Tres nuevos templos del tapeo de Barcelona para animar el invierno

Aunque todavía no haya clima para el terraceo, estos bares, tabernas y restaurantes reivindican la cultura de ir de tapas, sea la estación que sea

Nunca es tarde (ni temprano) para unas buenas tapas. Foto: 640.

Todavía hay quienes piensan que los turrones y los guisos son para el invierno, y que los helados y las tapas solo se pueden disfrutar en primavera y verano. Desde aquí decimos que no porque, más allá de la temporalidad de algunos ingredientes, no hay estación del año para volcarse por unos u otros: cualquiera es válida.

Por ello, aunque el clima todavía no esté como para estar tapeando en las terrazas, estos pequeños platillos bien se pueden degustar en el interior los bares y restaurantes, como estas propuestas que acercamos, donde vamos de las tapas tradicionales a otras innovadoras, de una fusión indo-española a las preparaciones que homenajean al Mediterráneo.

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640

Los proyectos del chef Eugeni de Diego siguen creciendo. Hace unos meses conocimos su homenaje a las tabernas de barrio en Colmado Wilmot y la relectura de la cocina italiana con Lombo. Su última apuesta es 640 (o Seis Cuarenta, como prefieran), cervecería y restaurante que aspira a ser un futuro clásico bar de tapas, de esos locales de barrio que por la mañana lo visitan los padres, a la tarde los hijos y los nietos por las noches.

En 640 se recupera la costumbre de tapear en barra. Foto: 640.

El nombre es un doble juego de palabras (o números): es la proporción del coupage 6/40 entre la Estrella Damm y la cerveza tostada Turia, pero también es el número de la avenida Diagonal donde se encuentra, que toma el testigo del local donde estaba la tortillería Croma by Flash.

La nueva cervecería mantiene el glamour de su antecesor: camareros de buena memoria con chaqueta y corbata, decoración moderna pero sin pasarse, ambiente chic, una interesante selección de vinos y una acertada variedad de cervezas, y una tentadora carta de platillos pensados para el picoteo, de porciones que van más por la calidad que por la cantidad; aunque los principales suben de peldaño y dejan más que satisfecho. “Quería recuperar la alegría del bar, el buen rollo de una cervecería. Que puedas comer de pie porque te han guiñado el ojo unos boquerones, o sentarte a comer con amigos un viernes por la tarde”, describe De Diego.

A pesar de la amplitud de horarios, en 640 la reserva -sobre todo en por la noche- es imprescindible

Si bien uno de los puntos fuertes de 640 es su amplitud de horarios, donde se puede venir a desayunar, comer, tomar un café, una copa vespertina o cenar; hay franjas en que conviene reservar, porque incluso un martes a la noche -como fue nuestro caso- está lleno hasta la bandera.

El local recuerda a la estética moderna de los años ’80. Foto: 640.

La carta (precio medio, 35€ a 40€) presenta una larga selección de platos que arrancan con aperitivos como la cecina de León, el jamón ibérico y los chips Raquel; así como las tentaciones de De la vitrina, para recuperar la tradición de comer en barra, como las ostras Gillardeau Nº 2, las anchoas del Cantábrico, las gildas, la mojama con almendras, las ensaladillas rusa o alemana, los huevos rellenos de gamba y el salpicón de marisco.

Aquí el producto es cuidado con esmero, como se ve en los platos inspirados en el Mediterráneo como la nécora hervida, las quisquillas, las escopiñas, las gambas rojas al ajillo y las zamburiñas del Lombo, un puente a su otro restaurante de Sant Gervasi. 

El tapeo está presente con los recomendados cubanitos 6/40 (especie de bikini con bacon), las croquetas de pollo y jamón, el calamar Orly, la corvina en adobo o el steak tartar.

Los cubanitos 6/40 no pueden dejarse de lado. Foto: 640.

Es difícil poner el freno, pero mejor ir con cautela porque hay que dejar espacio para las fabulosas albóndigas del Eugeni, los macarrones ibéricos, el cap i pota, el pescado del día (como la lubina con sanfaina que probamos) o el lomo alto, reservado para los que vienen con la intención de comerse el mundo.

Patara

¿Es un restaurante indio o es un bar español? Ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. Patara se plantea como un puente entre la herencia culinaria de la India que traen su dueño Parm Dhillon y la cocinera Diksha Sachdeva, con las tradiciones de España.

El local, en Consell de Cent 190, se divide en dos plantas con una estética que, según la interiorista Michaela Kocheva, recuerda a la de los hoteles de Nueva York de los años ’70 y ’80, con diferentes tonos de rojo impregnando paredes y sillones, luces bajas y lámparas con flecos.

La estética de Patara juega con los tonos rojos. Foto: Patara.

Su carta (precio medio, 25€ a 30€) se puede dividir entre las tapas clásicas de España y las creaciones de ascendencia india. Si es por elegir, sugerimos probar esta última opción, para entrar en un terreno de sabores nuevos. En este sentido, los que prefieren los sabores de toda la vida pueden buscar las croquetas de jamón ibérico y pollo, la bomba de patata, o el hummus con garbanzos asados y hierbas; o si hay hambre, subir de peldaño con la entraña de ternera fileteada, el rigatoni cremoso con trufas o la ensalada de burrata.

