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Rajoy exhibe el apoyo de la UE y del rey horas antes de mostrar todas las cartas del 155, pero recuerda a Puigdemont que todavía puede evitarlo

Manel Manchón

Economía Digital

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el Consejo Europeo en Bruselas, con el anuncio de aplicar el 155 de la Constitución en Cataluña. EFE/SL

Barcelona, 21 de octubre de 2017 (04:55 CET)

Mariano Rajoy ha llegado al desenlace final del proceso soberanista –tendrá continuación, pero finaliza lo que se inició en 2012—con todos los instrumentos posibles. Este sábado, a través de un consejo de ministros extraordinario, pondrá en marcha el artículo 155 de la Constitución con el que el Gobierno asumirá competencias de la Generalitat, con la voluntad de convocar elecciones en los próximos tres o cuatro meses.

Y lo hará tras recibir el total apoyo de la Unión Europea, que ha cerrado filas al defender España “como un estado democrático y de derecho". Con todo ello, Rajoy abraza al presidente Carles Puigdemont con el temido 155, pero con una puerta abierta durante unos pocos días y es que el mandatario catalán podrá dejar en suspenso el 155, antes de que se aprueben las medidas en un pleno en el Senado previsto para el próximo viernes, si es él el que convoca las elecciones al Parlament, aunque las vista de ‘constituyentes’.

Rajoy ha conseguido tener todo el aval interno y externo para aplicar el 155

La cuestión es saber si la voluntad real de Rajoy es darle o no esa oportunidad a Puigdemont. Es decir, si se trata de un dardo envenenado, siendo consciente de que ofrecer esa puerta es tanto como una imposición, que Puigdemont no aceptará. Fuentes del PP mantienen que no es cierto, que Rajoy no ha querido en ningún momento aplicar el 155, y que, si lo hace, tratará de que sea quirúrgico, con la intervención de los Mossos, de la Hacienda catalana –ya monitorizada por el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro-- , y Presidencia, lo que comportaría la sustitución del propio Puigdemont.  Algo que no es poco. Las mismas fuentes inciden en que, además, si Puigdemont así lo considera, todo podría quedar en suspenso si decide, entre el mismo domingo y el próximo viernes, convocar elecciones al Parlament.

Para el soberanismo, sin embargo, ese final puede resultar muy frustrante. No ha habido reconocimiento internacional, las instituciones europeas, al margen de algunas excepciones, no han apoyado la posibilidad de una república catalana, ni han avalado los resultados del referéndum del 1-O. Sobre la mesa del presidente Puigdemont sí está todavía la idea de una declaración de independencia, que, sin embargo, no se votaría en el Parlament.

Puigdemont puede pararlo todo si es él quien convoca las eleciones

Con esa declaración, o sin ella, Puigdemont podría convocar elecciones –si lo hace el próximo martes, serían el 17 de diciembre--. En el caso de que no lo hiciera –las presiones van en dirección contraria—el panorama sería más negro, con una resistencia desde la calle, con movilizaciones frente a las medidas del Gobierno, y con duras consecuencias para la economía catalana.

Las palabras del rey Felipe VI, según las cuales, “España tiene que hacer frente hoy a un inaceptable intento de secesión de una parte de su territorio”, apoyado por el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani; por el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y por el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker –los tres defendieron la ley y la Constitución española--, en la clausura de los Premios Princesa de Asturias, han dejado sin capacidad de maniobra al soberanismo. Rajoy ha ido achicando el terreno hasta llegar a esta situación, en la que cuenta, en la política doméstica, con el PSOE y Ciudadanos.

Ahora, en Barcelona, el dilema lo tiene Puigdemont. Una parte significativa del Pdecat y de ERC, además del expresidente Artur Mas, buscan una reacción que pueda salvar los muebles a todos, y se llama convocatoria electoral, con un riesgo que también corren las dos partes: el gobierno español y el soberanismo.

El Pdecat y ERC ya han dado pistas de que se preparan para unas elecciones al Parlament

Puede ocurrir que el independentismo vuelva a tener la mayoría absoluta, con lo que el problema de fondo –la petición de que Cataluña sea reconocida como un sujeto jurídico y político propios—se mantendría. Pero también surge la oportunidad para que comience un nuevo partido, con una pérdida de esa mayoría y con la necesidad de constituir un gobierno transversal.

Este viernes se vieron algunas pistas de esa segunda idea: el consejero de Empresa, Santi Vila, y la coordinadora del Pdecat, Marta Pascal, desautorizaron la campaña de Òmnium Cultural de pedir a los independentistas que sacaran dinero de los cajeros de las entidades bancarias para demostrar que el poder radica “en la gente”.  El otro gesto es que en la movilización prevista para este sábado, se verán carteles a favor de la liberalización de Jordi Cuixart y Jordi Sànchez, los presidentes de Òmnium Cultural y la ANC, con el emblema de ERC, sin el carácter unitario que se ha querido defender hasta ahora en todas las concentraciones.

¿Qué ocurre? Que los partidos soberanistas han comenzado a posicionarse desde sus banderas ideológicas. Y eso puede augurar un nuevo comienzo en la política catalana.

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