Pedro Sánchez durante la sesión de investidura en el Congreso de los Diputados. EFE

Pedro Sánchez cambia de guion en menos de 24 horas

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El líder del PSOE ordena a sus negociadores que retomen con urgencia las conversaciones con Podemos para sellar un acuerdo de gobierno

Barcelona, 24 de julio de 2019 (04:55 CET)

El paso de las horas está poniendo al descubierto la jugada de Pedro Sánchez en la sesión de investidura. Una jugada no exenta de riesgos y con un final todavía incierto.

El candidato a la presidencia del Gobierno invirtió media jornada del lunes en implorar en el Congreso la abstención de PP y de Ciudadanos. Todo ello sin haber trabajado previamente este voto, sin haber presentado un solo documento a PP y a Ciudadanos para lograr esa abstención que presuntamente deseaba. La explicación es sencilla: Sánchez necesitaba escenificar una coartada necesaria para lanzarse a los brazos de Podemos, a quien no le importó humillar.

Tanto se esforzó Sánchez en marcar distancias con Podemos que su líder, Pablo Iglesias, acabó por explotar. "No nos vamos a dejar pisotear ni humillar por nadie", se desfogó Iglesias después de llegar a la conclusión de que el líder del PSOE estaba maltratando a los 3,7 millones de votantes de Podemos con su actitud arrogante.

Del Sánchez del lunes al Sánchez del martes

El presidente del Gobierno en funciones completó el lunes un bronco intercambio con Iglesias y asomó la legislatura al precipicio electoral, una posibilidad que siempre ha tenido sobre la mesa debido a las favorables encuestas que maneja.

Y no sólo eso. También se encargó de endosar a Podemos la culpa del bloqueo político con el pretexto de haber aireado que el PSOE había negado el pan y la sal a Podemos, ya que, según desveló Iglesias, los socialistas han rechazado entregar a Podemos los ministerios de Hacienda, Trabajo, Ciencia y Transición Ecológica. "Esto complica la negociación", resumió la vicepresidenta Carmen Calvo en alusión a la confesión de Iglesias.

Después de un rutinario duelo con los líderes soberanistas, sin sorpresa alguna, Sánchez esperó pacientemente en su escaño a que este martes se consumara la primera votación de la sesión de investidura con una aplastante derrota en el Congreso (170 votos en contra, 124 votos a favor y 52 abstenciones).

Estrellado al primer intento, el presidente del Gobierno ordenó un cambio inmediato de guion. Con la derrota aún humeante, Calvo contactó por teléfono con Pablo Echenique, uno de los dirigentes de confianza de Podemos, para reactivar la negociación.

Sánchez y la vicepresidenta Montero

Para entonces ya estaba claro que Sánchez aceptaba a la portavoz de Podemos, Irene Montero, como vicepresidenta del Gobierno. La instrucción dada a sus negociadores es clara: hay 48 horas para cerrar un acuerdo con Podemos y salvar la investidura en la segunda votación de este jueves.

Bastará con que Podemos pase de la abstención al sí y con que ERC se mueva del no a la abstención (así lo hará si hay acuerdo entre PSOE y Podemos). En el zurrón ya tiene la abstención del PNV y el voto a favor del diputado de Partido Regionalista de Cantabria.

El interrogante ahora es saber el precio que está dispuesto a pagar a Podemos. ¿Acaso la cesión de alguno de los ministerios que rechazó entregar en un principio? Podemos tiene algo claro: tras sacrificar a Iglesias como vicepresidente, el precio de su peso político en el Consejo de Ministros ha subido. El cuánto se sabrá en las próximas horas.

 

 

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