Sánchez habla con Torra en la inauguración de los Juegos Mediterráneos, el 22 de junio en Tarragona, al lado del rey Felipe VI.EFE/JD

Los puntos calientes de la primera cita entre Sánchez y Torra

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Sánchez y Torra afrontan este lunes el "deshielo" de las relaciones entre Gobierno y Govern con una agenda "sin cortapisas" pero apenas margen para el acuerdo

Iván Vila

Economía Digital

Sánchez habla con Torra en la inauguración de los Juegos Mediterráneos, el 22 de junio en Tarragona, al lado del rey Felipe VI.EFE/JD

Barcelona, 08 de julio de 2018 (16:00 CET)

Quim Torra y Pedro Sánchez se ven finalmente este lunes por la mañana en La Moncloa, aunque la larga secuencia de los preparativos se ha encargado de rebajar las expectativas depositadas en la reunión. Porque si el Gobierno pretendía negociar mejoras en financiación o inversiones, el president ha dejado claro que su prioridad, ya en la primera reunión, es hablar del derecho de autodeterminación y de “cómo hacer efectivo” el “mandato democrático” que cree tener para desplegar la república catalana, un asunto en el que el no de Sánchez se sabe tan categórico como lo fue el de Mariano Rajoy.

Frente a semejante callejón sin salida transitado ya incluso antes del encuentro, la fórmula a la que se han aferrado en la Generalitat y la Moncloa los últimos días para justificar la cita es que se podrá “hablar de todo” y “sin cortapisas”, en palabras de la ministra Meritxell Batet, encargada de diseñar el guión del encuentro mano a mano con la consellera de Presidencia, Elsa Artadi. Y eso, poder poner sobre la mesa cualquier reivindicación, con independencia de la respuesta, “ya es una buena noticia”, en palabras del propio Torra.

Alegan los independentistas que hasta ahora determinadas reclamaciones no se podía ni plantear

Alegan los independentistas que hasta ahora determinadas reclamaciones no se podía ni plantear, aunque en 2012, Artur Mas ya le planteó a Rajoy un pacto fiscal al estilo del concierto vasco, y Carles Puigdemont le pidió un referéndum en el encuentro que mantuvieron a principios de 2016, como también le habían pedido al Congreso Jordi Turull (CiU), Marta Rovira (ERC) y Joan Herrera (ICV-EUiA) en 2014. Otra cosa es que la respuesta fuera negativa, como ya se ha anunciado que volverá a ser ahora.

Claro que, pese a esos precedentes, el PP parece empeñado en avalar el planteamiento del presidente catalán: el jueves, su portavoz en el Congreso, Rafael Hernando, afirmaba que “si Sánchez tuviera lo que hay que tener”, no recibiría a Torra “mientras no pida perdón al conjunto de los españoles y renuncie a romper España”.

Así las cosas, y más allá del ruido de sables, estos son los asuntos sobre los que este lunes tienen previsto despachar Torra y Sánchez.

Derecho de autodeterminación

Hasta hace un par de semanas, se alimentaba, sobre todo desde filas socialistas, la idea de que la reivindicación en la que el soberanismo basa su estrategia tras el estrepitoso fracaso de la vía unilateral ensayada el año pasado, la de un referéndum, no se plantearía en este primer encuentro, siguiendo así el manual que aconseja empezar una negociación compleja por lo más fácil de acordar, aunque se trate de aspectos secundarios, y dejar lo imposible -o improbable- de pactar para más adelante.

Pero esa fórmula es difícil de compatibilizar con la necesidad del Govern de satisfacer al independentismo más pertinaz, ni que sea a base de excesos retóricos. Así que al final se impuso el criterio de los más afines al expresident Carles Puigdemont, y Torra, durante su viaje a Washington, anunció hace dos miércoles que la del referéndum pactado sería su primera demanda. Condenada al más que previsible portazo, alegan en la Generalitat que esperan que Sánchez proponga una alternativa para resolver "el conflicto político con Cataluña", Artadi dixit.

