El corte ferroviario Madrid-Andalucía afecta a 32.000 viajeros diarios tras dispararse el tráfico un 15%
El descarrilamiento del tren de Iryo en Adamuz interrumpe el servicio en un corredor que marca récords de tráfico, impulsado por el crecimiento de la operadora accidentada
Imagen de la zona del accidente ferroviario en Adamuz (Córdoba), que ha producido cortes en las líneas ferroviarias de Madrid con Andalucía. Joaquín Corchero / Europa Press
El descarrilamiento del tren Iryo a su paso por el término municipal de Adamuz (Córdoba) ha provocado el corte total de la principal vía de comunicación ferroviaria con el sur de España. Este incidente impacta en la infraestructura en el momento de mayor demanda de su historia reciente.
Según se desprende de los datos del tercer trimestre de 2025 publicados por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), la interrupción del servicio afecta a una media diaria de 32.597 viajeros. Esta cifra resulta de la suma del tráfico registrado en las dos líneas damnificadas por el siniestro.
Durante los meses de julio, agosto y septiembre, el Corredor Sur registró un volumen total de prácticamente tres millones de pasajeros. La línea Madrid-Málaga/Granada transportó a 1,65 millones de personas, mientras que el trayecto Madrid-Sevilla movió a 1,35 millones de usuarios en ese mismo periodo.
Ambas conexiones, que comparten el tramo accidentado en la provincia de Córdoba, han experimentado un crecimiento interanual notable. La ruta hacia Málaga creció un 17,7% respecto al año anterior, y la de Sevilla lo hizo un 13,2%. Este aumento del tráfico del 15% de media contrasta con el estancamiento de otros corredores como el Madrid-Barcelona.
Protagonismo de Iryo
Un factor relevante en este incremento de viajeros ha sido la expansión de Iryo, la operadora del tren siniestrado. Según el informe del regulador, esta compañía ha ganado cuota de mercado en los últimos meses, sumando 4 puntos porcentuales en la conexión con Málaga y Granada.
La presencia de tres operadores en la vía (Renfe, Iryo y Ouigo) ha dinamizado el sector, aumentando las frecuencias que transitan por el punto kilométrico de Adamuz. La ocupación de los trenes también refleja esta intensidad de uso: Iryo registró una ocupación del 80% en la línea de Málaga y del 84% en la de Sevilla durante el trimestre analizado.
Koldo García, asesor de una de las constructoras
El accidente ha puesto además el foco sobre el estado de la infraestructura que soporta esta carga de tráfico, ya que el descarrilamiento se produjo este domingo en el paso por las agujas del Puesto Intermedio de Banalización de Adamuz, un punto concreto de la red que había sido renovado recientemente.
Las obras de mejora en este tramo concluyeron en mayo de 2025, apenas 8 meses antes del accidente, en una actuación que consistió en la sustitución integral de los aparatos. El contrato para esta renovación, valorado en más de 22 millones de euros, fue ejecutado por una Unión Temporal de Empresas (UTE) compuesta por Ferrovial, Azvi, FCC y OHLA.
Esta adjudicación se resolvió sin apenas baja económica, ya que la UTE ofertó realizar la obra por el 99,7% del presupuesto base de licitación, una situación poco habitual en los concursos de obra pública.
Se da además el caso de que, durante la ejecución de las obras, Koldo García, exasesor del exministro José Luis Ábalos, detenido e investigado por su presunta implicación en una trama de comisiones ilegales, era también asesor de la sevillana Azvi.
Dudas sobre el estado de las vías
No obstante, no consta en las grabaciones del caso que las facturas investigadas guarden relación directa con la obra del tramo donde se ha producido el accidente. La investigación actual se centra en determinar las causas técnicas del descarrilamiento en una vía de reciente entrega.
En este sentido, existen precedentes de quejas sobre el estado de la línea. Sin ir más lejos, el sindicato de maquinistas (SEMAF) remitió escritos a la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria el pasado mes de agosto alertando de anomalías.
Los maquinistas denunciaron vibraciones y «botes» en la vía que afectaban al confort y la seguridad, llegando a solicitar una reducción de la velocidad comercial de 300 a 250 km/h, petición que no fue aplicada en ese momento.