Culkin, el bar de Barcelona que acierta con la nostalgia
Además de invitar a recordar los buenos tiempos de los años ’80 y ’90, el local juega a la vanguardia con platillos innovadores y cócteles de autor
El local se ubica en la esquina de Viladomat y Parlament. Foto: Culkin.
El barrio de Sant Antoni hace años que se ha consolidado como un polo gastronómico donde el ayer dialoga con el hoy, en que sobreviven un par de bodegas de toda la vida y otras se han reciclado en locales que muchos tildarían de ‘modernillos’, que mantiene la estética del pasado pero con cartas exploran nuevos sabores y aromas.
Por ese camino transita Culkin, una combinación de bar y restaurante que aprovecha la estratégica esquina de Viladomat 23 y Parlament (donde hay un rosario de locales para comer y tapear) para abrirse camino con sus platillos pensados para compartir, su carta de vinos naturales y sus cócteles elaborados con originalidad.

Guiño al pasado
El local es pequeño, quizás un poco abigarrado las noches de los fines de semana, entre mesas altas con taburetes y las bajas de mármol y redondas. Las paredes son una oda a la nostalgia empezando por su nombre, un guiño a Macaulay Culkin, el protagonista de Solo en casa, y siguiendo por la decoración con cajas de VHS, posters de películas ochenteras, vinilos y algún Darth Vader por ahí. El toque kitsch lo ponen una bola de cristal en el techo y las botellas tapizadas de velas de cera.
La decoración de Culkin es un homenaje a los ’80 y ’90, con cajas de VHS, vinilos y posters de películas
Ese homenaje al pasado reciente se refleja, también, en los divertidos nombres de los cócteles: Tangerine Dream, Pink Fluyd, Basil Instinct, El Zorro, Finish him! o Golden Boy. Todos ellos son creaciones propias o relectura de clásicos, como el ’90 Spritz (con June Pera, cordial de hibisco, cava y espuma fruta de la pasión) y el Belluci’s (Licor de bergamota, amaro de ruibarbo, cítrico, soda de pomelo y oliva); con quienes nos dieron la bienvenida.

Platos para comer o tapear
La carta (precio medio, 25€ a 35€ sin bebida) presenta una veintena de platos y tapas, con una primera parte pensada para el tapeo a cualquier hora de día, como las olivas de la abuela, las tablas (de pastrami y queso, o de quesos artesanales), las anchoas 00 con brioche y mantequilla noisette (excelente introducción), los boquerones con gel de yuzu, el lacón con salsa gribiche y las patatas asadas con mojo picón y alioli.

Aquí encontrarán varios platillos que homenajean al mar, como la ensaladilla de pulpo y wakame, el bocado de foie marino y pimiento escalivado, la zamburiña con salsa de ajo perejil o la tosta de sardina ahumada. A tener en cuenta el coqueteo con recetas orientales como el labneh con dukkah de avellana y fruta, y el hummus de remolacha y calabaza asada.
Uno de los clásicos que sobreviven a los cambios de carta son los puerros asados con miso y crema de anacardo. Y al probarlos, se entiende por qué. También son muy populares las berenjenas asadas con miso y crema agria. Y si hay hambre para platos más llenadores, pongan atención a la brocheta de pollo marinado estilo kofta, las setas de temporada salteadas con pure de coliflor, o el steak tartar de lomo bajo madurado.

Para brindar
Si no se quiere seguir con cócteles, además de las clásicas cervezas, en Culkin hay una interesante selección de tintos, blancos, rosados y espumosos de España en su mayoría (Empordà, Rias Baixas, Mallorca, Penedès, La Mancha, etc.), y sorpresas de Italia, Francia o hasta Argentina. Muchos de ellos son naturales, como parte de una tendencia que crece entre los amantes de los vinos.
Culkin pertenece al grupo gastronómico Amicks, que mantiene una línea de innovación y guiños al pasado en otros locales de su microcosmos, como V de Vermut, Bar Pimentel, Casa Pepi y Piel de Gallina. Téngalos en cuenta.