El dinero que no volvió: por qué el capital venezolano ha hecho de Madrid su casa definitiva
El capital venezolano consolida Madrid como base residencial y plataforma de inversión, mientras se diluye el relato del retorno
El centro de Madrid
Durante más de una década, Madrid ha sido para miles de venezolanos algo más que un refugio temporal. Lo que comenzó como una estrategia defensiva para proteger el patrimonio frente al deterioro político y económico de Venezuela se ha transformado, con el paso del tiempo, en una decisión estructural: vivir, invertir y desarrollar negocio desde la capital española.
El capital venezolano no solo no ha vuelto, sino que ha echado raíces profundas en el mercado inmobiliario madrileño, especialmente en el segmento de lujo, donde su huella es muy visible.
El relato simplificado —el del inversor extranjero que llega, compra y se marcha— ya no encaja con la realidad. «No existe una percepción de retorno definitivo a corto o medio plazo», afirma Jesús Alonso, director de marketing de Diza Consultores.
La comunidad venezolana que apostó por vivienda prime en zonas como el barrio de Salamanca o Chamberí «está hoy plenamente asentada». En lugar de una retirada ordenada del capital, lo que se observa es un modelo de doble arraigo: Madrid como base residencial y patrimonial, y Venezuela como un país con el que se reactivan progresivamente vínculos económicos y empresariales.

Ese matiz es fundamental para entender el momento actual. Un posible cambio de escenario político en Venezuela podría ser positivo desde el punto de vista económico, pero no implica una desinversión en España. Al contrario. «No hablamos tanto de un retorno de capitales como de una ampliación de las relaciones económicas«, explica Alonso.
En ese contexto, Madrid refuerza su papel como plataforma desde la que canalizar inversiones venezolanas procedentes de otras grandes capitales internacionales, como Miami, y también de nuevas fortunas que puedan surgir ligadas al desarrollo del sector energético y petrolero.
Desde el punto de vista inmobiliario, la influencia venezolana ha sido especialmente relevante por una razón poco habitual: su temprana vocación promotora. Antonio de la Fuente, director de Living en Colliers, recuerda que fueron precisamente inversores venezolanos quienes detectaron antes que nadie una carencia estructural del mercado madrileño.
«Los primeros que identificaron Madrid como una ciudad idónea para desarrollar producto inmobiliario excepcional fueron los venezolanos. No había el tipo de vivienda que ellos necesitaban», explica.
Ese diagnóstico llevó a una estrategia más arriesgada de lo que suele asociarse al capital que busca refugio. No se limitaron a comprar vivienda terminada; promovieron desde cero.
«Desde el primer momento fueron compradores y promotores de viviendas. Algunas de las primeras promociones de lujo high-end en Madrid fueron impulsadas por venezolanos», señala De la Fuente. El comprador final llegaba de la mano de estos promotores, atraído por un producto inexistente hasta entonces y por la percepción de valor refugio.
El impacto fue inmediato. La concentración inicial de operaciones en el barrio de Salamanca provocó una escalada de precios que terminó extendiéndose a otras zonas, en lo que el sector describe como un efecto «mancha de aceite».
Hoy, Madrid cuenta con un número creciente de enclaves donde el lujo residencial es protagonista, algo que hace quince años era impensable fuera de unas pocas calles muy concretas.
Pero el perfil del inversor venezolano también ha evolucionado. Muchos de los que llegaron a España hace una década son hoy residentes de largo plazo o ciudadanos con pasaporte español.
Ese arraigo se traduce en un cambio de hábitos. «Algunos compradores venezolanos y sudamericanos están empezando a adoptar costumbres más españolas, como irse a vivir a las afueras«, explica De la Fuente. Paralelamente, una parte del capital ha virado hacia activos con mayor componente de rentabilidad, explorando oportunidades más allá de la vivienda prime estricta.

Este proceso coincide con un entorno internacional que juega a favor de Madrid. El encarecimiento de mercados tradicionalmente preferidos por el capital latinoamericano, como Miami, ha reforzado el atractivo de la capital española.
«Hace tiempo que Miami se había convertido en una ciudad muy cara y Madrid empezó a verse como una alternativa más razonable en calidad de vida y precio», apunta el directivo de Colliers. A ello se suma la presión compradora de fondos canadienses, asiáticos y norteamericanos que buscan exposición en Europa, elevando la competencia en todos los segmentos.
Pese a la atención mediática, el peso del comprador venezolano en el conjunto del mercado residencial madrileño sigue siendo reducido. Su relevancia se concentra en el segmento de lujo, donde el comprador extranjero puede representar en torno al 50% de las operaciones.
«Es una tarta pequeña, pero con un volumen muy grande», resume De la Fuente. No en vano, Colliers prevé que el residencial de súper lujo en Madrid supere los 30.000 euros por metro cuadrado antes incluso de 2030.
Este punto resulta clave para contextualizar el debate público sobre vivienda. El capital venezolano opera en nichos muy específicos y no explica, por sí solo, el encarecimiento generalizado del mercado. La falta de oferta, el crecimiento de la demanda urbana y las condiciones estructurales del sector tienen un peso muy superior al de cualquier colectivo inversor concreto.
Mirando hacia adelante, el consenso entre los expertos es claro: no se espera una nueva oleada de salida de capital desde Venezuela. «Quien ha podido salir ya ha salido«, afirma De la Fuente. La recuperación económica del país, incluso en un escenario político más favorable, requerirá años y un esfuerzo inversor enorme. Mientras tanto, Madrid seguirá siendo la base principal de ese capital.
Los venezolanos «no son culpables de la subida de precios»
En este contexto, conviene matizar una de las narrativas más recurrentes en el debate público. Como apunta el analista inmobiliario Roberto Vicente Babiano, responsable de Formación de la Asociación de Gestoras de Viviendas (AGV), no existe evidencia sólida que vincule de forma directa a la inversión venezolana con la crisis general de acceso a la vivienda en España.
Aunque más de 400.000 venezolanos residen en el país —más de 210.000 en la Comunidad de Madrid—, la gran mayoría no actúa como gran inversor, sino como hogares que trabajan, estudian y participan en el mercado residencial convencional.
Los datos del mercado refuerzan esa lectura. Según cifras de registradores y notarios citadas por Vicente, los compradores extranjeros representaron en torno al 14% de las compraventas en 2024 y cerca del 19% en la primera mitad de 2025, con británicos, alemanes y marroquíes liderando la actividad.

La inversión venezolana, aunque visible en el segmento de vivienda de lujo y rehabilitación prime, se concentra en un nicho reducido y tiene un impacto limitado sobre el conjunto del mercado, muy por debajo de factores estructurales como la escasez de oferta, la presión demográfica o las rigideces urbanísticas.
«El venezolano es una pata más del inversor internacional centrado en España», concluye el directivo de Colliers. Y como resume Jesús Alonso, Madrid no es ya un destino provisional, sino «la base natural» desde la que pensar el futuro. El dinero que no volvió no se quedó quieto: se integró, se profesionalizó y pasó a formar parte estructural del ecosistema económico de la ciudad.