Del olvido al lujo: así ha renacido el antiguo edificio de Telefónica como hotel en Valencia

El Grand Hotel Centenari Valencia se ha convertido en uno de los hoteles más lujosos de la Comunitat Valenciana

Grand Hotel Centenari Valencia, de Marriott junto a Francisco Martínez, proveedor cárnico de Mercadona.

Grand Hotel Centenari Valencia, de Marriott junto a Francisco Martínez, proveedor cárnico de Mercadona.

Cien años después de que los arquitectos Santiago Esteban de la Mora e Ignacio de Cárdenas Pastor lo concibieran como un símbolo del progreso técnico, el antiguo edificio de Telefónica vuelve a brillar en el corazón de València. Sin embargo, después de casi un siglo siendo una de las sedes más importantes de toda España para la compañía, ahora lo hace con un gran cambio en su sentido.

Concretamente, ahora brilla reconvertido en el Grand Hotel Centenari Valencia, un cinco estrellas que celebra tanto el pasado de la ciudad como su presente más vibrante. Situado en plena plaza del Ayuntamiento, el inmueble, que en su día fue vanguardista y rupturista, se transforma ahora en un lujo contemporáneo que no pierde de vista sus raíces.

Un edificio adelantado a su tiempo que ahora brilla como uno de los hoteles más lujosos de España

Es importante, eso sí, tener en cuenta el contexto de este edificio. Y cuando originalmente se levantó la sede de la Compañía Telefónica de España, su estética racionalista con elementos casticistas rompió radicalmente con el entorno. Frente al eclecticismo afrancesado del edificio de Correos y a la ornamentación modernista del Ayuntamiento, esta obra apostó por la pureza de líneas y la sobriedad.

De hecho, este edificio causó furor en la ciudad al introducir por primera vez en València la estética de los rascacielos de la Escuela de Chicago. La Guía de Arquitectura del CTAV subraya cómo aquel movimiento, entonces desconocido en la ciudad, simbolizaba la mirada hacia un futuro moderno.

Ahora, un siglo después, la obra renace bajo nuevo nombre y nueva identidad, pero preservando su esencia. Su nueva vida llega de la mano del estudio ERRE Arquitectura, el mismo que ha dado forma a otros hitos recientes como el Centro de Arte Hortensia Herrero. El resultado no es solo una rehabilitación, sino un homenaje al tiempo, un diálogo que enlaza 1925 con la actualidad y cuyo propio nombre recuerda los cien años del proyecto original.

Una apertura de lujo que ha sido llevada a cabo por Autograph Collection de ACHM Hotels by Marriott, y que ha terminado siendo una de las más celebradas del año en València. En pleno centro neurálgico, el edificio recupera su esplendor gracias a un proyecto cuyo objetivo, según sus arquitectos, era “encontrar ese equilibrio entre lo que el edificio fue y lo que debía llegar a ser”. Se trataba de respetar la historia, pero también de adaptarlo a las expectativas del viajero moderno que busca una experiencia exclusiva.

Un hotel de lujo inspirado en la estética de los años 20

Sn embargo, es su marcada estética lo que dota de una gran personalidad a este hotel. En él, el interiorismo toma como hilo conductor los años veinte, con guiños al Art Déco, a las formas sinuosas, a los brillos metálicos y a la serenidad elegante del período. Al cruzar el lobby, los techos altos, la madera noble y los pavimentos de piedra natural en blanco y negro conducen al visitante a un viaje temporal que, sin perder modernidad, respira nostalgia.

Todo arranca tras el vestíbulo, donde se encuentra Soul of 1927, el bistró del hotel, un espacio de alma francesa y acento local que ofrece un concepto all day dining. Entre mesas circulares y sillones color jade, destacan dos columnas de nogal que evocan palmeras mediterráneas, en un guiño inevitable a la Lonja de la Seda, dotando al espacio de una gran personalidad.

Durante el día, el ambiente es luminoso; por la noche, el brillo tenue y la música en directo recrean los felices años veinte, con un piano presidiendo la escena y fines de semana dedicados al jazz. La carta, por su parte,  celebra la tradición local, con reinterpretaciones como la coca d’esgarraet con bacalao, el arroz del senyoret o la gamba roja de Denia a la brasa. En coctelería, los nombres evocan el pasado telefónico del edificio, con combinaciones como Línea directa o Interferencias, reflejo de esa unión entre memoria y actualidad.

Originalmente concebido con planta baja, cinco alturas y una torreta central, el edificio sufrió en 1961 una remodelación que eliminó la torre y añadió dos plantas adicionales, reforzando su estética norteamericana. Hoy, su séptima planta culmina en The Rooftop. Soul of 1927, un mirador excepcional al skyline valenciano que promete convertirse en uno de los lugares más codiciados para presenciar la mascletà durante las Fallas.

Y es que las más de cincuenta habitaciones del Grand Hotel Centenari mantienen con sutileza el espíritu Art Déco, utilizando materiales nobles como madera de nogal o mosaicos de piedra natural. Su mobiliario, diseñado a medida, retoma formas orgánicas y motivos geométricos inspirados en hojas de palmera o conchas, mientras que las celosías doradas separan baño y dormitorio a modo de guiño a la época.

A nivel general, la relación entre interior y exterior es fundamental. Por ello, las habitaciones incorporan cuadros que evocan iconos de la ciudad como el Mercado Central, la Finca Roja o el Mosaico Nolla. Según la arquitecta María Ángeles Ros, “la localización y las vistas fueron el punto de partida del proyecto”, y esa premisa convierte cada habitación en un mirador sobre València.

El mayor privilegio, sin embargo, lo tienen las veintitrés estancias que se asoman directamente a la plaza del Ayuntamiento, desde donde la ciudad se contempla como un paisaje vivo. Allí donde antes había escritorios de la antigua Telefónica, ahora se despliegan cómodas camas king size que completan la metamorfosis de un edificio que ha sabido renacer sin renunciar a su historia.

Así, el Grand Hotel Centenari Valencia se erige como un símbolo renovado, uniendo el legado arquitectónico de 1925 con la sofisticación del siglo XXI. València recupera así una pieza clave de su identidad urbana, transformada en un refugio de modernidad con alma Art Déco.

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