De Rivera a Arrimadas: de hecatombe en hecatombe

Ciudadanos pasa de ser primera fuerza del Parlament a séptima. Carrizosa logra menos de una quinta parte de los escaños que consiguió la candidatura de Arrimadas en 2017

El candidato de Ciudadanos a las elecciones catalanas, Carlos Carrizosa, y la presidenta del partido, Inés Arrimadas, antes de comparecer para valorar los malos resultados obtenidos el 14-F | EFE/AG

El candidato de Ciudadanos a las elecciones catalanas, Carlos Carrizosa, y la presidenta del partido, Inés Arrimadas, antes de comparecer para valorar los malos resultados obtenidos el 14-F | EFE/AG

Inés Arrimadas apareció este domingo al lado de Carlos Carrizosa para valorar el paupérrimo resultado electoral del 14-F en Cataluña (de 36 a 6 escaños). Se trata de la segunda gran hecatombe de Ciudadanos después de que el partido naranja pasara de 57 a 10 escaños en el último ciclo de elecciones generales.

Tras hablar Carrizosa y prometer una defensa del constitucionalismo en el Parlament pese a perder 30 diputados en Cataluña, Arrimadas tomó la palabra y no ocultó la “sensación de tristeza“. Tristeza porque “el separatismo sale reforzado”, dijo, pero también, aunque no lo dijo explícitamente, porque su marca se hunde y ya cabe preguntarse si Cs no fue más que un espejismo político.

El pronóstico de que el PSC de Salvador Illa ocuparía este 14-F el lugar que ocupó Cs en las elecciones catalanas de 2017 se cumplió. La lista encabezada por Carrizosa ha logrado menos escaños que los conseguidos por el partido en las elecciones de 2012, cuando triplicó su entonces ínfima representación hasta los nueve parlamentarios.

Arrimadas no levanta cabeza

Como formación nacida en Cataluña, este resultado es una afronta existencial para los de Arrimadas. Después de lograr el 18% de los votos y 25 escaños en 2015, logró lo inesperado por todas las encuestas e incrementó su representación hasta los 36 escaños y el 25% de los sufragios en diciembre de 2017, poco después del referéndum ilegal del 1-O.

Pero visto fuera de la política catalana, el desenlace del 14-F para Cs es un verdadero drama. Significa que la apuesta por la moderación y por tender puentes que ha emprendido Arrimadas tras el colapso de Rivera no está dando los resultados deseados. Las elecciones vascas y gallegas de 2020 lo advirtieron; las catalanas ahora lo ratifican.

Y es que hace menos de ocho meses Cs sufrió dos accidentes el mismo día. En los comicios del pasado 12 de julio, el partido se quedó fuera del Parlamento de Galicia y consiguió menos del 1% de los votos en esa comunidad. Y en País Vasco su coalición con el PP hizo que los populares pasaran de sus anteriores 9 escaños a tener ahora 6 compartidos con los naranjas.

De principal fuerza del Parlament a séptima

Arrimadas intentó convencer al PP de ir en coalición a las elecciones catalanas. Incluso invitó al PSC a sumarse a una alianza “constitucionalista”. Ni el PP ni el PSC aceptaron, previendo una caída de los naranjas. El relevo de Lorena Roldán por Carrizosa como cabeza de cartel tampoco convenció a los cortejados, y la excandidata acabó fugándose al PP.

Y así es como ha llegado Cs a un escenario mucho peor de lo previsto por los sondeos. Las encuestas vaticinaban una pérdida de hasta la mitad de sus actuales 36 escaños en el Parlament, pero que haya perdido 30 de esos parlamentarios no lo predijo nadie. A Arrimadas le votaron 1,1 millones de catalanes; a Carrizosa, menos de 155.000.

Los naranjas pasan de ser la principal fuerza de la Cámara catalana a la séptima, con el 5,5% de los votos. La última vez que en sus filas se vivió una tragedia similar, Rivera se dio de baja y Arrimadas se convirtió en la líder del partido. Ahora, la presidenta del partido presidirá una reunión urgente del comité ejecutivo este lunes.

No faltan rumores de que podrían rodar cabezas, otra vez.

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