La banca impone nuevas condiciones para sacar a Martinsa-Fadesa del abismo

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INMOBILIARIA

Imagen de la salida a bolsa de Martinsa-Fadesa | EFE

02 de febrero de 2014 (22:08 CET)

Martinsa Fadesa está de nuevo al borde del abismo. La compañía presidida por Fernando Martín tiene previsto reunirse esta semana con la banca acreedora, o al menos con parte de ella, después de haber sido incapaz de cumplir el plan fijado en el convenio con el que logró sobrevivir a la mayor suspensión de pagos de la historia de España. La inmobiliaria no pudo abonar la deuda comprometida en 2013, 36 millones de euros que debía pagar a sus acreedores.

Pero Martinsa no llama estos días a la banca para explicar los motivos y pedir tranquilidad, sino para tapar agujeros. Plantea a las entidades convertir deuda subordinada en préstamos participativos. La operación debería reportarle cerca de 200 millones en fondos propios para revertir la situación de caja negativa y evitar entrar en causa de disolución. Sin embargo, no lo tendrá fácil. Las entidades están dispuestas a negociar, todas menos la banca extranjera, que dará un no rotundo. Bankia, con un 60% de la deuda subordinada y pieza clave en el puzle, también pondrá condiciones. Mientras, entre los acreedores comienzan a sonar voces que critican la gestión de Fernando Martín y sus ingresos al frente de una compañía con un agujero de 4.000 millones. Todo un toque de atención.

El dilema de Bankia


Entre las entidades más perjudicadas por la operación que propone Martinsa estaría Bankia, informan fuentes financieras. Principalmente, porque ya afrontó, junto a otras entidades, una operación similar en 2013 que permitió a Martinsa convertir créditos subordinados en participativos por importe de 139 millones de euros. Pero, además, explican las mismas fuentes, la deuda subordinada de Bankia tiene privilegios que la sitúan por delante de otros préstamos ordinarios a la hora de recibir los correspondientes pagos.

Por este motivo, la entidad no estaría dispuesta a sacrificar sus “privilegios” o, cuando menos, a salir más perjudicada que otros. Jugará esta baza para que otras entidades se sumen al ‘rescate’ de Martinsa. Entre los acreedores están Novagalicia, La Caixa o Popular, y también la Sareb, que recibió parte de la deuda de otras entidades.

El sector crítico

El convenio firmado con los acreedores, que compromete a la compañía a abonar 7.200 millones en 10 años, contempla la posibilidad de impagos como el que se produjo en el pasado ejercicio. Esto permite, como comunicó Martinsa a la CNMV, que no se considere incumplimiento del convenio hasta que se produzcan dos impagos anuales. Pese a todo, la imposibilidad de abonar la deuda en los plazos fijados y la nueva propuesta para convertir deuda en préstamos participativos, que otorgan la posibilidad futura de entrar en el capital del grupo, hizo aflorar duras críticas en algunos sectores de la banca acreedora.

Varia entidades han censurado el “elevado” sueldo de Fernando Martín para la situación crítica en la que se encuentra la compañía que preside. Cobra en torno a 1,6 millones al año y, en caso de lograr sacar adelante el convenio con los acreedores, podría embolsarse hasta 9 millones más. Algo “poco estético”, según califican, pudorosamente, fuentes de la banca.

Acuerdo y regañina

En este sector crítico predomina el pesimismo sobre la marcha de la entidad, que lleva desde 2007 sin cotizar en bolsa al no ofrecer garantías sobre su futuro a la CNMV. Al cierre del tercer trimestre de 2013, el pasado mes de septiembre, la inmobiliaria presentó un patrimonio neto negativo de 3.949 millones de euros. El agujero se había incrementado sobre los 3.637 millones del cierre de 2012. En ese mismo balance, los números rojos de la inmobiliaria que vendió Manuel Jove poco antes de precipitarse hacia la suspensión de pagos se redujeron un 16%, hasta los 267,3 millones de euros.

Pese a todo, parece que se llegará a un acuerdo principalmente porque en la banca nacional han mostrado voluntad para que así se produzca. Eso sí, Fernando Martín no podrá esquivar el toque de atención que estos días unas y otras entidades, con distinta intensidad, hacen llegar a sus oídos.
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