Master Naturaleza

En nuestra educación y cultura brilla por su ausencia lo natural, algo que considero sintomático de nuestros males, errores y sinsentidos

Marcos Rodríguez Pantoja / EFE

Marcos Rodríguez Pantoja / EFE

Básicamente, nuestra educación proviene de dos fuentes principales, del entorno y de lo que nosotros vamos transformando en cultura. Es decir, sociedad y naturaleza vendrían a ser los dos marcos de referencia fundamentales de nuestra formación, tanto colectiva como personal. Pero también está claro el proceso mediante el cual hemos ido dejando las enseñanzas naturales, mientras que las socioculturales han pasado a ocupar hegemónicamente ese cometido. Incluso puede que hayamos olvidado y tampoco reconozcamos que la naturaleza ha sido nuestra “gran maestra”. De tal modo que, actualmente, se puede decir que en nuestra educación y cultura brilla por su ausencia lo natural. Algo que considero sintomático, además de posible motivo y causa de muchos de nuestros males, errores y sinsentidos existenciales.

Desde tiempos lejanos venimos dando la espalda a la otrora llamada Madre Naturaleza que, como tal, no debe estar nada contenta con sus hijos sapiens. No solo en lo que respecta a los diversos atentados con los que nos comportamos con ella, sino también en cuanto al gran modelo que ha sido y que hemos despreciado. Solo hace falta recordar la Edad Media para constatar una mentalidad y cultura inquisitoriales sobre lo proveniente del medio natural; en el cual todo era instintivo, pecaminoso, fuente de todo tipo de males y problemas. Lo que también derivó en el conocido debate bizantino sobre la doma (y castración) de los instintos, incluyendo ya de paso sentimientos, emociones, etc.; así como a considerar nuestros contenidos socioculturales como lo “civilizado” y lo demás “salvaje”. Llegando esto a su punto culminante, con claro menoscabo de lo natural, cuando la Revolución científica ensalzó sobre todo a la razón. Con el resultado conocido del (mal) llamado dominio de los humanos sobre el medio natural, desde animales y plantas a recursos de todo tipo.

La sexualidad ha pasado de ser totalmente natural a socioculturalmente tabú

Un ejemplo paradigmático de todo esto quizás sea el de la sexualidad que, a lo largo de nuestra historia, ha pasado originalmente de ser totalmente natural a socioculturalmente tabú. Es decir, que se trata de un ámbito fundamental de nuestra existencia en el que tradicionalmente no ha habido una enseñanza cultural, más bien lo contrario, por lo que hemos seguido eminentemente las pautas naturales y, gracias a ello, estamos aquí.

Otro ejemplo puede ser el de los llamados “niños salvajes”. Como el caso de “Victor”, nombre que se dio al chaval (entre diez y doce años) encontrado en los bosques de Aveyron (en el Pirineo francés), en 1799, y cuya historia fue llevada al cine por François Truffaut en El pequeño salvaje (1969); película en que precisamente se contrasta el estado natural y el social.

También en España tenemos el caso de Marcos Rodríguez Pantoja, conocido como “el niño salvaje de Sierra Morena” -puesto que vivió allí sin compañía humana de los 7 a los 19 años- y cuya historia ha sido llevada al cine por Gerardo Olivares en el film Entrelobos (2010); siendo que Marcos nunca ha dejado de anhelar aquella etapa, llegando a manifestar que “esta vida [con humanos] es más mala que aquella [en la naturaleza, junto a los lobos], pero mucho más”.

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Cartel de la película «El pequeño salvaje» de Françoise Truffaut

Por tanto, se puede hablar de un proceso de “desnaturalización” progresiva de la cultura humana, como también parece corroborar que muchos autores llamen a nuestras creaciones culturales “ficciones” (Cassirer, Laín Entralgo, Harari, etc.). Con algún atisbo intermedio para remediarlo, como el mito “du bon sauvage” de Jean-Jacques Rousseau (1755), precedido por el famoso aforismo de Thomas Hobbes (1642) de que “el hombre es un lobo para el hombre” y junto a otros filósofos de la época (Locke, Berkeley, Hume, etc.) que debatían si las cualidades, ideas y comportamientos que nos definen son adquiridas o innatas, o sobre cuáles eran los efectos del contacto con la sociedad.

Seguimos en nuestra tendencia de darle la espalda a la gran fuente educativa y existencial de siempre

También en el siglo XIX surgió el movimiento artístico y literario denominado Naturalismo, el cual afirmaba que la naturaleza constituye el conjunto de la realidad y que solo puede ser comprendida a través de la investigación científica. Lo que propició la Naturphilosophie y el movimiento denominado Naturalismo Educativo, cuyo planteamiento se basa en que la educación proviene principalmente de la naturaleza, pero también de nosotros y demás fuentes; siendo su objetivo principal prepararnos para afrontar las necesidades existenciales a través de la adaptación al medio, procurando de este modo el desarrollo de todas las capacidades personales para conseguir una mayor perfección.

Salvo algún intento más, como el movimiento hippie o el ecológico, se puede decir que seguimos en nuestra tendencia de darle la espalda a la gran fuente educativa y existencial de siempre. Solo hace falta ver los planes de estudios de cualquier nivel y ámbito para significar y constatar la ausencia de interés,  contenidos y protagonismo de las referencias y enseñanzas naturales. En cambio, seguimos promoviendo la titulitis o burocratización de la educación, que dictaminó en su día Max Weber (1919), en la que las licenciaturas -hoy grados- ya tienen continuación en los másteres; cuando resulta que ninguno, ni todos juntos, ni toda nuestra cultura -pasada, presente o futura- podrán nunca conseguir el nivel de Master Naturaleza.