Imprescindibles en Patara las tapas de autor que combinan las tradiciones españolas con los sabores de la India

Pero si se trata de probar las tapas de autor, es la oportunidad de conocer la navab (ternera marinada con especias), las ocean kofta (albóndigas de calamar), las puchka (bolas crujientes con garbanzos), los rollitos de bikini trufado, la bharta (berenjena asada con tomate especiado) o la tempura de gambas con chutney de mano, entre otras. Son sabores diferentes, sí, pero adaptados al paladar local. O sea, no hay peligro de incendio interno por los picantes.

El mix perfecto entre el tapeo español y la tradición india. Foto: Patara.

Esta idea de darle un giro a lo tradicional se expande a los cócteles, donde hay una carta con una quincena de creaciones que hacen una relectura de combinados tradicionales. Así, dimos cuenta del Cosmopolitan (con vodka Beluga, shoyu de ciruela, cordial de papaya y hibiscos, melocotón y solución cítrica) y el Kampai Mule, que convierten al Moscow Mule en una nueva versión con vodka Beluga, sake Misaki Yuzu Dry, sirope de pimienta Szechuan y ginger beer.

La segunda vuelta fue con el Provenzal Bloom (pisco, Harveys Fino, soda de lavanda y rosas de damasco) y el Rockstar Martini (con vodka Beluga macerado en alcaravea, Sake Misaki Yuzu Dry, fruta de la pasión, sirope de vainilla y limón). Pero hay mucho para conocer como los giros al Old Fashioned, el Tangerine Twist (inspirado en el Gimlet), el afrutado Strawberry Field o el Filthy Chai, otro guiño a los sabores de la India en pleno centro de Barcelona.

Los cócteles con una relectura de preparaciones tradicionales. Foto: Patara.

Nardi

Hace poco más de un año conocimos el Bar Pimentel, en el corazón del Born. Pues aquí le presentamos a Taberna Nardi, su hermana menor: si aquel apuesta por las tapas tradicionales, este por los platillos que tienen al mar como hilo conductor. Si el primero tiene al rojo como color corporativo, este va por el azul. Mientras que el local de calle Carders 11 recuerda a Chujo, el abuelo de su fundador Martín Pimentel; este bar-restaurante de Corders 20 lleva el apellido de su familia materna.

El local es pequeño, y por ello han prescindido de las mesas -excepto por tres redondas ubicadas al fondo-, donde casi todo el mundo come en barra; en un ambiente decorado solo con un par de cuadros en las paredes de cerámicas blancas, y con el detalle de un techo de vidrio que recuerda al movimiento de las olas.

Fachada de Taberna Nardi, en el Born. Foto: Taberna Nardi.

La idea es jugar a la variedad, con platos de porciones justas, con la idea de ser compartidos. En este restaurante que se calza el traje de ‘marisquería irreverente’ la tentación llega con las preparaciones que se exhiben en la vitrina, o por las sugerencias que hay apuntadas con marcador detrás de la cocina abierta. Tengan en cuenta eso: hemos probado fuera de carta un suave cabracho a la brasa y una parpatana de atún Bluefin de Balfegó (también llamado chuletón del mar) que eran para aplaudir.

Más allá de lo que diga la carta, en Taberna Nardi hay que preguntar por las sugerencias, que se deciden en función de las capturas del día

Pero eso fue el cierre, porque empezamos con la gilda de boquerón (también hay de anchoa y atún), y el pez limón con vinagreta de jengibre. En la carta figuraba el jurel, pero aquí apuestan por el producto fresco, por ello es habitual que haya cambios día a día. En este capítulo inicial también se recomienda probar la tabla de embutidos de mar, el salpicón de pulpo con mejillón y gambón, o las ostras Labelle #2.

Selección de platos, con el Mediterráneo como hilo conductor. Foto: Taberna Nardi.

Seguimos con los fríos, con dos exquisitos brioches que dan ganas de pedir más: el de anchoa con crème fraiche y el de tartar de atún Balfegó con salmorejo cordobés. Bien mediterráneo. Pero aquí también son tentadores el carpaccio de atún, la ensaladilla rusa con ventresca de atún o la murciana de tomate.

En Nardi los platos calientes pueden ser a la plancha, fritos o a la robata. En el primer sistema está uno de los puntos fuertes, los huevos rotos con gamba roja y chips de Raquel; junto con la zamburiña con tomate confitado, el calamar con kimchi y los mejillones bouchot con beurre blanc. Al calor de la robata probamos un correcto pincho moruno de merluza, donde hay espacio para verduras como la berenjena a la brasa o los puerros confitados. Y bajo el título de Me tienes frita, desfilan las croquetas (de gamba o de calamar), las rabas de calamar y el interesante escalope de aleta de raya. Pero si uno vino con hambre, a no perder de vista la carrillera de mar con parmentier de patata o el morro de bacalao con alubias.

El atún Balfegó es una de sus piezas más preciadas. Foto: Taberna Nardi.

Nardi abrió hace menos de un mes, y ya es un éxito de convocatoria, sobre todo entre los vecinos del barrio. Como los primeros pasos son de ensayo y error, nos anticiparon que apostarán cada vez más por las preparaciones fuera de carta y las sugerencias -que se decidirán según la pesca del día-. A tener en cuenta, porque seguramente de los platos que prueben mañana en un par de meses habrán cambiado unos cuantos.

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