De Miami a Madrid: así es Makoto, el japonés que se ha colado entre los favoritos de la capital
Alta cocina japonesa, robata, cócteles de autor y una mirada cosmopolita definen el primer restaurante del chef Makoto Okuwa en Europa
El restaurante japones que tienes que conocer ya. Foto: Makoto.
“Mira qué energía, todo el mundo quiere estar aquí”. Quien habla es Elías Murciano, director del restaurante japonés Makoto y, aunque se refiere a Madrid, donde se ubica, bien podría estar haciéndolo del establecimiento, muy animado en la mediodía de un martes de agosto con mesas ocupadas por estadounidenses, mexicanos, venezolanos o coreanos, además de españoles.
Ajenos a la canícula capitalina, con fuentes que refrescan un frondoso jardín que se filtra a través de los ventanales, nada parece indicar que nos encontramos a unos pocos pasos del ajetreado -incluso en verano- Paseo de la Castellana y de la calle Serrano. La firma del arquitecto Manuel Clavel Rojo ha logrado crear en Makoto, junto al Hotel Villa Magna, un refugio urbano que acoge el que se ha consolidado en poco más de un año como uno de los restaurantes japoneses favoritos de Madrid.

“Desde que abrimos en junio de 2025, ha sido un éxito rotundo” confirma Elías Marciano, socio y director del restaurante, mientras pasea la mirada satisfecho por el elegante espacio al que dan forma materiales nobles y referencias sutiles a la cultura japonesa. Parte de su éxito, opina, radica en la fama de Makoto Okuwa, el prestigioso chef tras el concepto.
Muchos de los extranjeros que hoy disfrutan de los platos que destilan técnica y delicadeza ya lo conocen de sus restaurantes en Miami, Washington, Ciudad de México, São Paulo o Santo Domingo.
En su primera incursión en Europa, Makoto Okuwa, formado con el maestro del sushi Shinichi Takegasa en Japón y curtido en las barras de Morimoto, ya en los Estados Unidos, antes de crear su propio concepto que hoy cuenta con 10 establecimientos, apostó por Madrid. Un año después, su propuesta está totalmente consolidada y Makoto es ya uno de los imprescindibles para quienes buscan una cocina japonesa de alto nivel en un entorno cosmopolita y contemporáneo.

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Qué comer en Makoto
Varios chefs y sushimen se afanan tras la larga barra de la que surgen hermosos platos que combinan un producto excepcional con la técnica y precisión que caracterizan la alta cocina japonesa.
Diseñada para compartir y con precios nada excesivos para la ubicación y la calidad de la propuesta (70-80 €), la carta incluye sushi, sashimi, makis, uramakis -con arroz por fuera-, platos calientes, elaboraciones a la robata -la tradicional parrilla japonesa- e ingredientes exclusivos que forman parte del sello de la casa.

Si nos dejamos aconsejar, es muy posible que por la mesa desfilen platos como el tai sudachi, unas finas láminas de dorada en crudo que envuelven patatas paja y una pasta de ajo con soja y chile serrano. Con el punto justo de picante y una textura crujiente es un plato que roza lo adictivo.
También adictivos -se comen como pipas-, los rock shrimp, camarones en tempura bañados en una salsa cremosa y ligeramente picante de gochujang que se acompaña de endibias para darle el contrapunto crujiente.

Tampoco defraudan los spicy edamame con ajo y salsa picante o el dynamite handroll, preparado con cangrejo horneado, arroz y salsa vietnamita y enrollado en una hoja de soja blanca.
En poco más de un año, Makoto se ha consolidado como uno de los mejores restaurantes japoneses de Madrid
También interesante, además de los platillos internacionales, en Madrid Makoto apuesta por el producto nacional, como el pulpo gallego, que se sirve ahumado, con alcaparras crujientes y cilantro, o el atún rojo de almadraba, en torno al cual se propone en temporada eventos de despiece siguiendo la tradicional ceremonia japonesa del Gomai Oroshi.

Junto a ellos, productos que llegan de Japón como el erizo uni de Hokkaido, el atún toro de Oma, las vieiras, el hamachi, o el kinmedai, un pescado de aguas profundas muy apreciado en la cocina nipona.
Además, lubina europea, que se prepara al con chimichurri de wasabi y shiso, salmón a la robata marinado con ponzu, mantequilla yuzu, turnip, merluza negra con kale crujiente y miso de ume, y diversos cortes de carne, entre los que sobresale el wagyu, australiano y japonés, en diferentes preparaciones de robata y, en cualquiera, un éxito asegurado.
Para terminar, algunos de sus mochis, la mouse de chocolate o tal vez la piña asada con merengue con ron de coco y helado de soja o el maracuyá con chocolate blanco, galleta de almendra y sorbete de mango, perfectos para esta estación.

Cócteles de autor, sakes y whiskies japoneses
Entre las bebidas, alrededor de 150 referencias de vinos, entre blancos españoles como el godello, riesling alemanes o blancos de Borgoña, o tintos de Burdeos o la Toscana.
Por supuesto, una buena selección (alrededor de una veintena) de sakes artesanales y whiskies japoneses que compiten por nuestra atención con cócteles de autor que van del Gueysa con tequela Mijenta Silver, zumo yuzu, bitter pomelo y soda al Japanese Porn Star, con vodka Haku, sake, puré de maracuyá, vino espumoso y huzu, pasando por el Katana con ron Santa Teresa, mango, café y bitter de chocolate y el Samuray, con yuzu, sirope de arce, vino oloroso, ron, whisky, licor choya y clara de huevo.

Una terraza para alargar el verano
Un año después de su apertura y confirmando la buena marcha del concepto, Makoto estrenaba este verano su terraza, un pequeño tesoro en corazón de Madrid.
Rodeada de árboles y alejada visual y acústicamente tanto de la Castellana como de las arterias comerciales que conforman la Milla de Oro, se presenta como un auténtico refugio urbano: oculto entre la vegetación y los olivos y acompañada por el murmullo del agua, se integra en el paisaje madrileño con una atmósfera totalmente en envolvente.

Con capacidad para 40 comensales y diseño también de Manuel Clavel Rojo, la terraza está abierta durante todo el día, al igual que la cocina non-stop del restaurante, por lo que es perfecta para el almuerzo que se alarga en sobremesas infinitas, pero también para la copa después del trabajo o la cena relajada que invita al hedonismo. Y para qué negarse.