El sector inmobiliario comienza a dar signos de agotamiento

La banca echa el freno a la venta de ladrillo y crédito tóxico

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El Sabadell, Caixabank y Unicaja fueron los únicos bancos que cerraron operaciones significativas en el tercer trimestre

Madrid, 12 de octubre de 2019 (04:55 CET)

Las grandes operaciones de ventas de carteras de adjudicados y crédito moroso perdieron brillo durante el tercer trimestre de 2019 y, en consecuencia, protagonismo en la temporada de resultados que se inaugurará en dos semanas. Banco Sabadell, Caixabank o Unicaja son los pocos bancos que cerraron operaciones en julio y en los primeros días de agosto. Desde entonces la sequía se ha impuesto, por una mezcla entre el parón del verano y una moderación del apetito inversor, en un contexto de mayor incertidumbre económica para España.

Tras un 2018 muy intenso en reducción de inversiones 'improductivas', las incertidumbres económicas pueden complicar el cierre de nuevas operaciones a corto plazo. El sector ha traspasado a los grandes fondos cerca de 70.000 millones en activos inmobiliarios (cerca del doble de dinero que supuso el rescate bancario), y el cierre de este proceso, previsto para este año, se topa ahora con un escenario económico con claroscuros, que podrían retrasar operaciones. "Con gran parte de la limpieza hecha, no tenemos necesidad de vender rápido", apuntan desde un banco español. 

Desde otra entidad reconocen que el escenario (la cita electoral del 10-N, el brexit, la guerra comercial y los síntomas cada vez más continuados de frenazo económico) complica la fijación de los precios. "Ante la incertidumbre, los inversores pueden exigir descuentos que no sean interesantes y que nos hagan esperar un tiempo", señalan desde otra entidad financiera.

No obstante el frenazo, toda la banca española comparte el plan de continuar vaciando sus balances de exposición al ladrillo "cuanto se produzcan ventanas", aseguran.

La tregua de los supervisores

Los supervisores del sector han reconocido el esfuerzo realizado por la banca para reducir sus activos improductivos. La subgobernadora del Banco de España, Margarita Delgado, ya se refería en mayo a este esfuerzo en una de sus intervenciones. "Es justo subrayar que, en los últimos cinco años, la banca española ha llevado a cabo un intenso proceso de saneamiento", apuntaba. "En efecto, entre diciembre de 2013 y finales de 2018, la reducción de préstamos dudosos y de activos inmobiliarios adjudicados ha sido muy notable. Los activos dudosos al sector privado han disminuido un 60% desde su máximo en 2013%", cuantificó.

Ese esfuerzo había provocado que en diciembre del año pasado, la banca española hubiera ajustado su ratio de crédito improductivo a niveles similares a los del resto de la banca europea. Una evolución positiva que la banca también debe a la presión de los supervisores, según Delgado.

Meses después de la fuerte actividad vendedora de 2018, desde la banca señalan que sienten menos presión para limpiar el balance de forma acelerada, aunque los supervisores continúan recomendándolo para consolidar los ratios de solvencia. "Los bancos que han hecho los deberes cuentan ahora con más margen de tiempo para no tener que negociar precios a la baja hasta que se despejen las incertidumbres", apuntan fuentes financieras. "Luego, si no, el mercado te reprocha que malvendes", bromean. 

Dos meses sin operaciones

Desde principios de agosto, las operaciones de venta de carteras brillan por su ausencia. En el estreno de aquel mes fue cuando se conocía el pacto de Banco Sabadell con Oaktree para traspasar su promotora, Solvia Desarrollos, en una operación que permitía al banco reducir en 1.290 millones su cartera de adjudicados y reforzar su solvencia

En paralelo, la entidad presidida por Josep Oliu anunciaba la venta de su cartera REX, valorada en 342 millones a la sociedad conjunta que opera con Cerberus, de la que el banco controla un 20% del capital. Y con esta operación, comenzó la carestía.

Un mes antes, a principios de julio, fue cuando se conoció que Caixabank se había desprendido de cerca de 670 millones en crédito moroso. Unos días después, Unicaja cerraba un acuerdo con varios compradores para reducir su cartera de crédito dudoso en 390 millones; y la de activos inmobiliarios, en 560 millones.

Los efectos de este acuerdo se irán reflejando en las cuentas a lo largo del año. Estas operaciones "van a suponer un descenso de los activos no productivos de 830 millones de euros y la generación de unas plusvalías de 17 millones", señalaba el banco con sede en Málaga. Asimismo, aumentará en 40 puntos básicos el ratio de solvencia CET 1 de Unicaja y reducirá la mora al 4,7%.

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