Amancio Ortega tiene la llave de la fusión entre Enagás y Red Eléctrica, que el sector ve inevitable

Aunque Pontegadea pueda ser determinante como segundo accionista de ambos grupos, que para su integración el sector da por hecho que seguirán el modelo de REN, gestor único del sistema gasista y eléctrico luso, la operación está en manos de la SEPI

Beatriz Corredor, Amancio Ortega y Antonio Llardén

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La transición energética dibuja un particular calendario, el que dicta la estrategia del hidrógeno verde, y las multimillonarias inversiones que requiere su despliegue. La planificación energética del Gobierno establece que las inversiones tendrán lugar a partir de 2026, con 4.670 millones solo para los ejes y almacenamientos de la red troncal nacional, y otros 2.135 millones para el conocido como H2Med, el futuro gasoducto que conectará Portugal, España, Francia y que servirá para abastecer a la UE con hidrógeno verde. Sobre ese escenario, el sector ve inevitable que llegue la integración en un único operador de los dos actuales, Enagás y Red Eléctrica, siguiendo el modelo portugués.

 «La convergencia (de ambos operadores) la va a marcar también la red y las inversiones que hay que realizar en la transición energética, que requiere tal despliegue de capital que no solo hacen necesaria la integración en un único gestor del sistema eléctrico y de gas, sino que habrá también mayor participación pública en el despliegue del hidrógeno», aseguran fuentes de compañías eléctricas cotizadas, que ven cerca la fusión de Enagás y Red Eléctrica. Es el escenario de la descarbonización, y su coste, lo que va a marcar un nuevo rumbo para esa integración, que ya estuvo encima de la mesa del Gobierno.

El modelo portugués

Fue precisamente la aparente falta de sinergias entre ambos grupos lo que llevó al Gobierno de Aznar a aparcar la fusión en 2003. Después, en 2006, fueron varios miembros de la entonces denominada Comisión Nacional de la Energía quienes volvieron a recomendar la operación. Y es ahora el propio sector, tanto eléctrico como gasista, quien da por hecho que se retomará el proyecto de creación de un único operador de la red, tanto de gas como eléctrica. «El modelo es», indican, «el de Redes Energéticas Nacionais, de Portugal», que como tal nació en aquellos años, con la integración de los gestores de las redes de gas y electricidad dentro de un proceso de reordenación del sector más amplio.

Los mismos grandes accionistas

Red Eléctrica, con la exministra Beatriz Corredor al frente, y Enagás, bajo la presidencia de Antonio Llardén, no solo comparten el hidrógeno como vector futuro de desarrollo común. También sus tres primeros accionistas. Ambas empresas del Ibex-35, en su capital conviven la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), es decir, el Estado; la Pontegadea de Amancio Ortega y el considerado como mayor fondo del mundo, Blackrock.  

En Enagás es la SEPI quien tiene un 5%, mismo paquete que el fundador de Inditex, que supera a Blackrock (4%) sin contar las posiciones en derivados y otros instrumentos. En Red Eléctrica, bajo el paraguas de Redeia, es la SEPI la que detenta un 20%, mientras Pontegadea suma un 5% y Blackrock, otro 4,5%. Participaciones las de los tres accionistas significativos casi calcadas en ambos casos, con la única diferencia del peso del Estado.

El papel de la SEPI

Ambas inversiones, la de Enagás y REE, son para Amancio Ortega puramente financieras, hasta el punto de que su equipo ha renunciado a los puestos que le correspondían en los consejos de las dos compañías, al igual que sucede con REN, el operador integrado luso, en el que controla un 12% desde 2021. Como primer accionista privado, Ortega tendría la llave de la eventual fusión, pero quien puede abrir de par en par esa puerta es el propio Estado, el regulador.

Siempre polémicos a ojos de Bruselas, los blindajes que se establecieron a través de las acciones de oro en las dos compañías dejan al Estado manos libres no solo para frenar irrupciones de accionistas no deseados, sino también para impulsar eventuales integraciones entre ambos grupos. La Ley Eléctrica, reformada en diciembre de 2013, mantiene el blindaje del accionariado de Red Eléctrica, que se reproduce en el caso de Enagás a través de la Ley de Hidrocarburos. Ningún accionista puede tener más del 5% del capital ni ejercer derechos políticos por más del 3%. Es la conocida como «golden share».

El reto está en las redes

La fusión entre Enagás y REE no sería, desde luego, entre iguales. La capitalización bursátil del titular de la red de gas se sitúa en 4.652 millones de euros, para un valor en bolsa del operador eléctrico de 8.865 millones. Sin embargo, las sinergias que antes no hubo ahora sí parecen claras. Y las marca el hidrógeno. En el sector no ha pasado desapercibida la advertencia de Joao Faria Conceiçao, primer ejecutivo de Redes Energéticas Nacionais. El portugués advierte que uno de los grandes cuellos de botella para la llegada del hidrógeno «es la propia red, no solo la de gas, sino también la eléctrica».

La apuesta por el hidrógeno verde requiere tener detrás una capacidad de generación renovable para producir la electricidad que los electrolizadores necesitarán. «Hay que tener red”, dice el portugués, “no solo para el transporte y distribución del hidrógeno y para conectar los consumidores y productores, sino también puntos de conexión de red eléctrica para que las renovables puedan inyectar». Ese es el reto que Enagás y REE tienen por delante. ¿Lo afrontan juntos? El sector lo ve inevitable.

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