«Trabajamos para aumentar la probabilidad de que un candidato pueda llegar a ser un medicamento»
La biotecnológica, que nació en 2021 como ‘spin-off’ de la Universidade de Santiago de Compostela, acaba de presentar una tecnología que permite la aceleración en el desarrollo de fármacos
Wilson Gomes, CEO de Celtarys
La biotecnológica Celtarys nació en 2021 como spin-off de la Universidade de Santiago de Compostela (USC). En apenas cinco años ha construido una cartera de más de 40 clientes repartidos entre 14 países de Europa, Estados Unidos y Asia, además de establecer colaboraciones estratégicas con multinacionales del sector. La compañía acaba de presentar una tecnología que permite la aceleración en el desarrollo de fármacos que se basa en fluorescencia para la evaluación de candidatos a fármacos en fase preclínica.
El ‘kit’ que comercializa permite que cualquier laboratorio convencional la pueda utilizar sin recurrir a la radioactividad, en la actualidad estándar en muchos procesos. Esta solución reduce hasta un 80% los costes de caracterización preclínica y acelera los tiempos de desarrollo de nuevos fármacos.
Celtarys, que contó con el apoyo del programa Ignicia de la Xunta, cuenta con una plantilla de 10 trabajadores de perfiles altamente cualificados. Wilson Gomes, CEO de la compañía y con más de dos décadas de experiencia en multinacionales como Johnson & Johnson y Danaher Corporation, repasa en conversación con Economía Digital Galicia los retos de escalar una tecnología desarrollada en la comunidad con vocación global y las claves de una innovación que aspira a transformar el desarrollo de nuevos fármacos.
Su aterrizaje como consejero delegado de Celtarys se produjo en 2024. ¿Qué fue lo que convenció a un perfil con su experiencia internacional en grandes compañías del sector para asumir el reto de ponerse al frente de una spin-off nacida en Galicia y qué potencial vio en ella?
He desarrollado mi carrera en el mundo de las multinacionales de la salud, como Johnson & Johnson y Leica, cubriendo Europa, Oriente Medio y África; es una experiencia muy valiosa. Sin embargo, había un aspecto que siempre eché de menos: el de la creación. En las multinacionales se hacen cosas muy importantes, como acercar la tecnología médica y la innovación a un usuario, que normalmente es el médico o el sistema de salud, algo que luego tiene un impacto en el paciente. Es algo que las multinacionales hacen muy bien: traen una innovación al mercado; hacen de puente, pero no la crean. Es algo que se genera donde está la investigación o a través de una empresa nueva que se compra.
Me faltaba esa parte, que es precisamente lo que tienen las startups. Cuando surgió la oportunidad y conocí al equipo de Eddy Sotelo —cofundador de Celtarys— y de María Majellaro —cofundadora de la compañía y directora científica—, vi un proyecto muy interesante porque es una tecnología nueva con un gran impacto en el desarrollo de fármacos, donde hay mucho, muchísimo que hacer.
Todavía está en una fase muy inicial, pero aquí parece que hay una buena oportunidad, puesto que tiene una aspiración global. Cuando piensas en el desarrollo de fármacos, no puedes hacerlo localmente; tienes que pensar que es algo que va a tener un alcance global para los pacientes.
Me gustó mucho el proyecto, vi una oportunidad de rellenar ese aspecto que me faltaba y participar en la creación de una empresa que surge para resolver un problema real, que es el desarrollo de fármacos, y traerla al mercado
La tecnología que acaban de presentar promete reducir costes y tiempos en el descubrimiento de nuevos fármacos ¿Cómo explicaría su impacto a alguien que no pertenece al ámbito científico?
Siempre digo que en el descubrimiento de fármacos hay tres números que hay que entender: 2, 10 y 10. Son 2.000 millones de euros para traer un fármaco al mercado, son 10 años y la tasa de éxito es de un 10%; es decir, de cada 10 candidatos, solo uno llega al paciente.
La fase donde se gasta más dinero y que tarda más tiempo es la fase de ensayos clínicos, porque tenemos que asegurarnos que va a funcionar en un paciente humano. En Celtarys lo que pretendemos es mirar la fase inicial, lo que llamamos la fase preclínica, y caracterizar y evaluar muy bien estos candidatos a fármacos. Nuestra premisa es muy sencilla: cuanto mejores herramientas tengamos, cuanto mejor esté hecha esa evaluación y esa caracterización, más aumenta la probabilidad de que ese candidato pueda llegar a ser un medicamento.
Eso disminuye los tiempos y los costes también, porque no tienes candidatos que se queden por el camino, aumentando la tasa de éxito.
Uno de los aspectos más llamativos de esta tecnología es que permite sustituir el uso de materiales radiactivos. ¿Qué supone este cambio para la industria farmacéutica y para los laboratorios de investigación?
Es un cambio muy importante. El estándar a día de hoy utiliza materiales radiactivos. Esto supone que o bien la empresa o el grupo de investigación tiene un laboratorio preparado para trabajar con radiactividad, algo que no suele ocurrir, o tiene que externalizarlo. Cuando se externaliza, aumentan los costes y los tiempos, al tiempo que disminuye el control que el investigador tiene sobre su experimento. De alguna forma, lo que Celtarys permite es democratizar el acceso a esta tecnología.
¿Cómo lo conseguimos? Dejamos de depender de la radiactividad, que sustituimos por fluorescencia, gracias a la tecnología patentada de Celtarys, y, en cualquier lugar, en cualquier laboratorio, se puede hacer la evaluación de un candidato a fármaco.
