Mas calma a los partidos pro consulta con ataques a la prensa

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El presidente catalán asegura que agosto es un “mes propicio a los líos y a la polémica innecesaria que acaba en nada”

Artur Mas en la recreación de la batalla de 1714 en Talamanca (BCN) | EP

13 de agosto de 2014 (14:05 CET)

Ni posponer la consulta ni buscar un plan alternativo. El presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha insistido este miércoles en un acto independentista en Talamanca (Barcelona) que los catalanes votarán el 9 de noviembre. El mismo escenario que ha elegido para cargar contra los medios de comunicación por inflar las discrepancias internas de CiU sobre si la convocatoria depende o no de la decisión que tome el Tribunal Constitucional. “Agosto es un mes propicio a los líos y la polémica innecesaria, que acaba en nada”, ha declarado.

Unas palabras que hacen referencia a las manifestaciones de la vicepresidenta del gobierno catalán, Joana Ortega (de Unió), o el consejero que más transacciona con Madrid, Santi Vila (CDC), sobre la necesidad de convocar la votación de noviembre sólo si es absolutamente legal. Algo que es improbable si se tiene en cuenta que la Constitución no da margen a la celebración de un referéndum en este sentido y el Congreso ha rechazado por mayoría la alternativa propuesta por la Generalitat: la ley de consultas. “El Parlament de Catalunya la aprobará y, de acuerdo con esta norma, la convocaré”, ha señalado Mas ante los asistentes a un acto que rememora la batalla de 1714.

Sus palabras descreditan incluso el recordatorio que ha hecho el responsable de Agricultura, Josep María Pelegrí (Unió), de que la prórroga de la consulta se contempla en el pacto de gobierno con ERC. Aunque el aviso ya está sobre la mesa.

Mantener el gobierno

El presidente es consciente de que el encaje legal del 9N abre una vía de agua con sus socios en el Ejecutivo. Y sin el apoyo de los independentistas en la cámara catalana, CiU se queda sin margen para maniobrar debido a su minoría. El envite nacionalista es el único verdadero punto de unión con la formación liderada por Oriol Junqueras, y si la tensión --en este caso, interna-- rompe el equilibrio, el futuro para la federación nacionalista es complejo.

CiU aún evalúa el daño real que ha provocado la confesión de su creador, Jordi Pujol, y el tsunami de información sobre los manejos poco claros de su familia. A pesar de que el entorno del presidente ha coqueteado con la convocatoria de elecciones anticipadas, que se plantearían como unas nuevas plebiscitarias en Cataluña, la debacle electoral que se pronostica para CiU no tendría precedentes. Ni siquiera el desastroso resultado de la elecciones europeas, en las que ERC les pasó la mano por la cara.

Toque de atención


Por ello, el mensaje que Mas manda ahora después de su particular via crucis tras el escándalo de los Pujol, es claro: “Si se debilita el consenso político por un cálculo partidista se debilita también el proceso y el país”. Un toque de atención en dos sentidos. Tanto para los miembros de su partido que piden moderar el envite nacionalista para acercarse más al gobierno central, como a algunas voces que han surgido en ERC que piden ir por libre y sacarse de encima el lastre que representa CiU, un partido que consideran que ha abrazado el independentismo por una cuestión oportunista.

“El nuestro es un objetivo de libertad. Por eso nos es necesario ir juntos, con valentía e inteligencia”, ha indicado Mas este miércoles.

La hoja de ruta, por el momento, se mantiene. Falta menos de un mes para que tenga lugar otra gran Diada, el momento para calibrar si el independentismo se ha desinflado o mantiene su efervescencia entre la ciudadanía. Y Mas toma nota atentamente de lo que ocurre en el 11S. No en vano, fue la gran manifestación de 2011 la que propició el avance de las elecciones de 2012.
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