El gobierno catalán dejará de elegir a dedo a sus 'embajadores'.  EFE/Patricia Torres
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El tripartito de Montilla desplegó el embrión de la paradiplomacia de Mas y Puigdemont. Desmantelada con el 155, ahora Torra la ha reactivado

Iván Vila

Economía Digital

El gobierno catalán dejará de elegir a dedo a sus 'embajadores'. EFE/Patricia Torres

Barcelona, 15 de junio de 2018 (04:55 CET)

Londres, Roma, Ginebra, Washington y Berlín. Esas serán las cinco primeras delegaciones en el extranjero con las se iniciará la reactivación de la red de representación internacional de la Generalitat tras el levantamiento del artículo 155. El conseller de Acción Exterior, Ernest Maragall, lo anunciaba este jueves aprovechando una visita a la única que de las también conocidas como “embajadas catalanas” que queda abierta, la de Bruselas.

La delegación de la capital belga y la de la alemana son especialmente significativas desde un punto de vista estratégico, teniendo en cuenta la situación de Carles Puigdemont, instalado en Berlín, y que en Béligica es donde están los exconsellersToni Comín, Meritxell Serret y Lluís Puig, y también donde Puigdemont y su sucesor, Quim Torra, quieren situar el centro de operaciones del llamado Consejo de la República, pensado para difundir la causa independentista -como ya hacía la red de embajadas- y con sede en Waterloo.

El Estatut, antes y después

La del despliegue extrafronteras de la Generalitat, cercenado con la liquidación del Consejo de Diplomacia Pública de Cataluña (Diplocat) y de 11 de las 12 delegaciones de la Generalitat, es una larga historia, tanta como las ínfulas internacionales de Jordi Pujol. Pero tuvo dos acelerones decisivos. El primero lo provocó la reforma del Estatut. El segundo, el proceso independentista.

Hasta el primero de esos acelerones, se preveía que la Generalitat pudiera tener oficinas en el extranjero circunscritas a tareas de cooperación, promoción empresarial, inserción laboral, proyección turística o promoción de la cultura catalana. Pero el Estatut de 2006 estableció en su artículo 194 que la Generalitat puede establecer delegaciones en el exterior “para la promoción de los intereses de Cataluña”, sin más acotaciones.

El Estatut le daba al tripartito liderado por José Montilla cuello para poder ensayar una primera hornada de miniembajadas

Más allá de la red de oficinas que el gobierno catalán ya tenía desplegadas con fines comerciales, turísticos o empresariales, el Estatut le daba al gobierno tripartito liderado por José Montilla cuello para poder ensayar una primera hornada de miniembajadas que dependían de la vicepresidencia, en manos entonces de Josep Lluís Carod-Rovira. Es decir, en manos, como vuelven a estarlo ahora, de ERC.

Las primeras, en Berlín y Londres

Las primeras en abrir, a mediados de 2008 y con un coste de 90.000 euros anuales cada una –personal aparte- fueron las de Berlín y Londres, y ya generaron controversia. Carod alegó en la inauguración de la primera que la función de las delegaciones era vindicar el “carácter nacional” de Cataluña, pero insistió en que serían respetuosos con los marcos competenciales y colaborarían con criterios de “eficacia” y “lealtad” con las embajadas españolas.

La tercera delegación, la de París, abierta también en 2008, añadió leña al fuego, porque Carod colocó al frente de la misma a su hermano Apel·les. Después, abriría también la de Nueva York. La de Bruselas, que ya existía como oficina antes del despliegue, amplió sus competencias.

El impulso del procés

En 2012, el gobierno de Artur Mas decidió dar un nuevo impulso a la red exterior. Reconvirtió el Patronato Cataluña-Mundo en el Diplocat, destinado a convertirse en eje de su estrategia de difusión internacional del procés, y alrededor del cual pivotaria una red de psedoembajadas en expansión. El secretario de Acción Exterior, Roger Albinyana, primero, y después el conseller Raül Romeva, ahora encarcelado, serían los encargados de desplegar el plan.

El Govern, que fue ampliando las partidas presupuestarias destinadas a la acción exterior, abrió hasta 2017 nuevas delegaciones en Portugal, Dinamarca, Italia, Austria, Polonia y Croacia, además de una segunda en Estados Unidos, en Washington, aunque sus ambiciones se redujeron. Albinyana había llegado a hablar de llegar a las 50 delegaciones, pero el plan que presentó Romeva limitó la cifra a 17, de las que cinco no llegaron a abrir. Son las de Rabat, Seúl, El Vaticano, Buenos Aires y México DF.

Rajoy, tras la entrada en vigor del 155, desmanteló el Diplocat y 11 de las 12 delegaciones

El gobierno de Mariano Rajoy nunca consiguió frenar ese despliegue, pero tras la entrada en vigor del 155, desmanteló el Diplocat y 11 de las 12 pseudoembajadas, dejando solo abierta la de Bruselas. La liquidación comportó el despido de una sesentena de personas.

Sin pegas a la reapertura

El anuncio de Maragall, que avanzó que las cinco primeras delegaciones estarán operativas en una semana y el resto en tres meses, llega apenas dos días después de que el Govern anunciara que reactivará el Diplocat. El Gobierno de Pedro Sánchez no pondrá pegas de entrada, según anunció el ministro de Exteriores, Josep Borrell, pero supervisará que tanto las delegaciones como el Diplocat se ciñan a sus competencias estatutarias.

La resurrección de la red internacional de la Generalitat es uno de esos asuntos ideales para nutrir el relato de que el Govern sigue trabajando para "hacer República" o "caminar" hacia ella. Lo que está por ver es si se destinarán realmente a ese fin, se limitarán a hacer fotocopias y evitar problemas o se dedicarán a jugar al filo de la ley o de la tolerancia del ejecutivo central de turno, como el independentismo ha convertido en norma.

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