La compañía comenzó con el elemento que nosotros llamamos el ligando fluorescente, que es el que permite hacer esa transición. Pero luego dimos un paso más, que ha sido transformar ese elemento en un kit listo para su utilización, que contiene todos los elementos, todos los reactivos necesarios para el experimento.
También hemos desarrollado una cosa muy importante, que es la receta, el protocolo, diseñado, validado y optimizado por Celtarys, para que la implementación se haga en el mismo día. ¿Qué supone esto para el investigador? que para aquello que antes tenía que subcontratar o que, si decidía hacerlo con nuestros ligandos en su propio laboratorio, le llevaría semanas o incluso meses —comprar todos los componentes, ajustar las temperaturas, los tiempos y la secuencia de trabajo— nosotros se lo proporcionamos con un código QR desde el que puede descargar ese procedimiento y solamente tiene que seguir nuestras instrucciones. El mismo día tiene su experimento montado y puede empezar a tener resultados.
Como decía en la rueda de prensa de presentación, nuestro objetivo es que el investigador dedique menos tiempo a preparar experimentos y más tiempo a hacer descubrimientos.
Con este sistema en cuestión de días se empieza a tener resultados y ya se puede decidir si vale la pena seguir invirtiendo en un determinado candidato o si hay que hacerle cambios.
La investigación biomédica avanza cada vez más rápido gracias a tecnologías como la inteligencia artificial o la automatización. ¿Cómo encaja la propuesta de Celtarys en ese nuevo modelo de descubrimiento de fármacos?
En Celtarys también creemos que hay un antes y un después con la inteligencia artificial. Siempre tienes que tener la plataforma de base, en nuestro caso es todo el conocimiento a la hora de crear lo que llamamos nuestra plataforma de conjugación, que es lo que permite obtener estos elementos fluorescentes. Esa es la base. La inteligencia artificial lo que permite es acelerar todo lo que dice respecto a ese proceso.
Cuando creamos un compuesto nuevo llevamos cientos de combinaciones. La inteligencia artificial y el machine learning lo que permite es acelerar todo ese análisis y llegar a lo que es un compuesto, a un ligando fluorescente óptimo en menos tiempo.
Celtarys nació a partir de una investigación desarrollada en la Universidad de Santiago y apoyada por el programa Ignicia de la Axencia Galega de Innovación ¿qué fortalezas diferenciales encuentra en el ecosistema gallego de I+D frente a otros países o regiones?
He estado involucrado en la creación de empresas en otros países y con otros modelos. Me gusta mucho el modelo que tienen en Galicia con esta combinación de una spin-off de la USC, y aquí hay un papel muy importante de lo que es la oficina de transferencia, pero con el apoyo, en este caso, de GAIN (Axencia Galega de Innovación), a través del programa Ignicia, que va mucho más allá de lo que es la inversión inicial. Ellos realmente dotan de recursos que permiten construir una empresa, algo muy importante en esta fase inicial.
La ciencia es muy poco predecible, tiene sus propios ritmos. Tener un modelo que aguante esa variabilidad es importante. Esta conjugación de la USC con el programa Ignicia de GAIN es lo que ha dado forma a una empresa que está bien dotada desde el inicio.
Además, hay que tener en cuenta que, como la creación es sólida, también atrae a inversores con una perspectiva más arropada. En nuestro caso, tenemos a Vigo Activo, XesGalicia y Semola Tech Ventures, que están invirtiendo no solamente en una spin-off de la universidad, sino en una empresa a la que se le ha dado forma con los recursos necesarios para darle una plataforma de crecimiento sólida.
¿Cuál es el siguiente gran objetivo de Celtarys?
Hay un objetivo fundamental: escalar lo que estamos haciendo. En sí es un desafío importante, porque el gran problema de la innovación es la adopción. No basta con lanzar algo al mercado y decir “es novedoso”. Aquí hay todo un trabajo estratégico y táctico para que el cliente final adopte esta innovación. A nosotros nos interesa que sea a escala global. Hay que tener en cuenta que gran parte de nuestros clientes están en Estados Unidos, además de empresas farmacéuticas de Suiza, Alemania y Francia.
Si volviésemos a hablar en cinco años, ¿qué le gustaría que se dijera de Celtarys y de su papel en la innovación biomédica europea?
Nuestro sueño es que, dentro de unos años, cuando se descubra un nuevo medicamento, parte de ese descubrimiento haya sido posible gracias a una tecnología desarrollada por Celtarys, con estas herramientas que permiten una mejor caracterización de un candidato a fármaco.
También hemos visto que nosotros podemos utilizar esa tecnología para generar nuestro propio candidato a fármaco. algo muy interesante. Es un proyecto muy novedoso que hemos iniciado este año y al que le estamos dando forma para tener nuestra prueba de concepto a finales de año.
Como comenté en la rueda de prensa, hay una modalidad terapéutica muy novedosa, que son los degradadores de proteínas, llamados PROTACs; solamente hay un medicamento aprobado, desde mayo de este año. Eso entra dentro de lo que se llama la medicina de precisión. Lo que hace es inducir a una célula con cáncer a degradarse. Es un avance espectacular y nuestra tecnología encaja muy bien para desarrollar este tipo de candidatos. Es un proyecto que estamos desarrollando a día de hoy y, de aquí a cinco años, me encantaría poder decir: “estos candidatos a fármacos han sido desarrollados e iniciados por Celtarys”.