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El Tribunal Supremo considera abusivas y opacas las cláusulas en una sentencia contra hipotecas en moneda extranjera

David Placer

Economía Digital

Protesta en un banco contra la pesadilla vivida por los afectados por las cláusulas multidivisa.

Madrid, 16 de noviembre de 2017 (04:55 CET)

Después de las preferentes y las cláusulas suelo, ahora la banca se enfrenta a una nueva ola de demandas por las hipotecas multidivisa. Los préstamos hipotecarios en yenes, francos suizos y otras monedas extranjeras han motivado unos 6.000 procesos judiciales contra los bancos que concedieron este tipo de préstamos.

El Tribunal Supremo ha aplicado un criterio idéntico a la sentencia de 2013 de las cláusulas suelo. La sentencia considera que las hipotecas contienen condiciones que no fueron detalladas suficientemente al cliente y que, por tanto, el suscriptor desconocía las implicaciones que para su economía podría suponer este tipo de préstamo.

Ahora el alto tribunal declara parcialmente nulo este tipo de hipoteca y obliga que el contrato, firmado entre el afectado y Barclays, debe ser reformulado en euros. Las hipotecas en moneda extranjera afectan a unas 70.000 familias en España, de acuerdo con los cálculos de la Asociación de Usuarios Financieros, Asufin.

Hipoteca multidivisa: la sentencia del Supremo marca un hito para los próximos juicios

Su presidenta, Patricia Suárez, asegura que esta sentencia tiene la misma entidad que la de las cláusulas suelo en 2013, que marcó un hito en este tipo de litigios. “Antes de la sentencia del Supremo de 2013 con las cláusulas suelo, había disparidad de criterio en los tribunales en relación con la legalidad de las cláusulas suelo. Después de la sentencia, no hubo duda. Todos los tribunales fallaron en contra de estas cláusulas. Será exactamente lo que pasará a partir de ahora con las hipotecas multidivisa”, explica la presidenta de Asufin, que cuenta con 1.500 demandas por estos motivos. 

Bankinter es la entidad con mayor número de hipotecas multidivisa, con el 50% del mercado, según la asociación. Le siguen Banco Popular, con el 10%, y Bankinter con el 8%. Otros bancos con una cartera mucho más reducida son Catalunya Caixa (hoy BBVA), el propio BBVA y Santander.

En yenes y francos suizos

Los afectados por este tipo de préstamo han visto aumentar su deuda cada año de forma considerable a pesar de pagar altos intereses y de amortizar capital. El motivo es que buena parte de las hipotecas fueron firmadas cuando el euro se ubicaba en máximos históricos. Y a partir de 2008, la cotización del euro ha caído de forma considerable. Y por tanto se disparaban las cuotas. 

La relación euro dólar ha pasado de 1,60 a 1,10. Y esa bajada ha marcado la proporción en la que las hipotecas se han ido encareciendo. La sentencia considera injustificado que los bancos se hayan reservado el derecho de cancelar la hipoteca en caso de apreciación del euro, lo que reduciría la cuota mensual. 

La hipoteca multidivisa suponía un beneficio si la moneda en la que fue contratada se depreciaba, pero terminó ahogando a los usuarios por le devaluación del euro. "Muchos profesionales tuvieron que irse de España para trabajar en países con monedas más fuertes para poder pagar su hipoteca en moneda extranjera. Ha sido un auténtico drama", explica la presidenta de la asociación de afectados. 

Las hipotecas multidivisa comenzaron en Australia

Los afectados aseguran que en una hipoteca media de 200.000 euros el encarecimiento adicional de una hipoteca multidivisa suponía unos 50.000 euros de sobrecoste. La mayoría de afectados verá una bajada considerable de sus cuotas cuando logren ganar los casos en proceso judicial, unos 6.000 en toda España, según las agrupaciones de afectados. 

Una hipoteca multidivisa de 200.000 euros encareció los pagos en unos 50.000 euros por sobrecostes

Las hipotecas multidivisa comenzaron su expansión en los años ochenta en Nueva Zelanda y Australia, donde se extendieron posteriormente a Islandia y a Europa continental. Las consecuencias tremendamente negativa para los usuarios han llevado a la prohibición en Australia, Nueva Zelanda, Islandia y Turquía. 

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