Presos

La reivindicación del “derecho a decidir” va de la mano del otro eje de la estrategia retórica en la que está instalado el independentismo: la denuncia de la llamada “represión”, que se traduce, según su lenguaje, en la existencia de “presos políticos y exiliados”. El Gobierno, que inicialmente iba a esperar, ya ha iniciado el acercamiento de los líderes independentistas encarcelados. Seis de ellos ya están en prisiones catalanas, y los otros tres está previsto que vayan esta semana.

Pero el soberanismo, con el Govern a la cabeza, se niega a considerar el traslado como un gesto, y lo que exige es su liberación. Es decir, por lo que respecta al Gobierno, la reivindicación es que la fiscalía retire los cargos.

Torra anunció el jueves en el Parlament que también hablaría de presos con Sánchez, que tampoco está por la labor de satisfacerle en ese punto. De todos modos, el viernes, tras visitar a la exconsellera Dolors Bassa y la expresidenta del Parlament Carme Forcadell, el president dijo que le habían pedido no ser "moneda de cambio" en ninguna negociación.

Propuestas de Puigdemont a Rajoy

Los negociadores de Sánchez, que no esperaban que Torra se decantara por el maximalismo ya de entrada, preveían en cambio acometer la reunión con propuestas de mejoras de financiación e inversiones. Dos documentos iban a servir de guía.

El primero, la lista de 46 peticiones que Puigdemont le presentó a Rajoy la legislatura pasada. Descartada la primera de ellas, quedan desde aportar más dinero para políticas sociales y el sistema de salud a revisar el sistema de financiación –un asunto que no se despachará hasta la próxima legislatura- o priorizar el corredor mediterráneo.

El Govern ya ha dejado claro que Torra prefiere despachar en comisiones bilaterales sectoriales 

El segundo, la Declaración de Barcelona, el documento que PSC y PSOE pactaron el verano pasado, y que entre otras cuestiones, preveía recuperar aspectos del Estatut de 2006 tumbados por el TC por cuestiones formales -como el despliegue del Consejo de Justicia de Cataluña-, así como culminar varias transferencias pendientes o equiparar el porcentaje inversor en Cataluña a su participación en el PIB, en línea con muchas de las peticiones de Puigdemont.

Pero el Govern ya ha dejado claro que Torra no va a la Moncloa a hablar de esos asuntos, que prefiere despachar en las cuatro comisiones bilaterales sectoriales Generalitat-Estado, algunas de las cuales llevaban sin reunirse desde 2010.

Leyes suspendidas por el TC

La agenda de Moncloa también preveía ya de entrada hablar de la recuperación de las leyes no relacionadas directamente con el procés pero que acabaron igualmente bloqueados en el Constitucional, recurridos por el Gobierno del PP.

Torra, que ha situado esa misma recuperación como uno de los ejes de sus políticas, sí que está abierto a despachar esa cuestión con Sánchez, porque considera que afecta directamente a la soberanía del Parlament y, por extensión, del conjunto de instituciones catalanas. Es uno de los escasos aspectos en los que puede cristalizar un cierto grado de entendimiento.

Franquismo

Hay un segundo clavo ardiendo para salvar la reunión, que parece puesto ahí ad hoc, porque llama la atención que a la vez que se niega a despachar con Sánchez sobre políticas sectoriales, Torra incorpore en su agenda un punto sobre memoria histórica. Referido, por concretar, a la vigencia del franquismo en el espacio político español.

El combo, según ha explicado Artadi, abarca un replanteamiento tanto de su herencia en el espacio público como de las subvenciones a la fundación Francisco Franco o del destino del Valle de los Caídos, del que Sánchez pretende exhumar los restos del dictador.

Segundo encuentro

Habida cuenta de que, salvo por lo que se refiere a la memoria histórica y las leyes tumbadas por el TC, poco puede salir en claro de este primer encuentro, unos y otros llevan días insistiendo en la importancia del mero hecho de que Sánchez y Torra se reúnan y vendiendo que el objetivo es que la cita sea el inicio de una nueva relación que tienda a normalizarse entre el Ejecutivo central y el Govern.

Así, el líder del PSC, Miquel Iceta, insiste en celebrar que la Generalitat haya dado el primer paso para reactivar las comisiones bilaterales. Y el jueves, en el Parlament, Torra ya pedía una segunda cita a Sánchez. Pasadas las vacaciones y, esta vez, en la Generalitat.

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