Frutos Secos Medina ejecuta un ERE tras clausurar su fábrica madrileña y llevarse la producción a Cataluña
El productor de frutos secos pone fin a seis décadas de actividad industrial en Móstoles, ejecuta un ajuste laboral que afecta a casi un centenar de empleados
Frutos secos variados. Foto: Denis Doukhan en Pixabay
El cierre de la fábrica de Frutos Secos Medina en Móstoles pone punto final a una etapa industrial de más de seis décadas en el municipio madrileño y se traduce en un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) que afecta a casi un centenar de trabajadores. La decisión, comunicada a la plantilla a finales del pasado mes de noviembre, responde al traslado definitivo de la actividad productiva a Reus (Tarragona), donde se concentran ahora las operaciones del grupo Borges, propietario de la compañía.
El ajuste laboral se ha formalizado tras un proceso de negociación entre la empresa y la representación legal de los trabajadores, que ha concluido con acuerdo. No obstante, desde el ámbito sindical y local se subraya que la salida de Frutos Secos Medina supone un nuevo golpe para el tejido industrial de Móstoles, que pierde otra de sus firmas emblemáticas.
El caso refleja una tendencia de reordenación productiva cada vez más habitual en la industria alimentaria, en la que los grupos empresariales optan por centralizar fábricas, reducir costes y concentrar la producción en polos industriales estratégicos, incluso a costa del cierre de instalaciones históricas.
Seis décadas de actividad industrial llegan a su fin en Móstoles
La planta de Frutos Secos Medina en Móstoles llevaba más de 60 años operando en el municipio, convirtiéndose en una referencia tanto para el sector agroalimentario como para el empleo local. Durante décadas, la fábrica fue un motor económico estable, generando puestos de trabajo directos e indirectos y manteniendo una actividad productiva ligada al procesamiento y envasado de frutos secos.
El cierre de la instalación supone la desaparición de una industria histórica, que había logrado sobrevivir a distintos ciclos económicos, cambios en los hábitos de consumo y transformaciones del sector. Para muchos trabajadores, la fábrica no solo representaba un empleo, sino una trayectoria profesional completa desarrollada en el mismo centro de trabajo.
Desde el sindicato CCOO subrayan que la salida de Frutos Secos Medina se suma a otras deslocalizaciones industriales previas en Móstoles, reforzando la sensación de pérdida progresiva de actividad productiva en el municipio. En este contexto, el cierre se interpreta no como un hecho aislado, sino como parte de un proceso más amplio de debilitamiento industrial.
La clausura fue comunicada oficialmente a la plantilla en noviembre, dando inicio a un periodo de incertidumbre para los trabajadores, que finalmente ha desembocado en la formalización del ERE por cese definitivo de la producción en la planta madrileña.
Un ERE pactado que afecta a cerca de un centenar de trabajadores
El Expediente de Regulación de Empleo ejecutado por Frutos Secos Medina incluye a 98 trabajadores, que eran los empleados activos en la planta de Móstoles en el momento del cierre. El procedimiento se ha desarrollado con acuerdo entre la dirección de la empresa y la representación sindical, lo que ha permitido fijar las condiciones de salida de la plantilla.
Aunque el consenso alcanzado ha evitado un conflicto laboral abierto, desde el sindicato advierten de que el impacto social del ERE es significativo, tanto por el número de personas afectadas como por la dificultad de recolocación en un entorno industrial cada vez más limitado.
La ejecución del ERE responde directamente al cese de la actividad productiva en Madrid, sin que se haya planteado un traslado de trabajadores a la nueva ubicación en Cataluña. El traslado de la producción implica una ruptura total con el centro de Móstoles y la desaparición del empleo vinculado a la fábrica.
Desde el ámbito sindical se insiste en que, pese al acuerdo, el proceso deja un balance negativo para el municipio y para el empleo industrial, al tratarse de puestos de trabajo estables y especializados, difíciles de sustituir por nuevas actividades productivas a corto plazo.
La concentración de la producción en Reus y la estrategia del grupo Borges
La decisión de trasladar la producción a Reus (Tarragona) responde a la estrategia del grupo Borges, que controla Frutos Secos Medina desde hace algunos años. La localidad catalana alberga la matriz del grupo y se ha consolidado como el principal polo industrial y logístico de la compañía.
Desde una perspectiva empresarial, la centralización de la actividad permite optimizar procesos, reducir duplicidades y mejorar la eficiencia operativa, integrando la producción bajo una misma estructura industrial. Este tipo de movimientos es habitual en grandes grupos alimentarios que buscan reforzar su competitividad en mercados cada vez más exigentes.
Sin embargo, este enfoque tiene un coste territorial evidente, ya que implica el cierre de plantas periféricas que, aunque operativas, dejan de encajar en la nueva organización productiva del grupo. En el caso de Móstoles, la fábrica ha quedado fuera del mapa industrial de la compañía pese a su larga trayectoria.
El traslado a Cataluña refuerza el peso industrial de Reus dentro del grupo Borges, pero deja tras de sí un vacío industrial en Madrid, especialmente relevante por tratarse de una empresa con profundas raíces locales.
Un nuevo golpe al tejido industrial del municipio
Desde la Unión Comarcal Oeste de CCOO Madrid se ha lamentado que el cierre de Frutos Secos Medina suponga otra pérdida industrial para Móstoles, que se suma a la salida previa de otras empresas históricas como Lledó o Moinsa. El sindicato apunta a una falta de apoyo institucional sostenido como uno de los factores que explican este goteo de cierres.
La desaparición de estas industrias no solo afecta al empleo directo, sino también al ecosistema económico local, que pierde proveedores, actividad logística y capacidad de atracción para nuevas inversiones productivas.
El cierre de Frutos Secos Medina reabre el debate sobre la necesidad de políticas activas de reindustrialización, especialmente en municipios del cinturón industrial madrileño que han visto cómo su tejido productivo se ha ido debilitando con el paso de los años.
Mientras tanto, los trabajadores afectados afrontan ahora un proceso de transición laboral marcado por la incertidumbre, en un contexto en el que la industria alimentaria sigue reordenándose y concentrándose en menos centros productivos, con consecuencias desiguales para los territorios implicados.