Pulso de los maquinistas a Renfe: fuerzan a bajar la velocidad del AVE Madrid-Barcelona a 230 km/h
Los maquinistas pretenden reducir la velocidad del AVE Madrid-Barcelona como medida de presión por la seguridad de la red ferroviaria y la falta de respuesta de Renfe
Los maquinistas de Renfe se plantan
Los maquinistas del tren de alta velocidad que circula entre Madrid y Barcelona han tomado una decisión sin precedentes que está marcando la agenda del transporte ferroviario en España. Tras el grave accidente ocurrido en la tarde de domingo a causa del descarrilamiento de un tren y el impacto con otro, considerado el más grave ocurrido en España en este siglo XXI, se pretende controlar al máximo los límites humanos.
Por este motivo, el sector de los conductores quiere limitar de forma voluntaria la velocidad máxima de los trenes de alta velocidad a 230 km/h, frente a los 300 km/h habituales, tal y como apuntaba Europa Press. Esta es una medida de presión, tal y como recogía El Economista, ante la falta de respuesta de Renfe y las autoridades ante sus reiteradas advertencias sobre el estado de las vías y las condiciones de seguridad de la infraestructura ferroviaria.
Este gesto, impulsado por el sindicato mayoritario de maquinistas, SEMAF, se produce en medio de una creciente tensión dentro del sector ferroviario español, que viene protagonizando varias alertas desde mediados de 2025 respecto al mantenimiento y la seguridad de las líneas de alta velocidad. El conflicto ha adquirido mayor visibilidad tras el grave accidente ocurrido en Adamuz (Córdoba), que ha vuelto a poner el foco sobre cuestiones de seguridad ferroviaria, aunque aún no se han determinado las causas exactas del siniestro.
Una protesta motivada por la seguridad
Según han explicado los propios maquinistas, en declaraciones a Europa Press, la decisión de reducir la velocidad se basa en un cúmulo de advertencias que vienen realizando desde hace meses, en las que alertaban tanto a Renfe como al gestor de infraestructuras Adif AV y a la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria (AESF) de que el uso intensivo y prolongado de la red de alta velocidad estaba generando problemas técnicos que, si no se atendían, podían traducirse en riesgos reales para la circulación.
En agosto de 2025, SEMAF remitió una carta formal en la que solicitaba no solo atención a estas inquietudes, sino una actuación concreta: reducir la velocidad máxima de 300 km/h a 250 km/h en varios corredores clave, entre ellos Madrid-Barcelona, así como en las líneas que conectan Madrid con Sevilla, Málaga y Valencia, argumentando que las vías presentaban pequeñas imperfecciones acumuladas que, aunque aisladas no eran críticas, sí podían provocar vibraciones intensas y un desgaste prematuro del material rodante.
El papel de Renfe y las respuestas institucionales
Renfe, por su parte, ha mantenido hasta ahora una postura de normalidad operativa. Desde la compañía estatal se ha insistido en que la infraestructura es segura para operar a las velocidades establecidas y que los convoyes circulan dentro de los límites permitidos por los sistemas de seguridad instalados. El presidente de Renfe ha señalado, en declaraciones a Europa Press, que no se puede atribuir el reciente accidente a un exceso de velocidad, puesto que los trenes implicados circulaban por debajo del máximo autorizado en el tramo donde se produjo la colisión.
Asimismo, las autoridades ferroviarias aseguraban en El Periódico, que las líneas de alta velocidad están sujetas a rigurosos controles de mantenimiento. La multiplicidad de operadores y el aumento del tráfico de trenes de alta velocidad, con la liberalización del mercado y la presencia de compañías como Iryo y Ouigo además de Renfe, ha puesto mayor presión, según señalaba OkDiario, sobre una red que requiere recursos adecuados para su conservación.
En paralelo, el Gobierno ha planteado, según Europa Press, algunos proyectos ambiciosos para modernizar y aumentar la capacidad de algunas rutas ferroviarias, incluso con la intención de elevar en el futuro la velocidad teórica hasta los 350 km/h en la línea Madrid-Barcelona. Sin embargo, esos planes todavía no se han materializado ni cuentan con fechas concretas de ejecución.

Impacto del gesto de los maquinistas
La decisión de circular a 230 km/h tendrá efectos directos en la operativa diaria del AVE. La reducción de velocidad incrementará ligeramente los tiempos de trayecto para los pasajeros habituales de esta línea, que es una de las más transitadas del país, con más de 14 millones de viajeros al año. Además, esta medida podría generar ajustes en los horarios y en la programación de servicios, con posibles efectos en las conexiones y la cadencia de trenes en estaciones como Madrid-Puerta de Atocha y Barcelona-Sants.
SEMAF ha dejado claro que esta no es una huelga ni una interrupción del servicio, sino una medida de prudencia y presión, tal y como apuntaba Europa Press, para que tanto Renfe como las autoridades se sienten a negociar e implementar acciones que garanticen, de manera preventiva, la seguridad de los trenes y pasajeros. El sindicato subrayaba para La Gaceta que la seguridad ferroviaria no debe verse comprometida por la competitividad entre operadores ni por el afán de mantener tiempos récord.
Entre las principales peticiones de los maquinistas figura una revisión completa del calendario de mantenimiento, inversiones adicionales en estabilización y renovación de la vía en los tramos más afectados, así como un diálogo más estrecho entre los conductores, Renfe y Adif para identificar y resolver problemas antes de que escalen.
Tensión entre las partes
El pulso entre Renfe y los maquinistas alrededor de la velocidad del AVE Madrid-Barcelona pone de manifiesto un problema estructural en el sistema ferroviario español: la necesidad de equilibrar rapidez, eficiencia y seguridad en una red que ha experimentado un enorme crecimiento pero que, según expertos y operarios, puede estar empezando a resentirse por falta de atención suficiente a su mantenimiento.
La tensión sigue abierta y el desenlace de este conflicto podría tener implicaciones significativas no solo para los servicios de alta velocidad, sino también para la percepción pública de la fiabilidad del transporte ferroviario en España.