Dos crisis bancarias en una semana: entre el golpe de SVB al sector en EEUU y la sangría de Credit Suisse

La crisis de los bancos a los dos lados del Atlántico, aunque puede tener un detonante común que haya sido una abrupta subida de tipos, tiene grandes diferencias en su base

Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos. /EFE

Dos crisis bancarias en una semana. No es 2008, pero el sistema financiero global ha vivido fuertes turbulencias durante los últimos días. La caída de Silicon Valley Bank, seguida por la de Signature, fue el detonante de una crisis bancaria que ha golpeado con fuerza a las entidades medianas de Estados Unidos. Una crisis que llegó a Europa, pero que acabó convirtiéndose en otra diferente y, sobre todo, centrada en Credit Suisse.

La última entidad en problemas en Estados Unidos ha sido First Republic Bank. De hecho, los grandes bancos del país tuvieron que salir al rescate el jueves con una inyección de 30.000 millones de euros para evitar la quiebra de un tercer banco: First Republic Bank.  A pesar de este movimiento, el mercado continuó en la sesión del viernes castigando a la entidad, que se encuentra entre los 15 mayores bancos estadounidenses, y a varios de los 11 bancos que anunciaron su apoyo de liquidez.

La caída de SVB y Signtaure ha puesto sobre el foco la regulación bancaria de Estados Unidos. Dos bancos medianos con menos controles que las grandes entidades, las que se consideran too big to fail, han supuesto un terremoto para un sistema bancario interconectado. Entre fugas de depósitos, las dudas sobre la liquidez suponían un efecto arrastre para todo el sector ponían en entredicho las normas que rigen a estas entidades más pequeñas.

Aunque en un primer momento, el miedo en los mercados también llegó a Europa a comienzos de semana, las aguas parecían volver a su cauce. Sin embargo, tras una sesión de calma, las turbulencias aparecieron en Europa de mano de Credit Suisse, una entidad con problemas que arrastraba desde hacía años y que la tensión del mercado volvió a sacar a la luz. La crisis de los bancos a los dos lados del Atlántico, aunque puede tener un detonante común que haya sido una abrupta subida de tipos, tiene grandes diferencias en su bases y en gran parte debidas a la supervisión. 

En el caso de Estados Unidos, los bancos medianos quedaron fuera de parte de las obligaciones regulatorias que se establecieron tras la crisis de 2008. La administración de Barack Obama en 2010 puso en marcha una ambiciosa reforma de la ley bancaria con el objetivo de limitar el tamaño y las actividades con riesgo para las entidades. Sin embargo, no se ha podido ver si esta reforma hubiera servido para amortiguar el problema, dado que la administración de Donald Trump se llevó por delante gran parte de estas normativas. 

Ahora, gran parte de los bancos medianos no tiene que estar regidos por la misma regulación de la banca y esto ha sido, en parte, la razón por la que se ha extendido el miedo al resto de la banca mediana. Aunque el negocio de SVB estuviera centrado en un nicho concreto, como son la financiación y el negocio de startups, el miedo se ha contagiado al resto de bancos de tamaño similar.

Lo que se ha saldado con una fuga de depósitos hacia los grandes bancos esta semana. Algunas publicaciones apuntaban a trasferencias de alrededor de 200.000 millones de dólares hacia los cuatro grandes bancos JPMorgan Chase, Bank of America, Wells Fargo y Citigroup dentro de una carrera de los clientes por buscar la seguridad de su dinero. 

Es precisamente la liquidez lo que acabó con SVB, que este viernes declaró su bancarrota de forma oficial, y lo que preocupa a los bancos medianos. Esta falta de liquidez se refleja en los últimos datos de peticiones de fondos a la Reserva Federal que la pasada semana alcanzaron los 164.850 millones de dólares, según recoge Bloomberg

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, compareció a comienzos de semana para respaldar las decisiones de la Reserva Federal de ofrecer una línea de liquidez para garantizar todos los depósitos de las entidades caídas y no solo los garantizados. El viernes volvió en el Congreso volvió a lanzar un mensaje al mercado al pedir endurecer las sanciones y los controles contra los ejecutivos bancarios, dejando claro tras los recientes colapsos al asegurar que»nadie está por encima de la ley».

«Cuando los bancos quiebran debido a la mala gestión y a la asunción excesiva de riesgos, debería ser más fácil para los reguladores recuperar la paga de los ejecutivos, imponer sanciones civiles y prohibir que vuelvan a trabajar en la industria bancaria», dijo.

Credit Suisse agita el mercado en Europa

En el caso europeo, el problema no es la liquidez, ya que en los últimos años el Banco Central Europeo ha ido aplicando condiciones cada vez más duras en cuanto a solvencia y capital. Por eso, la turbulencias de las bolsas se frenó un día después de la caída de los SVB y Signature. 

Pero el problema apareció cuando Credit Suisse, un banco que acarreaba problemas de balance y de escándalos reputacionales en los últimos años, se vio arrastrado a una fuerte caída en bolsa en medio de las dudas generadas por la presentación de unas cuentas en las que el auditor veía algunas salvedades, que se sumaban a que admitía no haber conseguido frenar todavía la salida de depósitos. 

En esta tesitura, tanto reguladores como gobiernos salieron a defender la fortaleza y solvencia de los bancos del la zona del euro. Posteriormente, fue el Banco Nacional Suizo el que tuvo que garantizar su apoyo a Credit Suisse, que aseguró que podría solicitar hasta 50.000 millones de francos suizos de liquidez. 

La incertidumbre y las dudas se mantienen en los mercados, a pesar del movimiento del BCE, que siguió su senda de subida de tipos de interés en aras de una contención de la inflación. La nueva reunión del supervisor para seguir la evolución de la entidad el viernes también revolvió a los mercados, a pesar de que se filtrara que el organismo no veía peligro de contagio.

Los analistas coinciden en que la subida de tipos realizada por el BCE es una muestra de que el supervisor sigue su camino, mientras analiza la situación en la zona del euro y, sobre todo, la situación de sus bancos.

«Creemos que una primera línea de defensa razonablemente directa en el frente de la estabilidad financiera sería la provisión de liquidez a medio plazo a las entidades de crédito europeas», apunta en un informe Konstantin Veit, gestor de carteras en PIMCO, la mayor gestora de renta fija. Veit considera que el BCE seguirá subiendo tipos. «Es improbable que el ciclo de subidas haya terminado en marzo, a menos que la preocupación por la estabilidad financiera llegue a dominar la configuración macroeconómica», apunta.

Al no haber establecido guía de la subida de tipos para el futuro, el BCE dejó abierta la puerta a tomar otras decisiones en los próximos meses, en función de la evolución de la economía, sobre todo, de la inflación. Algo que puede variar en función de cómo evolucione la crisis de Credit Suisse.

Hay varios escenarios abiertos, una vez que el Banco Nacional Suizo haya garantizado la liquidez de la entidad. El banco anunció a finales de año un agresivo plan de reestructuración, pero ahora la duda es si contará con el respaldo del mercado para acabar de llevarlo a cabo. Una de las hipótesis que cobra fuerza en el sector es una posible fusión entre Credit Suisse y su rival suizo UBS, que ya recibió ayudas estatales en la anterior crisis financiera.

A pesar de que UBS haya negado en público su interés. Ralph Hamers, CEO de la entidad, descartó una posible adquisición de Credit Suisse y aseguró que «están enfocados en nosotras mismos«. Los analistas mantienen esta posible operación entre las opciones con más posibilidades de la quiniela de qué ocurrirá con el banco.