Coca-Cola, Heineken… El sector de la bebida augura un otoño gris por la inflación y los sobrecostes

Las distribuidoras preparan planes de contingencia para hacer frente a la subida de los precios de la energía

Refrescos de cola. ED

En los primeros meses del año se juntaron una serie de factores que catapultaron hasta lo más alto a las principales distribuidoras de bebida. Con las terrazas llenas, la recuperación del turismo y la necesidad generalizada de volver a la vida social, las empresas del sector recuperaron sus volúmenes de negocio después de cojear durante dos años por las constantes restricciones contra el covid. Estas impactaron durante mucho tiempo sobre la restauración, una de sus las mayores fuentes de ingresos.

Sin embargo, ha sido un sueño corto. Las productoras y embotelladoras de bebida empiezan a vaticinar un otoño y un final de año con crecimientos más moderados por la fuerte inflación y la lucha por mantener a raya los sobrecostes. Empresas como Coca-Cola Europacific Partners, la embotelladora europea del refresco de cola, o Heineken ya están tomando medidas estratégicas para hacer frente a la subida de costes, sobre todo aquellos vinculados con la energía.

La empresa presidida por la catalana Sol Daurella espera llegar a final de año con un crecimiento de su beneficio operativo de entre el 9 % y el 11% en comparación con el resultado de 2021 y con la voluntad de superar también el de 2019. Aun así, la compañía reconoce que se verá afectado por la volatilidad del mercado y es consciente de las “perspectivas más inciertas” una vez finalice el verano, su periodo de máximas ventas por el alto consumo de sus bebidas en bares y restaurantes. Según prevé el director financiero, Nik Jhangiani, en una reciente conferencia con analistas, su crecimiento en volumen “será menor en la segunda mitad” del año.

Eso sí, por ahora, Coca-Cola no ha detectado un cambio de comportamiento en el consumidor o en los patrones de compra que pueda impactar sus ventas. Comparten la misma opinión desde Heineken, que también espera un otoño menos beneficioso: su CFO, Harold van den Broek, augura una mejora “de estable a modesta” de su margen de beneficio por la persistente inflación, según relató en una conferencia con analistas.

Los costes de producción seguirán al alza

De hecho, si hay un factor tiene claro el sector de las bebidas, es que los costes de producción seguirán subiendo. Coca-Cola calcula que sus gastos aumentaran un 7,5% en comparación de 2021 en lo que queda del año, lo que significa un crecimiento de media décima respecto su predicción anterior. Atribuyen este incremento al impulso de los costes energéticos, que afectan a los proveedores de vidrio, y otras materias primas, como el aluminio. Este último ya ha bajado de su punto más alto, pero sigue por encima de valores observados en los últimos años. A estos costes, Heineken le añade el incremento en las tarifas del tráfico marítimo, lo que impacta en su capacidad de exportar mercancías. 

Para hacer frente a estos costes, desde Coca-Cola están barajando un aumento adicional de los precios para ayudar a compensar algunas de las presiones inflacionistas. Aun así, sus directivos aseguran ser “muy quirúrgicos” a la hora de modificar sus precios, además de reiterar que no traspasaran completamente el aumento de costes a los clientes. De esta forma, esperan continuar siendo competitivos, sobre todo en el consumo doméstico, dado que en los supermercados hay más variedad de refrescos y es más probable que el consumidor se decante por otros productos.

Además, la embotelladora ha fijado el coste del 55% de sus materias primas en el próximo año para todo el grupo y cerca del 60% dentro de Europa, con el fin de conseguir que no sean tan susceptibles a las fluctuaciones del mercado. En la lucha contra la inflación energética, la compañía de Daurella también ha desarrollado planes de contingencia en países como Alemania, muy dependiente del gas ruso. Todas sus plantas cuentan con calderas mixtas para poder tener fuentes de energía alternativas, mientras que, de cara a 2023, esperan poner la mirada en las fuentes de energía renovables. 

La cervecera holandesa también se ha puesto manos a la obra y ha invertido combustibles alternativos en todas sus cervecerías a lo largo de este año, además de acumular existencias de los recursos que se puedan almacenar. En referencia a su política de precios, también han compensado las presiones inflacionistas a través de fijaciones de precios de sus costes. 

A todo esto, ambas empresas se plantean escenarios pesimistas y asumen que la inflación seguirá subiendo en 2023. Desde la embotelladora del refresco americano, dan por hecho que los costes de materias primas y la energía continuaran presionando sus gastos de producción, pero calculan que tendrán un impacto menor que a lo largo de este 2022. Por su lado, Heineken cambiará sus líneas de acción a partir del año que viene y centrará sus esfuerces en conseguir un crecimiento orgánico de su beneficio operativo.

Coca-Cola triplicó sus beneficios en el primer semestre hasta los 675 millones de euros

Aun así, las dos compañías cuentan con un buen colchón para sustentar las consecuencias del contexto económico actual. Coca-Cola cerró el semestre con un beneficio neto de 675 millones de euros, el triple que en 2021, y unas ventas por valor de 8.280 millones de euros. Del total, 1.371 millones provienen de sus negocios en la región de Iberia, formada par España, Portugal y Andorra.

Por su lado, la cervecera presidida en España por Etienne Strijp aumentó sus ventas un 37%, hasta llegar a los 16.401 millones de euros en todo el mundo. El beneficio neto de la cervecera llegó a los 1.265 millones de euros, un 22% más que en 2021. En España, su volumen de negocio creció un 30%.