La industria amenaza con deslocalizaciones si no baja el recibo de la luz

El precio de la electricidad sitúa el coste de producir en España por encima de Alemania y Francia. Los precios de los bienes comenzarán a subir en los próximos meses si no se revierte la tendencia

La planta de Celsa en Castellbisbal (Barcelona).

Preocupa en los hogares, pero la subida del precio de la luz es un quebradero de cabeza incluso mayor para la industria. El gasto en luz es cada vez mayor en las fábricas españolas y en plena escalada de precios hubo compañías que ya tuvieron que recortar producción durante las horas en los que el MW era más caro. De momento aguantan, pero también advierten: de no revertirse la tendencia, en el primer semestre de 2022 comenzarán las deslocalizaciones.

El sector lamenta que la Unión Europea es hoy un destino lleno de costes para fabricar. Así lo avisa el director general de la Asociación de Empresas con Gran consumo de Energía (AEGE), Fernando Soto: “Quiero ser optimista, pero es cierto que ya asoma el fantasma de las deslocalizaciones para el primer trimestre si no se revierte esta situación”, explica en una conversación con Economía Digital.

Como ya sucedió hace décadas, la industria sopesa marcharse hacia destinos con menores costes; hacia lugares donde la legislación medioambiental sea más laxa que la europea. Irse sería la medida más drástica, pero hay plantas que ya trabajan menos horas, que para cuando la electricidad es más cara. “Cuando los precios son prohibitivos tienes que parar”, lamenta el dirigente patronal.

La voz de AEGE no es la única que advierte de la fuga. Esta misma semana, el presidente de Repsol, Antonio Brufau, se expresó en la misma línea. “Las empresas europeas pierden competitividad a nivel global y pueden tener la tentación de mudarse a países con normativas más laxas”, advirtió en la presentación de Open Room.

Para el dirigente, solo una acción coordinada con Asia y África evitará la deslocalización. “Hay que obligar a todas las regiones”, insistió. Y zanjó: “Los objetivos de consecución no van acompañados de la protección en frontera de la industria europea, que tiene que neutralizar el CO2 de los países que no siguen estos pasos. Y al tiempo deberían permitir que las empresas que seguimos normas estrictas sigan siendo competitivas”.

La industria electrointensiva es claramente la que más sufre los efectos de la escalada. Para Celsa, por ejemplo, la factura de la luz ha pasado de representar el 10% a ser el 25% de sus gastos. Para compañías ya tocadas por la pandemia –como es el caso de la siderúrgica catalana–, el incremento del recibo puede ser la puntilla para su viabilidad.

José Antonio Jainaga, presidente de Sidenor, también pone cifras a la subida de precios. El dirigente de la acerera vasca calcula que en el último trimestre el sobrecoste será de entre cuatro y cinco millones de euros cada mes. “La subida del gasto es de 50 millones de euros al año, un verdadero desastre”, lamentaba en declaraciones a El País.

Desde los coches hasta la leche, los consumidores notarán la subida de la energía

Aunque la subida de la luz no se tradujo todavía de forma masiva al coste de los productos, no tardará en hacerlo. Así lo advirtió la pasada semana Luca de Meo, presidente de Renault. “El precio de los coches va a subir por los chips y el alza de la energía”, advirtió.

La automoción es otro sector que sufre la subida, con la particularidad de que la escasez de microchips asesta una doble puñalada al negocio. La industria representa aproximadamente el 10% del PIB español y, en plena reconversión, perder competitividad frente a Alemania y Francia o los países del este puede implicar que no se asignen modelos eléctricos a la red de plantas del país.

Por ello, el presidente de la patronal de fabricantes Anfac, José Vicente de los Mozos, también mostró su preocupación por la subida de precios durante la pasada edición del salón Automobile en Barcelona.

No hace falta recurrir a productos con tanto valor añadido. Los ganaderos y los supermercados mantuvieron en verano un duro conflicto por el precio de la leche: los precios de referencia ya no servían por la subida de los costes energéticos. Al final, la guerra se saldó con la cadena de referencia, Mercadona, anunciando que aumentará unos tres céntimos el litro y no comercializará por debajo de 0,60 euros.

Podría no ser ni siquiera suficiente. “Aunque se trata de un paso positivo, no salvará a las explotaciones que ya venían de una situación precaria y que ahora mismo, con la brutal subida de los costes de producción, se encuentran en una situación de quiebra técnica”, lamentan desde la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA).

El Gobierno trata de reaccionar

Teresa Ribera aseguró que el Gobierno avanza en la adopción de medidas para amortiguar el impacto que el encarecimiento del gas y de la electricidad está teniendo en los consumidores. Asimismo, informó que el Ejecutivo español está pidiendo a la Comisión Europea cambios en la normativa.

España no es el único país que ha pedido en Bruselas que se adopten medidas sino que Grecia y Polonia también se sumaron a la iniciativa ante esta problemática.

De hecho, el coste de la luz en el mercado mayorista en el país alcanzará la semana pasada los 288,53 euros por megavatio hora (MWh). De esta forma, su precio se ha incrementado un 9,2% en apenas 24 horas hasta situarse como la segunda mayor marca de todos los tiempos.

Con los precios en escalada y las eléctricas tocando la puerta, la industria quedó decepcionada con el Real Decreto diseñado por el Gobierno: protege al consumidor pero se queda corta con la empresa, lamentan. Para empezar, exigen que se blinden los contratos firmados con las eléctricas antes de la crisis y que no se puedan cancelar una vez no son rentables para las comercializadoras.

A la espera de ver como se rediseña la subasta de las tecnologías no emisoras, AEGE también dispara a Bruselas. “El mercado eléctrico está penalizando el precio marginal por el impacto de los precios del gas natural y el precio de los derechos de emisión”, lamentan desde la organización. Sumado a la especulación con los derechos de emisión ETS, la tormenta está servida.

Carles Huguet