Se extiende la falsificación de la PCR: “No voy a pagar más por el test que por el viaje”

Los más jóvenes piden al Gobierno que estas pruebas sean gratis para estar en igualdad de condiciones que los vacunados

Una mujer se somete a una prueba PCR para conocer si tiene coronavirus. EFE/Archivo

La juventud ha hablado, quiere viajar y además barato, de manera que no está dispuesta a pagar por una prueba PCR “más de lo que me ha costado el vuelo y el alojamiento” explica Antonio (nombre ficticio). Este estudiante de económicas, natural de Madrid, tiene 21 años y ha estado este año de erasmus en París. 

Cuando Francia abrió fronteras, él y sus amigos empezaron a viajar. “Allí las pruebas PCR son gratis”, recuerda, así que salir del país era bastante fácil. Pero no ocurría lo mismo al volver. “Nos fuimos tres amigos de viaje a Cracovia porque allí teníamos otro amigo de erasmus y cuando fuimos a preguntar cuanto costaba una prueba PCR, sorpresa, querían que pagáramos 180 euros”. 

Los tres se negaron, les tocaba desembolsar 540 euros cuando todo el viaje no les había costado ni 300, explica. Así que decidieron falsificar esta prueba. El que residía en Polonia tenía una guardada en el ordenador porque las había necesitado para poder viajar, así que cambiaron los datos.   

“Tan fácil como modificar en el PDF el nombre, apellido y fecha” comenta. “Nos arriesgábamos porque los tres usábamos el mismo documento, de la misma clínica, y ni si quiera tocamos el código QR”, añade.  

Al embarcar en Cracovia pasaron sin problemas, “lo miraron por encima”, detalla. Pero al llegar a París, llegaron los sustos. “El problema no fue el papel, que de nuevo, lo miraron por encima y pasamos sin problema. El verdadero problema era que había controles aleatorios”. 

Casualmente se lo hicieron a los tres y uno de ellos dio positivo. “Nos salvamos, si hubiéramos dado los tres, habrían sospechado del documento. Pero al ser solo uno, ni lo pensaron”. Así que mandaron de inmediato al amigo a hacer cuarentena a la residencia de estudiantes y a ellos les dijeron que se confinaran dos días.  

Pasados esos días, les llamaron, les hicieron de nuevo la prueba y como dieron negativo, volvieron a hacer su vida normal. Cuando llegó el momento de volver a Madrid, todo fue más sencillo. “No podía arriesgarme a volver a casa de mis padres contagiado y como en París es gratis, me hice la prueba durante una semana 3 veces, después volví”. 

El relato de este estudiante se asemeja bastante al de otros españoles consultados por Economía Digital, que ponen de manifiesto que los precios de las pruebas PCR son muy altos, y que el Gobierno debería tomar medidas, ya sea asumiendo una parte del precio o por completo.  

Actualmente, en Francia es totalmente gratuito y no hay límites. En Bélgica han empezado a regalar a todos los que no estén vacunados 2 PCR para poder viajar; y en Austria las hacen desde el coche y tampoco cuesta dinero. 

Control de temperatura a pasajeros a su llegada al aeropuerto de Madrid Barajas. /EFE

Así, María José, también madrileña, de 27 años, relata que por trabajo “tiene que viajar dos o tres veces al mes”, así que guarda en su ordenador “bastantes test de antígenos y PCR” que reconoce, ha modificado para poder viajar con sus amigas en los últimos dos meses, principalmente a Menorca.  

“Es fácil, solo tengo que cambiar la fecha”. En su opinión, hay bastante descontrol y la gente lo está aprovechando. En este sentido comenta que cuando le piden el documento al llegar y leen el código QR, automáticamente salta a la página web principal del centro biológico, “y si no tienes contraseña, que suele ser el caso, no puedes acceder a tu PCR”. Así que les vale con ver el documento “y que ponga negativo”. 

Su mensaje es claro, “somos los últimos en vacunarnos, pero probablemente los que más nos vamos a mover este verano. Tienen que ofrecernos alguna solución”. Una opinión que comparte Raúl, natural de Segovia. Él ya supera la treintena, pero se negaba a pagar “entre 85 y 120 euros por una PCR”. Y no solo él, sus siete amigos pensaron los mismo cuando hace un mes viajaron a Malta. 

«Pagamos 45 euros por el test de antígenos y ni nos lo pidieron»

“No lo pensamos mucho, sabíamos que otros amigos las estaban falsificando y lo hicimos”. Su caso era arriesgado porque utilizaron todos el mismo documento, aunque cambiando los datos personales de cada uno. 

En su caso, explica, contactaron con una amiga que “prácticamente se dedica a ello” y les echó una mano. «Enseñamos la prueba al embarcar y también a la llegada, pero lo miraron bastante rápido, sin detenerse”.  

El caso de Ana, de Toledo, es peculiar. La semana pasada se fue de viaje con cuatro amigas a Ibiza, salían desde Madrid y todas se hicieron un test de antígenos. Su documento, explica, ni si quiera tiene un QR. “Pagamos 45 euros cada una y no nos pidieron el papel ni en el aeropuerto de Madrid ni en el de Ibiza, no pienso volver a pagar”, señala.  

Desde que empezó la pandemia, en concreto, desde que se exige este tipo de pruebas para poder volar o acudir a un evento, la manipulación de estos documentos es muy habitual y no solo entre los más jóvenes.  

En estos meses ha habido casos muy mediáticos y polémicos, como el de los empresarios de Valencia, que presuntamente falsificaban las pruebas PCR para que sus empleados pudieran salir de España por trabajo y volar a terceros países.  

O incluso el del ex ministro de Sanidad, Salvador Illa. Aunque en su caso fue a la inversa. Un tuitero publicó una foto el pasado 11 de febrero de un papel que supuestamente indicaba que Illa había dado positivo en coronavirus.  

Actualmente se investiga si esta foto fue manipulada, es decir, si el tuitero falsificó la PCR para generar polémica ya que, en ese momento, Illa se encontraba en campaña electoral para las elecciones catalanas. Además, el laboratorio que aparece en la foto niega haber emitido ese informe.  

Todos estos relatos ponen en común que las pruebas PCR o de antígenos son fácilmente modificables, y desde luego, deberían existir otro tipo de mecanismos para comprobar su veracidad.

Asimismo, todos coinciden en que los precios son muy elevados y tanto los jóvenes, como los no tan jóvenes reclaman que sea el Gobierno quien asuma este coste mientras no estén vacunados. 

La mayoría no tendrá la pauta completa de vacunación hasta después del verano, y por lo tanto no podrán disfrutar del Certificado Digital Covid de la Unión Europea. Otros, ni si quiera esperan recibir la primera dosis en estos meses.  

Cristina Hidalgo