Una imagen de las bodegas de Codorníu en Sant Sadurní d'Anoia.

Carlyle exprimirá Codorníu para pagar el sobreprecio

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Las últimas operaciones de Carlyle en España indican que disparar el dividendo será la principal intención del fondo de inversión americano

Barcelona, 01 de julio de 2018 (04:55 CET)

En Sant Sadurní d'Anoia sólo se hacen una pregunta: ¿qué pasará ahora con Codorníu? La empresa familiar, la más antigua de España, estará controlada por el fondo Carlyle después de que llegar a un acuerdo con los acionistas hartos de la gestión de Javier Pagés y Mar Raventós al frente de la empresa. Ahora, es el momento de que el vehículo recupere la inversión.

La compañía valoró en un primer momento a la cavista en 240 millones de euros. Sin embargo, la negativa de la dirección elevó la valoración final hasta 300 millones de euros, un aumento del 25%. Por ello, fuentes financieras tiran de hemeroteca para sentenciar: "el fondo exprimirá los dividendos de la empresa para financiar la operación".

De hecho, Carlyle no esconde sus intenciones. El fondo ya advirtió desde el primer momento que pensaba en vender activos de Codorníu que no le interesaban. En parte pagarán el sobreprecio. En parte servirán para ganar efectivo que sirva para comprar otras bodegas.

En las oficinas del vehículo en España es habitual pensar en los recursos de la empresa adquirida para financiar su compra. Ya se hizo así en la adquisición de la tecnológica Arsys, que compró por 160 millones en 2007 y vendió en 2013 por 140 millones. ¿Venta a pérdidas? Ni de lejos. Fuentes internas de la empresa señalan que durante su periplo al frente de la compañía dispararon las cifras de dividendo.

No fue un caso aislado. Ni siquiera el mayor ejemplo. En 2013, dos años después de comprar el 85% de la operadora telefónica Telecable de Asturias por 340 millones de euros, aprobó un dividendo extraordinario de 209 millones con cargo a reservas. De tal cantidad, 178 millones fueron a pasar a los bolsillos del fondo estadounidense.

Para financiar la remuneración, la empresa tuvo que pedir un crédito sindicado de 200 millones de euros. El endeudamiento se multiplicó por diez, pasando 23 millones en 2012 a 220 millones en 2013.

 

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