluye su fundadora.

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