ERC pacta con PSC y comuns en Barcelona en plena negociación para formar Govern

El entorno de Puigdemont mete cizaña sobre el acuerdo en el Ayuntamiento de Barcelona mientras sus negociaciones con ERC no despegan

El líder de ERC en Barcelona, Ernest Maragall; la alcaldesa Ada Colau; y el primer teniente de alcalde, Jaume Collboni, tras firmar el acuerdo para invertir 30 millones de euros en diez distritos de la ciudad, el 23 de febrero de 2021 | Ayuntamiento de Barcelona

El líder de ERC en Barcelona, Ernest Maragall; la alcaldesa Ada Colau; y el primer teniente de alcalde, Jaume Collboni, tras firmar el acuerdo para invertir 30 millones de euros en diez distritos de la ciudad, el 23 de febrero de 2021 | Ayuntamiento de Barcelona

En pleno vértigo por los contactos de Esquerra con Junts per Catalunya, la CUP y los comuns para conformar un nuevo Govern, los de Oriol Junqueras han cerrado un pacto con el PSC y los de Ada Colau en el Ayuntamiento de Barcelona. Y el entorno de Carles Puigdemont no ha tardado en destacar y poner luz en un acuerdo que remite al “tripartito”.

La alcaldesa Ada Colau, líder de los comuns, ha anunciado el acuerdo junto con su socio del PSC, Jaume Collboni, y el líder de ERC en Barcelona, Ernest Maragall. Se trata de un pacto para invertir 30 millones de euros en diez distritos de la ciudad, tal como comprometieron a finales del año pasado cuando cerraron a tres bandas los presupuestos municipales.

La lectura que cada uno de los dirigentes hizo del acuerdo se puede leer en clave catalana y no solo barcelonesa. Colau definió el acuerdo como “de izquierdas, amplio y transversal“, lo mismo que defiende En Comú-Podem para forzar un “tripartito” en la Generalitat de la mano de Esquerra y el PSC. Collboni puso en valor el pacto como “una gota de aire fresco”.

Pero Maragall lo rebajó simplemente a “un pacto de ciudad”. De hecho, el líder de los republicanos en el consistorio de la capital catalana dejó “definitivamente claro” que “no hay un acuerdo posible de este tipo para el Govern de Cataluña“. Es decir, no cambia el guion de ERC, que quiere negociar con los comuns y mantener al mismo tiempo su veto al PSC.

La reacción del entorno de Puigdemont

Pese al matiz de Maragall, JxCat ha sembrado cizaña a la luz del pacto ECP-PSC-ERC en Barcelona. Aleix Clarió, community manager, asesor, colaborador y persona de la máxima confianza de Puigdemont, se ha hecho eco de la noticia lanzando un mensaje en Twitter en el que simplemente mencionaba a los partidos y ponía un emoji de guiño.

Clarió ya ha advertido de los supuestos planes para reeditar un tripartito en Cataluña. En noviembre, aseguró que determinados medios de comunicación atacaban a Puigdemont y a JxCat con el “objetivo principal” de que en Cataluña hubiese un Govern “espejo” de Madrid, con ERC y comuns dentro y el apoyo externo del PSC.

Desde los comuns la recepción ha sido diferente. El diputado y director de campaña de En Comú-Podem, David Cid, ha puesto el énfasis en los “acuerdos de izquierdas”, en plural. Y el dirigente de la formación en el Vallès Oriental, Jordi Manils, se preguntado por qué este mismo pacto “no podría ser posible” en Cataluña.

Lo cierto es que más de una semana después de las elecciones catalanas del 14-F las negociaciones siguen empantanadas entre múltiples vetos. Esta semana se supo que los comuns transmitieron a ERC y el PSC que no apoyarán un Govern de forma externa; es decir, que para contar con su apoyo tendrían que entrar en el Ejecutivo catalán.

Tampoco cogen fuerza los contactos entre ERC y JxCat, porque los segundos no entienden la manía de Pere Aragonès por meter a los comuns en el hipotético acuerdo. Y la CUP ha complicado todo más, anunciando que, si sus bases lo avalan, una de sus condiciones será estar en la Mesa del Parlament o incluso en la presidencia de la Cámara autonómica.

Paralelamente, el PSC presiona para que sea “una mujer de izquierdas” quien presida el Parlament, anunciando sus intenciones de proponer un nombre para el cargo. Y aunque no hay ningún acuerdo cerrado, ERC ya ha dicho que le gustaría que la investidura fuese a mediados de marzo, por lo que parece que hay prisa.