Pervivencia
La sucesión en las pymes, sobre todo en las familiares, por diversas razones, es compleja, indudablemente. Pero mezclar una supuesta democracia de corte “obrero”, un tanto decimonónica, con la obligación de un plan de sucesión o de relevo generacional, ambas por ley, es un revoltijo de difícil digestión
La secretaria general de Sumar, Yolanda Díaz, durante el mitin electoral del partido celebrado en Vigo. EFE/Salvador Sas
En ocasiones, y para clarificar sobre lo que se hable, la semántica viene en nuestro auxilio. No es lo mismo vivir que sobrevivir; obvio, y más en estos tiempos. Pero hay un vocablo intermedio, poco usado quizás, que es el de pervivir.
Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, la referencia semántica por antonomasia, pervivir significa “seguir viviendo a pesar del tiempo o de las dificultades”. Frente a sobrevivir, que mantiene la intensidad de la vivencia con escasos medios o en condiciones adversas muy condicionantes, lo que implica un mayor riesgo de desaparición, pervivir se aferra a la consecución, al proseguir, en definitiva, a durar y mantenerse. Por eso, pervivir está más cercano a vivir que a sobrevivir.
La dura realidad
Se ha filtrado el interés del Ministerio de Trabajo y Economía Social por dar cauce a una realidad cada vez más acuciante que supone la sucesión en las empresas, en particular en las pequeñas y medianas. El cambio demográfico, tanto poblacional como empresarial, hace mella en la continuidad de las empresas. Y hay realidades palmarias que lo demuestran. Pongamos foco solo en Galicia:
- El 92,4% de las empresas con sede en Galicia son familiares, el segundo porcentaje más alto de toda España.
- Solo el 0,2% de las empresas gallegas tiene más de 60 años; las empresas grandes tienen la edad media más elevada (alrededor de 30 años).
- A mayor antigüedad empresarial, más empleo fijo. Las empresas de más de 20 años tienen un porcentaje de empleados fijos superior al 81%, aportando el 64% del empleo.
- Y un 62% de las empresas en tercera generación tienen ingresos inferiores a los 10 millones de facturación, es decir, se mantienen en el tiempo como una pyme.
A todo ello, hay que añadir que sólo en el año 2025 alrededor de 30.200 gallegos alcanzaron la edad de 66 años, lo que hace que Galicia esté perdiendo el doble de negocios de los que gana por falta de relevo generacional. Y a esto también se une que en dicho año cayó la creación de empresas un 2,8%, siendo especialmente intenso en el comercio y en las pymes, con cierres de cerca de 90 establecimiento al mes. Una verdadera sangría, sin duda alguna.
Y la ministra, ¿qué dice?
Según el informe encargado al comité de expertos nombrado, un tercio de los propietarios de las pymes europeas se jubilará en la próxima década. Y ello parece más acuciante en el caso de Galicia, dada su situación demográfica. Según la EPA, se estima que entre los años 2020 y 2024 se habrán jubilado 110.900 empresarios; y el flujo está empezando…
El proceso de relevo, destaca el comité, que ya se está produciendo en España de manera imparable, señala que dicho proceso se está asentando en adquisiciones y fusiones con competidores más grandes y extranjeros, más que en las transferencias familiares, suponiendo con ello una clara pérdida de control local y de empleos muy alarmante. Especialmente doloroso resulta para el tejido empresarial gallego.
Y para mayor preocupación, la referencia del estudio filtrado por la ministra, suponemos que como “aviso a navegantes”, indica que entre un 70% y un 90% de las empresas familiares españolas no cuenta con un plan de sucesión formalizado.
Aunque todavía se trata “de una mera propuesta académica”, con la base de un interés manifiesto para el desarrollo de la democracia en el trabajo, se precisará abrir la pertinente mesa de diálogo social entre patronal y sindicatos sobre todo este completo intríngulis; pero pronto, ya en 2026.
Pues soluciones hay, manzanas traigo
Como es costumbre en las propuestas lanzadas por el Gobierno actual, hay una mezcla de realidad obligada y ficción ideológica. La sucesión en las pymes, sobre todo en las familiares, por diversas razones, es compleja, indudablemente. Pero mezclar una supuesta democracia de corte “obrero”, un tanto decimonónica, con la obligación de un plan de sucesión o de Relevo Generacional, ambas por ley, es una revuelta, ahora que está tan de moda; más bien es un revoltijo de difícil digestión. En concreto, el informe afirma en su página 429 que en “2029: Las empresas que no cuenten con un plan de sucesión empresarial familiar (no un fondo de capital) deberán avanzar en un plan de transición de la propiedad a sus trabajadores, de acuerdo con la escala de propiedad”,
Una demostración más de que la semántica, mal interpretada, puede llevar a engaño: no es lo mismo sobrevivir (como se pueda y con urgencias) que pervivir (de manera planificada). El de la pervivencia se convierte en un camino más sensato y factible.